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Estudios de Torá 12 - EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 3

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EL LIBRO DEL TIEMPO Y DE LA ETERNIDAD – Parte 3 Por Fiedrich Weinreb Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/20/estudios-de-tora-12/ Tercer Capítulo: El 1 de Nisán Hilel y Shamái Jódesh: el milagro de la renovación Permanencia en el cambio El Rey Hiskiá y la consagración del Templo La expulsión de las “mujeres extranjeras” La exactitud de la revelación El signo de Aries Año nuevo de los Reyes Ibur ha-shaná, el año de 13 meses El 7 de Nisán. Profecía sobre Faraón La muerte de Miriam el 10 de Nisán Ocupémonos pues ahora con el mes de Nisán, que en la cuenta de los meses es el primero. La traducción del nombre lo dejo aparte porque nos llevaría demasiado lejos. Como dije ya, el mes de Tishri es el séptimo mes, pero el comienzo del año. Es decir, el año comienza con el séptimo mes. Notarán aquí una coincidencia significativa del concepto “séptimo”, la mitad, el punto en que ha pasado la otra mitad. Porque si Nisán es el primer mes, Tishri es el séptimo y el 1 de Tishri es el año nuevo bíblico. De ese día les he contado que es el día en que el ser humano viene a la tierra. Desde esta fecha se cuenta su presencia en el mundo. Y los meses se cuentan a partir del séptimo mes de la creación del ser humano, es decir, el 1 de Nisán. Los meses son los siguientes: 1º Nisán – 7º Tishri 2º Iyar – 8º Jeshván 3º Siván – 9º Kislev 4º Tamuz – 10º Tévet 5º Av – 11º Shevat 6º Elul – 12º Adar Es significativo que comencemos el conteo del año cuando ya estamos en el séptimo mes. ¿Por qué entonces? Sería más normal comenzar con el primer mes. Pero está claro que estamos ante una dualidad. Es la dualidad que nos encontramos una y otra vez, el hecho de que todo tenga dos lados. Es el relato de Jano, del que hemos hablado ya. Jano es también un nombre hebreo. Quizás alguna vez hayan oído hablar del rey Yanái, que es el nombre hebreo de Jano. En el conteo de los años nos encontraremos con él. El valor numérico de la palabra Yanái 10-50-1-10 = 71, muestra esos dos lados: 1 y 70. También el ivrí el hebreo, es siempre 71, porque se trata de los 70 pueblos más el ivrí. Existe un día dedicado a Yanái. El año mismo es una dualidad. Debemos aprender, seguir aprendiendo, que, en cierta manera, nada de lo que aparece aquí, es evidente. Puede también ser otra cosa. Es decir, existe esta vida y también la otra vida. No se trata de la esperanza de otra vida, no. Esta otra vida es una realidad. Existe este mundo y el otro, que siempre están uno al lado del otro, o uno enfrente del otro. Nunca piensen en “uno tras otro”, en el sentido de que “uno termina y ahora comienza el otro”. El tiempo es una especie de velo que envuelve y que deja que creamos: “Existió entonces, pero ya pasó. Es el pasado y ahora nos enfrentamos a otra cosa”. A tal afirmación se opone siempre que esos dos lados existen simultáneamente. Muchas veces el ser humano ve un lado solo, y está bien, porque nada puede forzarse aquí. Pero los dos mundos existen simultáneamente. Por esa razón, se encontrarán siempre con una afirmación que dice eso y otra que la contradice. Es terriblemente incómodo para nuestra percepción que pueda ser eso y aquello, pero es la realidad. En el cálculo de las probabilidades, donde no estoy tan cómodo como en la estadística científica, también se encuentra esa dualidad, allí, donde se trata de lo muy pequeño. Puede ser eso y puede ser otra cosa. Y si se pregunta qué es de verdad, un buen estudiante contestaría: “Es eso y lo otro”. Pero a la mayoría le incomoda enormemente; les parece