Estudios de Torá 11 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 2
Sobre este episodio
EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 2 Por Fiedrich Weinreb Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/18/estudios-de-tora-11/ Segundo Capítulo. 1 de Nisán y 1 de “Tishri” Paralelas con el mes opuesto: Pascua y Sukot La estructura del ser humano y del universo en el mishkán o tabernáculo Un techo permeable al cielo Hoshana Raba, el séptimo día de Sukot Lulav y Etrog El paso por el mar El cambio de la luna Luna nueva y renovación El día 50 después de Pascua La palabra divina como fuego ardiente El becerro de oro La devastación del Templo He comenzado por contarles algo del calendario, de explicar cómo se ha llegado a fijar ciertas fechas y lo que estas fechas quieren decirnos. Ante todo, he intentado señalar que siempre debemos tener en mente que no hay únicamente un comienzo, sino que siempre existen dos lados. Es decir, es del todo normal que algo muestre una dualidad, y es del todo anormal –es decir incompleto, parcial, no reflejando la realidad– si solo se ve un lado y nada más. Recordarán la puerta que muestra los dos lados. Quiero ahora cerrar estas palabras preliminares y fijar algunos puntos en este ciclo, con los cuales nos vamos a ocupar más en detalle. Comencemos pues con el mes de Nisán, es decir, el séptimo mes –y también el primero–. Y con ““Tishri””, el primer mes –y también el séptimo–. Irremediablemente hay dos puntos de vista: qué es el primer mes, y qué es el séptimo. Debemos acostumbrarnos a las confrontaciones. No hay contradicción y tampoco es que una opinión sea la correcta y la otra sea equivocada. Solo demuestra que estamos tratando con un mundo en el que varias cosas son posibles a la vez. Y de hecho no son “varias cosas”. Para nosotros, todo se expresa como una dualidad, de la misma forma que el bien y el mal se presentan como opuestos y deben ser tratados como opuestos. No se puede decir: “no pasa nada, lo malo es bueno”. No. Lo malo es malo y como tal debe ser rechazado. Aunque, debemos ser conscientes de que esa maldad contiene un secreto y de que tiene un sentido. Sin la maldad el mundo no podría existir. Es un componente vital del conjunto. Y solo nos enfrentaremos a ese componente de forma correcta, si siempre señalamos y decimos: “estoy en contra” etc. Es decir, lo malo debe ser rechazado decididamente, siempre. No es correcto decir que también es bueno, que tiene una finalidad buena. No se puede decir eso. Porque demostraríamos no haber comprendido nada. Debemos rechazar, con total convencimiento, la maldad como maldad y el pecado como pecado. No podemos decir: “habrá algo de bueno en ello”, porque entonces dejaría de ser opuesto al bien. Muchas veces filosofamos, por ejemplo: “Estoy por encima de las cosas. El bien y el mal son una unidad, de la misma forma que la vida y la muerte son una unidad. Lo veo con toda claridad”. Entonces demuestras que no has comprendido ni la maldad ni la muerte. Debe irritarte de tal forma, ir de tal forma en contra de tus principios que, simplemente, no puedas aceptarla. Es decir, tampoco andamos solo con una pierna, vivimos en la dualidad. Si nos encontramos con algo malo, debemos aguantarlo y sufrirlo, eventualmente simpatizar, pero nunca debemos decir que “estamos por encima, lo he comprendido bien”. Porque, y me repito, justamente entonces no habremos comprendido nada. Por eso se han mantenido muchas afirmaciones totalmente opuestas en la tradición. Uno dice que se trata del mes de Nisán, otro, del mes de “Tishri”. Los dos tienen razón. Si una de las opiniones no fuese correcta, hubiese sido erradicada seguramente en una nueva edición del libro. Hubiese quedado anticuada y la filosofía hubiese demostrado que no tenía lugar. Pero mientras no haya sido revisada ni borrada –en los últimos miles de años– la maldad es una realidad que debemos reconocer. Debemos reconocer que aquí es un misterio, pero que ciertamente en otro lugar tiene su sentido. Aquí suscita oposición, repugnancia y rechazo. Pero no significa que una opinión sea mejor que la otra. Debemos acostumbrarnos y aprender cómo se expresa la dualidad. Les he dicho ya que Nisán es considerado como el primer mes. El primero de Nisán es, por tanto, siguiendo una de las opiniones, el momento de la creación