un sinsentido eso de las dos posibilidades. Seguramente habrán oído hablar en la escuela de la geometría euclidiana y la no-euclidiana. Una dice eso y la otra aquello. Y tampoco aquí puede decirse que “trabajaré solo con esta posibilidad, y no con la otra”. De nuevo, esos dos lados. Lo que acontece el primer día del primer mes –y hablamos de una de las opiniones sobre el diluvio, que la tierra se había secado– sucede, según otra opinión, el 1 de Tishri. Así también se dice que el ser humano fue creado un 1 de Nisán, pero de una forma incomprensible para nosotros. Para nuestra realidad vale que el cuerpo que vemos apareciera el 1 de Tishri. Existe también otra postura curiosa en la tradición, que normalmente no es bien comprendida. Se dice que hay dos escuelas filosóficas. Pero no se trata de dos escuelas, sino de dos hombres que vivían al mismo tiempo pero que explicaban las cosas de forma diferente. Se contradecían. Una es la escuela de la casa de Hilel 5-30-30, otra la de la casa de Shamái 300-40-10. Cuando Hilel dice que algo es negro, Shamái dice que es blanco. Parece un deporte y suena muy confuso, pero se dice que Hilel está para este mundo, sigue la halajá, el camino, mientras que Shamái está para el otro mundo. Puede preguntarse por qué se molestan viniendo cada vez con una nueva contradicción. Pero no se trata del deseo de contradecir, es simplemente el otro lado de las cosas. Uno dice que el ser humano es un hombre, otro dice que es una mujer. Los dos tienen razón. Es ese Jano, que por un lado parece ser hombre, y por el otro, mujer. En cierta manera, las dos opiniones son verdaderas. Tendremos que acostumbrarnos al hecho de que se diga en cuanto a Nisán: es el comienzo del conteo de los meses, porque, en verdad, los meses contienen una renovación. Jódesh significa “mes” y también “renovación”. Luna nueva: jadashá, “nueva”. Siempre se habla en hebreo de jódesh, refiriéndose al mes. Existe también otro nombre para “mes” o “luna” que es yaréaj 10-200-8, pero no se usa nunca. Los meses indican en nuestro tiempo la posibilidad de la “renovación”. Significa que algo totalmente nuevo puede comenzar, que la vida no tiene por qué continuar como siempre. Se expresa también en el tiempo, todo se expresa en el tiempo, en las plantas, animales y signos astrológicos. El tiempo se expresa en la forma en que vemos la luna. Siempre la vemos apareciendo y desapareciendo. Pero en realidad la luna permanece igual. Todo el mundo lo sabe perfectamente y siempre se ha sabido. Pero para nosotros aparece de tal forma que decimos: “Qué extraño, es una parte nada más de la luna. ¿Dónde habrá quedado el resto? Disminuye y desaparecerá del todo”. Por ello se dice de la luna –expresado en el tiempo– que muestra la existencia de un mundo en renovación permanente. Y la primera renovación en la Biblia –en ese libro que está más allá del tiempo–, ahí donde comienza el mes de Nisán, sucede la salida de Mizraim, la liberación de la esclavitud en la dualidad, en la oposición. Si yo digo: Es Nisán y es Tishri, ¿qué es entonces? Es una contradicción. Pero se puede salir de esa contradicción, aunque permanezca. Porque Egipto no desaparece. Aunque solo se puede salir si otro mundo interviene. Dios interviene, y por ello podrás salir. No podrás salir por tu lógica ni por tu mente aguda o por tu reflexión. Hay una frase relacionada que se dice en la fiesta de Pascua, que está escrita en un trozo de la Hagadá: “Y si todos fuésemos grandes sabios, llenos de entendimiento y conociéramos toda la Torá, aún así, nunca seríamos salvados de Egipto si Dios no interviene”. Porque esta salvación no tiene nada que ver con inteligencia, conocimientos o entendimientos. Necesita