del ser humano. Si seguimos la opinión oficial, la creación del ser humano tiene lugar en el primer día de “Tishri”. Y a pesar de todo, el ser humano es creado también el 1 de Nisán. Y comparando sus contenidos, verán las diferencias que llenan el mes de Nisán y el de “Tishri”. Espero que entonces comprendan lo que pasa aquí. Los dos meses son un comienzo, pero tienen algo que al mismo tiempo está en oposición. Y repito: es así en todo lugar. Si oyen hablar del mabul, sabrán que comienza el 17 del segundo mes. Entonces habrá alguien que diga Iyar, y el otro Jeshván, seis meses después. Los dos tienen razón, y las dos opiniones son siempre mencionadas de nuevo y son corrientes. Si se tratara de un error, hubiese sido borrado y eliminado hace tiempo. Y que las dos opiniones sean consideradas correctas no significa que no se supiera cuando era de verdad. Todo lo contrario, significa que seguimos percibiendo cómo es en realidad. Recordarán quizás que hace tiempo, hemos hablado de los órganos del ser humano, en el sentido de que también el corazón muestra esas mismas propiedades. El corazón es el órgano que puede percibir los dos lados. No es el corazón receptor de medicamentos fortificantes, más bien, el corazón del ser humano que lo siente. No comprendo cómo –y me duele tal duda–. Mi corazón me duele de tal posibilidad. Pero obviamente hay algo en otra realidad, donde están los dos lados. Así se cuenta que el primer día del primer mes –que está enfrente del primer día del mes de “Tishri”, la creación del ser humano– se levanta el “mishkán” (Éxodo 40,2). Podría decirse que ese levantamiento del “mishkán” es idéntico a la creación del ser humano. Es una línea paralela. Aquel que dice que el ser humano vino el primer día del primer mes, descubre allí ese “mishkán”, ese tabernáculo; y el otro que dice que el ser humano vino el primer día del séptimo mes, se encuentra también con ese “mishkán” enfrente, en la otra mitad. Al mismo tiempo quisiera señalar, que el 15 de Nisán es la fiesta de Pascua, mientras que el 15 de “Tishri” es la fiesta de Sukot. Otra coincidencia. Es verdad que no es lo mismo, pero ¡qué extraño que esté aquí y allá! Me estoy deteniendo tanto tiempo en estos puntos porque quisiera acostumbrarles a reconocer las cosas en su dualidad. Todo lo que aquí es verdaderamente importante, se expresa en una dualidad. No en un solo hecho. De la misma forma que el ser humano siempre piensa: tengo que tener un amigo, o un hombre debe tener una mujer o viceversa. O también, la injusticia debe convertirse en justicia. Sentimos que no puede ser un lado, solo el conjunto es algo correcto. Aquí pues estoy desvelando algo; y con toda intención, lo estoy presentando como “hechos de la vida”. Tengan cuidado, aquí hay conexiones. Sabrán que el 10 de Nisán el cordero debe estar preparado para acogerlo el día 15. He indicado ya anteriormente que esos 10 días, del 1 al 10, están enfrente de los 5 días. Son los conocidos 10-5, las dos primeras letras del nombre del Señor. Y que esos 10 y 5 días van juntos. Y en el séptimo mes, comienzo del año, el primer día es la creación del ser humano y el día 10 es “Yom Kipur” 10-6-40 20-80-200, día del perdón, del regreso. Veremos que el contenido es idéntico, paralelo, en los dos lados del ciclo. El cordero es preparado el día 10 para cumplir su destino el día 15. Y el 10 de “Tishri” es costumbre, finalizado Yom Kipur, que se comience con la construcción de la suká60-20-5 (cabaña), que se usará a partir del día 15.¡Es casi imposible pasar por alto semejantes coincidencias! Pero, de hecho, no se ven. Aunque, para quien quiera verlas, hay paralelismos que son llamativos. El primero con el día 1, el segunda con el día 10, el tercero con el día 15. La Pascua tiene una duración de 7 días. Y lo significativo es que después de los 7 días de Sukot viene un octavo día que tiene un nombre especial: “Shemini atséret”, que significa: “el octavo”. Aquí hay algo que no hay en Pascua, pues Pascua termina después de 7 días. Esos 7 días de Pascua contienen por supuesto el patrón de los 7 días de este mundo aquí. El primer día es la salida de “Mizraim” y el séptimo día el paso por el mar, que se divide. Y en el octavo día de la Pascua bíblica, se está en la otra orilla y se está mirando al otro mundo. Se está viendo entonces a este mundo, desde el otro lado. Por eso, en Éxodo 15, la conocida canción de Moisés comienza con la palabra “as” 1-7, significa: 1+7=8. Tenemos un octavo, a pesar de todo. Y los comentarios señalan que ese octavo es el cántico de Moisés, en la orilla de allá. Sabrán que “canción” significa que hay una regla fija, que ya no se trata de algo que pueda decirse de esta o de aquella forma. Shir300-10-200, significa “canción”, regla. Es así y no de otra forma. Una canción, pues, significa un final: así es, después de las muchas posibilidades que se daban. El comentario dice que “as yashir Moshé”, “entonces Moisés cantó”, aunque podría traducirse mejor como “entonces Moisés cantará”. Porque ocurrirá en el octavo día. Entonces estaremos en el otro mundo y lo veremos. En el octavo día de la fiesta de “Sukot”, se sale del mundo de “suká”, de la cabaña. La hemos incorporado, por así decir, y ahora entramos en otro mundo. Hasta el día de hoy se ha mantenido la costumbre de terminar en ese octavo día el ciclo de la Torá (del Pentateuco), y de comenzar de nuevo en el principio. Se dice la última parte del Deuteronomio más la primera de Génesis. Se anudan entre sí, porque forman una unidad. El ciclo terminó y comienza de nuevo. Ese paso por el mar –sabrán que el mar es el tiempo, el tiempo que de pronto se detiene, que deja de correr, que se convierte en algo sólido– es algo imposible de asumir, que somos incapaces de imaginar. Se está entonces en el otro lado y se ha pasado mucho miedo. Se ve a todo ese mundo viejo que quiere seguir, pero que no puede. Es también el momento del nacimiento, en que el cordón umbilical se corta. Es la llegada al otro lado. Cuando sucede es costumbre leer esas palabras, porque tienen relación con el octavo día. Es la demostración de que se sabe qué pasa en el nacimiento al soltar el niño del cordón umbilical. Sin embargo, el conocimiento de esas conexiones ha ido perdiéndose sucesivamente. Hoy en día hacemos muchas cosas solo porque tenemos la costumbre de hacerlas. Pensamos que debe ser así; igual que muchos gestos que hacemos sin pensar, como mover los hombros, fruncir las cejas, etc., los hacemos de forma inconsciente, sin pensar lo que podría significar tal gesto o tal comportamiento en la vida. Por otra parte, seguramente hacemos también muchas cosas en la vida diaria que sí tienen que ver con lo esencial. Hemos visto que hay un paralelismo muy claro entre el primero y el séptimo mes. Lo que aquí es la creación del ser humano, allí es el levantamiento del tabernáculo. Creo que he contado ya que en el levantamiento del tabernáculo se comunica la estructura del universo. La creación, el mundo, se expresa así en aquello que llamamos “objetos de uso común”. Todos nuestros objetos tienen su forma y su función, porque son la expresión de ese otro, en el aquí. En ningún caso son insignificantes. Tienen la misma importancia que la vía láctea y otras cosas en el universo. Todo tiene su lugar y su conexión. Si un objeto de uso no fuese nada más que eso, nos pondríamos enfermos. Pero, es más. Es la expresión de lo otro, aquí. Por eso está escrito con énfasis que la casa se arreglará según tu imagen, literalmente, con una mesa, una luz, un lugar de entrada y un lugar donde no debes seguir, un armario, un techo etc. Es ordenada igual que tu casa, todos esos objetos existen allí. De la misma forma, el tabernáculo contiene la estructura del universo. Y también puede decirse que el tabernáculo, además de la estructura del universo, expresa también la estructura del ser humano. Ya hemos visto en otra ocasión, que la estructura del ser humano en la sabiduría antigua, está relacionada con la estructura del universo. No se trata de dos cosas diferentes, sino que existe estrecha relación entre ellas. Si investigamos de forma lógica no encontramos ninguna relación entre una y otra cosa. Ni se parecen. Sería absurdo pretender que nuestros riñones tengan algo que ver con un trozo de la cortina en el tabernáculo. Es imposible, no puede ser. Analizando el asunto según la ciencia o la biología, debe constatarse que es una solemne tontería. Sin embargo, el sentido es otro. La relación existe por otro camino. Los riñones, por quedarme con ese ejemplo, se encuentran dentro del cuerpo humano. ¿Por qué tienen esa forma y están justamente en ese lugar? La contestación