una intervención de otra parte –que puede suceder en cualquier momento– si se quiere ser salvado. No es posible hacerlo por la propia fuerza. Todo lo contrario. Un sabio verdadero sabe que toda la sabiduría que posee, viene de otra parte. No sabe, es sabido. Se le regala para que sepa. Las personas que piensan que ellas mismas construyen y hacen por su propia inteligencia, no son del todo inteligentes. En hebreo, sékhel 300-20-30 es la inteligencia y sakhol 60-20-30 es la necedad, obrar neciamente. Se dice que la inteligencia del ser humano es causa de su necedad. Porque sus conclusiones son causales: de esto sale aquello etc. y siempre se llega a las mismas conclusiones. El intelecto no ve ninguna posibilidad de salir de esa contradicción. Y solo sucede si Dios interviene, en cada momento, en cada ser humano, cuando lo ve. Allí donde comienza la salida de Mizraim, Dios dice a Moisés y Aarón: “En este mes Nisán que viene, y con el trocito de luna que va a aparecer, comienzan las renovaciones”. Y la primera renovación es la salida de Mizraim, la salvación perfecta. Y sentimos que el tiempo de la luna, de la renovación, no es un tiempo que podamos calcular. No cuentes según la luna, porque no está para que tú calcules. Conociendo el recorrido de la luna, aproximadamente 29,5 días, puedes calcular con precisión en qué día va a caer la luna nueva en el año 16.000. Con total precisión y, a pesar de ello, está dicho que no calcules nunca así con la luna. La luna es una señal que te dice que hay algo en el mundo y en el ser humano que se renueva constantemente, que puede renacer, completamente nuevo. La forma no es algo que somete, en el sentido de que soy así y así me quedaré, es seguro. No es verdad. En cada momento sucede una renovación de la forma. Por ese motivo, los meses cuentan a partir de Nisán, primer mes, el mes de la renovación. Porque allí se expresa el hecho de que existe una forma que contiene toda renovación, pero que no tiene nada que ver con las propiedades corporales del ser humano. Eso toca en el mes de Tishri. Este propicia el otro lado, el que continúa, el que permanece. Si el ser humano se renovara en cada momento, tendría que morir y renacer en cada momento. Su cuerpo desaparecería cada vez. No, existe la dualidad de lo que permanece frente a lo otro, lo que está en constante cambio. No es solo una permanencia y tampoco solo un cambio. Permanecer y cambiar forman una unidad que no asumimos conscientemente, pero que percibimos muy legítimamente como vida. No tenemos la consciencia de que los dos aspectos sean una unidad. Por esa razón, con Tishri, aparece el ser humano. Su presencia está firmemente diseñada: carne, sangre, huesos. Es pequeño y crece. Es una realidad firme. El cuerpo tiene muchas cualidades, de las cuales el ser humano no puede desprenderse. Las lleva consigo. También sus cromosomas y todo lo demás. Y después surge el ser humano también el 1 de Nisán, en el comienzo de las renovaciones. En cada momento es renovado y reconstruido. Los dos lados existen simultáneamente. De ese ser humano en constante renovación, puede decirse que es lo contrario de aquel que permanece, que dice “soy como soy”, y nada puede cambiarse. Enfrente está aquel que dice: siempre hay un nuevo cambio, no permanezco como soy, por fortuna. El milagro es que podamos cambiar. La salida de Mizraim (Egipto, estrechez, esclavitud, dualidad, la forma) es esa renovación, porque realmente, tendrías que permanecer en Egipto para siempre. Es el mundo que tenemos delante, tal cual. Y nunca podrías, ni se te permitiría, salir. ¡Pero fíjate en este grandísimo milagro, esta irrupción, este cambio inesperado, esta salida de la esclavitud! En