es: por utilidad, de no estar allí, no funcionarían. ¿Pero por qué se ha creado al ser humano de tal forma que tenga que funcionar así y que los riñones tengan que estar allí? Son preguntas que podemos formular siempre, hasta el infinito. No hay contestación, y de una pregunta nace otra. Por eso se dice: si estás contemplando únicamente la superficie, solo habrá preguntas. Es igual que la caza de Esaú, que nunca tendrá fin porque nunca podrá cazar al animal definitivo. Pero si comenzaras a escuchar, si dejaras que funcionaran tus órganos de los sentidos y tu propia mente –antes de juzgar– entonces te darías cuenta de cuál es la relación. Debes mirar en primer lugar, y no decir: debo comprenderlo por mí mismo. Se muestra pues la relación: El ser humano tiene la misma estructura que el tabernáculo, que está descrito con sus medidas exactas: de eso tanto y de ese otro, tanto. La tradición sabe que el asunto con esas medidas va mucho más allá. De cada cosa dice: está aquí, a tanta distancia de este objeto y a tanta de este otro. Todo tiene su lugar bien determinado. Son las medidas del mundo, del universo, del ser humano. El tabernáculo es llamado “mishkán” 40-300-20-50, que significa “habitación”, “residencia”. Es la “residencia” que está también en la palabra “Shekhiná” 300-20-10-50-5. Decimos entonces: “Dios reside allí”; y es bastante cómodo porque con ello finiquitamos el asunto y podemos dejar de preocuparnos. Dios queda de nuevo un trocito más lejos. Pero el “mishkán” es también el ser humano. Significa que Dios habita en el ser humano. Y el “mishkán”, al mismo tiempo, es la creación, es el universo. Significa que Dios también habita allí. No se trata de un lugar que existió alguna vez, pero hoy ya no, como para decir: Dios ya no vive allí. No, es el ser humano y es el mundo. La noción “mishkán” designa pues mucho más que un edificio. Verán que la llegada del ser humano en el primer día y la construcción del “mishkán”, tienen certera relación. El 1 de Nisán, fecha del levantamiento del “mishkán”, es también el día en que los 12 príncipes, uno de cada tribu, entregan sus regalos. Se cuenta en Números 7,3. El primer príncipe entrega el regalo, el segundo, etc. En ese día pues, algo es entregado. – Algo viene, también se dan las medidas del regalo; aunque podría decirse al leer el texto: ¡qué aburrido! Porque todos dan lo mismo, y siempre de nuevo se cuenta desde el principio hasta el fin. (Números 7,3-88). Debemos darnos cuenta de que algo especial está sucediendo aquí. Esa repetición, en diferentes momentos, mientras que se da siempre lo mismo, muestra algo muy especial. Así, el primer día de Nisán es el día en que se comienza a entregar regalos. Se dice también que es el día del nacimiento de los tres patriarcas. También hay otras opiniones que están en oposición, pero van juntas. Si hubieran nacido en un día, cabría preguntarse qué ha sido de ese otro día. Y, por cierto, se van también en ese día. El 1 de Nisán cierra el círculo. Verán que, en ese comienzo, el 1 de Nisán, pasan diferentes cosas. Siguen los 10 primeros días de Nisán, y el día 10, aparece de pronto ese cordero, ese sé300-5. (Éxodo 12,3). Enfrente, el 10 de “Tishri” nos dice, que ha llegado el momento de abandonar este mundo y de adentrarse en otro. El Yom Kipur es un día en que no hay ningún encuentro con el mundo. No se conoce este mundo. Nos sustraemos y somos sustraídos del mundo. Es casi como la muerte. Sucede el 10 de “Tishri”. Enfrente de esa salida, aparece el cordero. Sin duda debe de existir una relación entre esos dos sucesos. ¿Qué es ese cordero? Se cuenta que al terminar el día del “Yom Kipur” (día del perdón), se comienza a preparar algo. Se comienza la construcción de la “suká”, de la cabaña. Esta construcción dura 5 días. Son los 5 días durante los cuales el cordero espera. En uno de los relatos, en ese día 15, sucede una ruptura enorme. Se sale de un mundo, el mundo de “Mizraim” (Egipto) 40-90-200-10-40, del mundo de la dualidad. Y no precisamente por gusto, es más bien una expulsión, es como un nacimiento. De hecho, todo se opone, todo se intenta bloquear; pero se muestra la sangre del cordero, la sangre de la circuncisión. Esa sangre es una señal allí, donde se sale de “Mizraim”. En uno de los mundos, el de “Tishri”, se sale de la casa y se entra en la suká que tiene un techo, pero que, en verdad, no es un techo cualquiera. Se caracteriza de la siguiente manera: es un techo que se construye como conclusión, pero a través de él, el cielo queda visible. No es el techo conocido que separa, no es una frontera entre el tiempo y el espacio que no pueda superarse o atravesarse; no es un límite a nuestra vida de aquí. Decimos que el techo de la “suká” no tiene esos límites. Es transparente. La definición de una suká es que el ser humano sea capaz de ver las estrellas del cielo; es decir, es una casa que tiene otra dimensión, deja que se vea el cielo. Existe una abertura hacia arriba. La limitación se rompe. Es decir, se sale de una casa y se entra en otra. ¿A dónde? Podríamos decir que el desierto es el camino que lleva al mar. Es la salida de “Mizraim” (Egipto – lo estrecho), que dura siete días, y se anda siempre con el sentimiento: “¿Qué será de este camino? Mizraim (Egipto – la dualidad) intenta alcanzarnos. ¿Cómo terminará todo?” También estamos siete días en la “suká”, esperando acontecimientos. ¿Es la casa en que nos encontramos ahora, ya el final? Hasta hoy se repite en la tradición: “Aquel que es misericordioso, levantará para nosotros la “suká” caída de David”. Y se preguntarán: ¿dónde hay una suká caída de David? Pero sentirán que esta suká es algo diferente. Parece que es una especie de casa de David en el mundo y la hemos perdido. Y durante esos siete días, pedimos constantemente por ella. Aquí hay un conocimiento del camino a seguir. Y, de hecho, se avanza. Porque en este séptimo día, desde una perspectiva humana, ocurre una catástrofe enorme. En el mes de Nisán, en el séptimo día de Pascua, se ve de pronto que no hay escapatoria. Está plasmado así: de un lado el mar, el tiempo, donde podrías ahogarte o perderte, y del otro lado viene “Mizraim” al asalto, para capturarte y matarte. Estás desesperado, fuera de ti, porque no hay salida. Estás encerrado. Lo característico es que ese séptimo día de Sukot tiene un nombre particular: “Hoshana Raba” 5-6-300-70-50-1 y 200-2-5. En las letras 5-300-70 reconocerán la noción “hosha”, o “hoshe”, de “Yeh’shúa”, que significa: El Señor es ayuda. “Na” 50-1 es “por favor, te ruego”. Es pues el significado de “Hoshana”, la llamada del ser humano en este séptimo día, en esta realidad: “¡Ayuda, por favor!”. Porque, de hecho, está perdido, y nunca sabe qué hacer. Eso no vale y aquello tampoco. Nunca nada vale. Siempre aprieta el zapato en algún lugar. En este séptimo día tenemos constantemente la sensación: “necesito ayuda”. Aquello de que apriete el zapato, aparece en la Creación de la naturaleza, de Schopenhauer. Y de hecho es así. El ser humano busca el error en el zapato que aprieta, sabiendo en su interior, que el mal no quedaría resuelto y por ello está siempre insatisfecho. Esta insatisfacción es la característica del “sacerdote” en el ser humano. Está siempre inquieto porque siente que las cosas no están bien tal cual son. Los seres humanos que no comprenden eso, dicen: ¡Tienes todo lo que necesitas! ¡Y de nuevo esa cara amargada! Sí, felizmente tiene esa cara amargada. Existe algo que le empuja y que no deja que encuentre satisfacción en las cosas concretas. Verdaderamente es la señal de este séptimo día: que nunca podamos estar contentos, siempre queremos más y diferente. ¿No quieres ir a ese otro país, a ese país prometido? Seguramente quieres ir a otra parte, donde las cosas no tengan esa dualidad, esto o aquello, y donde tampoco estén constantemente en oposición. La palabra “raba” significa “mucho”, “Hoshana Raba” es pues la llamada constante, fuerte y poderosa: “¡Ayuda, por favor!”. No son las palabras en sí, es la emoción del ser humano que se expresa así. Solo no puede seguir, todo está en su contra. Ese constante apremio es “Hoshana Raba”. La costumbre entonces es juntar cuatro elementos, tres, con un cuarto. El primer elemento es traducido como “lulav” 30-6-30-2 “hoja de palma”. Luego se habla de un mirto y, finalmente, de un árbol que crece en el agua, de un sauce, como diríamos hoy en día. Esos tres elementos se tienen en la mano derecha; mientras en la mano izquierda se tiene una sola cosa: un fruto, del que se dice que, en realidad, es la expresión del fruto que el ser humano dejó de lado cuando tomó el camino del conocimiento. De manera que hoy nos falta aquel fruto que podría dar respuesta a todo. Si tú, ser humano, con tu intelecto tan increíblemente agudo no hubieras querido saber a toda costa, ese fruto te hubiera caído encima, sin esfuerzo. Es decir, tenemos en nuestra mano derecha los tres elementos mencionados y en la mano izquierda, ese fruto. Y el sentido de todo es que ese fruto en la mano izquierda se junte con los otros tres elementos, convirtiéndose en una realidad. Ante todo, sin embargo, debe ser un acto consciente, en el sentido de que suceda también en la realidad. En la realidad, en mi vida, he juntado los tres elementos en mi mano derecha en una unidad. Aquel que está más a la derecha de los tres, aquel que llamamos mirto –que también consta de tres partes– aquel que está en medio llamado palmera, es decir, la palmera de dátiles, la séptima de las siete maneras de crecimiento (Deuteronomio 8,8), junto con aquello que está a la izquierda, es decir, las dos ramas del árbol del agua, del sauce. Ahora, si acercamos el fruto en la mano izquierda a las ramas del sauce, tenemos entonces tres ramas de mirto, una hoja de palmera grande, dividida y dos ramas de sauce. Es decir, 3 + 2 + 1 = 6, y añadimos ese séptimo elemento, el fruto. Es el séptimo que completa el seis. Los 6 se unen con el séptimo día. De entre las seis ramas en la mano derecha, las ramas del sauce están más a la izquierda. Y es con ellas con las que se une el fruto llamado “etrog” 1-400-200-6-3 (610). Los cuatro elementos forman así la unidad. En estos siete días, por tanto, los cuatro hacen unidad y el tres se une con el cuatro. Pero en ese séptimo día sucede también algo tremendo: se toman esas dos ramas de sauce y se añaden otras tres, de manera que se tengan cinco. Estas cinco ramas son machacadas, hechas pedazos. Son golpeadas con tal fuerza sobre algún objeto, que las hojas saltan por los aires. De tal forma que en el día de “Hoshana Raba”, en el séptimo día, aquello que crece en el agua, que está más a la izquierda –que de verdad somos nosotros– es destrozado. Significa: en esta vida, tú quedarás destrozado. Y haciendo ese destrozo se usan las siguientes palabras: “Kol mevaser, mevaser ve-omer”. Basar es “carne” y “Besorá” es “mensaje”. La palabra que está con Dios, se hace carne. La palabra se hace mensaje. Ciertamente, podríamos también traducir: la voz kol se hace carne, pero suena algo raro. Mejor es: la voz trae un mensaje. Trae un mensaje y dice: ¿qué dice realmente? Habla, y es el destrozo de las cinco ramas de sauce. La voz que trae el mensaje, es el ir y venir. Tu realidad, tu existencia es destrozada. Este es el mensaje, esta es la voz que habla, y ocurre en este séptimo día. Es un día alegre, este séptimo día, aunque muchas veces sea difícil de comprender. El destrozo no es alegría, y ser destrozado tampoco. Las ramas son de verdad hechas pedazos, las hojas saltan por el aire. Es un auténtico aniquilamiento lo que sucede. Y sucede en esta realidad, en este séptimo día. Todo se desparrama, salta por el aire; y al saltar, se dicen las palabras antes mencionadas. Y a pesar de todo, es un día especial. En este día se está por última vez en la suká, porque en el próximo, el día octavo, no sucede nada. ¿Y qué significa el séptimo día en Pascua? En primer lugar, la desesperación de estar delante del mar y verse obligado a pasar. Y entonces sucede algo: Egipto se hunde. ¿Podemos decir entonces: ¡qué bien, el enemigo ha sufrido una derrota, muere, está ahogándose!? ¡No, ciertamente que no! Quizás conocen el relato de la tradición que dice que en el momento en que el Israel bíblico atraviesa el mar, el tiempo, y que los egipcios mueren, los ángeles comienzan a cantar una canción ante Dios. Alaban a Dios, pero Dios dice: “¡Callad! ¡Mis criaturas se mueren!”. Visto superficialmente, podríamos decir, “no es para tanto, la muerte es buena para el ser humano. En este séptimo día viene y se va, sufre tantas miserias. Así que morir es bueno”. “No”, dice Dios, “mis criaturas sufren, son golpeados y perecen. No quiero que se cante”. Y ordena que se callen. Y hasta hoy se mantiene la costumbre de considerar que la Pascua no es un día de fiesta plena. Es solo un día medio-festivo. La alabanza se parte por la mitad, porque Mizraim se hunde. Mizraim es lo corporal, nuestro cuerpo, la base de nuestra existencia aquí. Es idéntico que ese hacer pedazos de las ramas y ese saltar por los aires de las hojas. De aquello que crece en el agua, en el tiempo, el árbol en el agua. Sabrán quizás que el ser humano se ve como el reflejo de un árbol en el agua. Siempre nuevas gotas de agua pasan, reflejando al mismo árbol. El ser humano viene y va, las generaciones se suceden, pero el reflejo del árbol y el árbol en sí, permanecen sin cambio. Es decir, del árbol en el agua se toman las ramas y se despedazan. Es el momento en que se atraviesa el mar. La tradición cuenta mucho de ese paso. Y ese atravesar el mar que cada ser humano vive, es un nacimiento. Es una irrupción, como se dice hoy en día. Algo que estaba cerrado, se abre. Algo que pensaba que estaría para siempre cerrado: el tiempo en el que me ahogo. De pronto, este tiempo comienza a cuajar. Al atravesar el mar, se ve todo, todo se ha convertido en cristal. Cada uno de las doce tribus toma un camino diferente, y ve en su cristal el significado, el sentido de la vida. Así se atraviesa el tiempo y se ve a través del tiempo. Y de ese suceso se dice: la persona más insignificante que jamás haya pertenecido a la raza humana y que atraviese ese mar, ve más que todos los profetas juntos, en el momento en que el tiempo se detiene. Es impresionante este instante. Y al mismo tiempo, las ramas son machacadas. Al terminar, se sale de la suká y se entra en un mundo nuevo. Entonces se está en el octavo día y dice: ahora vamos a leer, es decir, experimentar –leer es experimentar, vivir– la última sección de esos cinco libros. Pero no terminamos con esta última sección, porque la frase no tiene fin. Solo parecía que así fuera. Añadimos de inmediato la primera sección del principio. Lo sujetamos como si se tratara de un anillo. Lo último es anudado fuertemente a lo primero, porque es una unidad. Es decir, la última sección de Deuteronomio es anudada a la primera de Génesis, el relato de la creación. Ese es el octavo día. Hemos salido de la suká, pero la recordamos muy bien. Aún está allí. Se puede volver a entrar, pero no se vive ya allí. Se dice entonces: de la misma forma que he vivido esto de aquí, así también estará el ser humano en la suká. Así entraré en la casa, hecha de la piel or70-6-200 del Leviatán 30-6-10-400-50. Leviatán es el acompañante del mundo de aquí, en el agua. Sobre leviatán descansa el mundo. Ese leviatán ha sido consumido enteramente, es decir, el tiempo ha terminado. Aquello que ha sido límite de tiempo, se ha convertido en mi nueva casa, donde vivo ahora libremente, ya no consumido por él. Al revés, yo mismo, por decirlo así, lo he integrado. Él es la residencia en la que estoy ahora. Sé que ahora tengo el tiempo enteramente dentro y debajo de mí; no es algo que sufro, más bien, el tiempo me sufre a mí. Se ha convertido en mi posesión. Así es el octavo día. Y también es el “ocho” que conocemos en la canción de Moisés “as yashir”, “entonces cantará”. Porque entonces de verdad, podrá cantarse. Entonces todo habrá terminado y habremos llegado al otro lado. Verán pues que hay un paralelismo claro entre los sucesos de los meses primero y séptimo. Es extraño, una mitad comienza así y la otra mitad, prácticamente igual. Como dije anteriormente, el 1 de “Nisán” comienza la cuenta de los meses, y la mitad del año ha pasado ya. El 1 de “Tishri” comienza con la cuenta del año, y la mitad de los meses ha pasado. Vemos cuan entrelazados están los dos inicios, imposibles de separar. ¿Dónde queda el comienzo? Los dos son el comienzo. También otros días son puntos fijos. En “Nisán” y en “Tishri” vemos que se caracterizan por los eventos. Cuando consideremos otros sucesos de “Nisán” y de “Tishri”, comprenderán que ciertos eventos son de “Nisán” y otros de “Tishri”. Porque rellenaremos cada día con otro significado, de modo que Vds. mismos se preguntarán: ¿Qué día es? No es que el evento quede determinado por el día, sino que el día queda determinado por el evento. El día en que se encontrarán con cierto suceso, se convertirá en realidad para ustedes. Ninguna constelación de planetas, más bien una realidad de ese día, que siempre se repite de nuevo. El nacimiento y fallecimiento de Moisés cae en otro mes, en el mes de “Adar” 1-4-200 décimo segundo mes. Se trata del séptimo día del decimosegundo mes. Moisés es llamado “sacado del agua”. Pero “Adar” se caracteriza también por el hecho, de que el Yehudá bíblico se encuentra con el bíblico “Amalek”. El encuentro es llamado “Purim”. Según el relato de Esther, es la vivencia de Pascua. Cuando hayan comprendido el sentido de los días 14, 15 y 16 de “Nisán” verán que también sucede allí. Es lo mismo, es una línea paralela. “Purim” no es un suceso de “Adar”, pero termina allí. El suceso en sí, la decisión, cae en el mes de “Nisán”. En mi libro sobre Esther Yo, el Oculto, he señalado que hay muchas cosas que suceden el 15 de “Nisán”, no solo esto, también aquello y aquello otro. Siempre son eventos que señalan que aquí se trata de un cambio universal, aquí estamos ante una decisión revolucionaria. No es lo viejo que sigue creciendo. Todo lo contrario, algo totalmente nuevo aparece y decimos: ¡No es posible! ¡Nunca hubiera creído que fuera posible! Pero ciertamente lo es. En su momento viene, y justamente cuando la desesperación es mayor. De la misma forma que en “Mizraim” viene el momento en que es obligado decir: “nos hundimos. Todo alrededor se muere”. Entonces viene. Recuerdo un relato en el libro de los Reyes, de “Sanjerib”, rey de Asiría, (2 Reyes, 19) que asedia a “Yerushalaim”. Y de pronto “se partió y se fue”. Se pensaba que acabaría con todo y que no había nada que hacer. Y de pronto parte, como si le hubiera entrado el miedo. Y luego el relato de “Hamán”. De repente hay un cambio y el exterminio de los judíos no sucede. Y en el relato de los cuatro y de los cinco reyes, donde “Lot” es capturado por los cuatro reyes, se cuenta: “La noche se divide, es medianoche, y entonces sucede”. Siempre sucede en el momento en que se dice: “así no se puede seguir”. Entonces viene la salvación. Y en el relato de “Belsasar”, también sucede a medianoche, en ese momento especial (Daniel 5).Recuérdenlo, por tanto: en la mitad del primer mes, de Nisán, sucede una revolución poderosa. Cuando la luna está llena y podría pensarse que sigue llenándose, entonces sepan: Ahora hay una ley que actúa, ahora todo cambia. Pensamos que es normal, porque más lleno que un círculo no puede llenarse nada. No es posible. El círculo es el límite, desde allí todo retrocederá. Todo aquello que se muestra redondo, es lo extremo de lo material. Por ese motivo, todo aquí se muestra redondo. No conocemos la auténtica esquina. Aquí domina lo redondo porque es lo extremo, y desde el círculo todo retrocede. Hasta aquí sobre el primero y el séptimo mes. Espero que hayan comprendido que siempre deba darse una dualidad. Quizás conozcan la noción “atbash” 1-400-2-300, un lado y el otro, esto y también aquello. Mientras que se trate de una sola cosa, la puerta permanecerá cerrada, y es una lástima. La puerta debe estar abierta, para que el otro lado sea visible. Quiero hablar ahora de otro aspecto de la estructura del ciclo. Hemos visto la dualidad y les he contado que esa dualidad está por doquier. Como ejemplo daba el mabul, el diluvio, del cual puede decirse esto y también aquello. Siempre hay dos puntos de vista. Espero que comprendan que es lo correcto. Que dos opiniones sean válidas y que ninguna sea equivocada. Es la señal de algo vivo. La muerte tiene solo un lado. Algo que está muerto puede ponerse debajo del microscopio; pero todo lo vivo tiene numerosas posibilidades. Tú, como ser humano, estás muerto si dices: “Lo uno es correcto, eso otro es falso”. Siempre hay muchas más posibilidades. Lo lastimoso es que no se puedan hacer dos cosas a la vez. Aunque sí se hacen, pero lo curioso es que estamos siempre ante la elección, hasta donde ir con el asunto. Es como la luna, de la que hemos hablado. No puede crecer más que el circulo; quizás quisiera ir más allá, pero hay una ley que dice que debe regresar. El cambio de la luna es un punto muy importante. Hoy en día decimos que ese cambio es en luna llena. Pero antes se pensaba en la luna nueva. Aunque hoy en día, la luna es meramente algo que miramos de reojo, casi con desprecio, como una superstición. No es importante y ya no pertenece a nuestra vida. Está lejos y no tenemos ya nada que ver con ella. En la escuela he aprendido que la luna tiene que ver con las mareas. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/18/estudios-de-tora-11/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com