el relato del diluvio se cuenta también que el 1 de Nisán la tierra está ya seca; y este hecho coincide con el momento de la creación. Los dos eventos suceden el 1 de Nisán. Pero otro dice que sucede el 1 de Tishri. Y la paloma que se ha enviado antes de que la tierra se haya secado por completo –en dos ocasiones– significa que se ha enviado con anterioridad, para traer el mensaje. Antes de la aparición del ser humano, la paloma está ya volando hacia aquí y hacia allá, y también el cuervo. Cuando aparece el ser humano, ha sucedido ya. Y solo entonces la tierra se hace visible. Antes, la tierra está, pero cubierta de agua, de tiempo. Ahora queda visible. Es su nacimiento. Un nacimiento doble, dual: el 1 de Tishri y el 1 de Nisán. El ser humano nace en las dos ocasiones. Les estoy hablando de dos conceptos: del nacimiento del ser humano y del secado de la tierra después del diluvio. Momento en que la tevá, 400-2-5 el arca, es decir, la palabra, toma asiento en la tierra y se abre. La palabra toma forma en la tierra. Quisiera mostrarles algunos otros aspectos del 1 de Nisán, para poner énfasis en el hecho de que el ser humano aparece como ese elemento renovador, el que tiene en sí el milagro de la renovación. Se expresa también en las costumbres judías. No quiero contarlo como una especie de folklore, sino para mostrarles desde otro mundo que existe también allí. La mayoría de los judíos no tienen estos conocimientos, ya no conocen el significado de las costumbres. Lo cuento como un conocimiento desde lo más íntimo del ser humano, un conocimiento desde su estado primitivo que le acompaña y le ha acompañado, es decir, que el 1 de Nisán existe la posibilidad de ser salvado por Dios. Porque es a través de Dios como la salvación se hace realidad. Un tercer aspecto del 1 de Nisán es que, en los tiempos del Rey Hiskiá, el Templo es consagrado de nuevo. En hebreo, ese nombre es Jiskiahu 8-7-100-10–5-6, “Fuerza de Dios”. La raíz es jasak, “fuerza” o “poder”. No se trata de nuestra fuerza, sino de otra. Cuando Josué es llamado para llevar a Israel desde el desierto a ese otro mundo, se utiliza de nuevo cierta expresión en cuanto a él: jasak ve-emaz 8-7-100 6-1-40-90, que se traduce como “esfuérzate y sé valiente”. Estas expresiones son sinónimas y se usan precisamente con Josué y en ningún otro lugar. Es como si fuese una especie de divisa, un ruego, un deseo, una esperanza: ante todo sé fuerte y valiente. Pero ¿qué se espera del pobre Josué, como para desearle justamente ahora “fuerza”? Se le podría desear a cualquiera. Esa palabra, jasak, está en el nombre del Rey Jiskiahu. De él se cuenta que, realmente, es idéntico al Mesías. Suena algo loco, pero solo quiere decir que algo muy especial pasa en él. Sucede el milagro de su enfermedad y de su curación. Y Jiskiahu –lo ven en el calendario– aparece también el 1 de Nisán. La palabra jasak en su nombre contiene ese saber imponerse, prevalecer en toda circunstancia. Se trata de una fuerza que no presta atención a las circunstancias, que sigue, aunque la situación sea del todo desesperada. Parece presunción y obstinación, pero es la capacidad de perseverar y de prevalecer, junto con una fe grandiosa. No es ninguna tontería lo que se exige de Josué, ese traslado al otro mundo. Simplemente, debe creer que puede hacerlo. Y tan pronto como comienza la tarea y cruza el Jordán –Yardén 10-200-4-50 en hebreo–, el maná cesa y parece que todo vaya por un camino equivocado. El río Jordán aquí es una señal de que ese otro Yardén existe, de la misma forma que la luna que vemos es una señal de que la luna verdadera existe. Esa capacidad de perseverar y de imponerse a pesar de todo, es jasak. Jiskiahu tiene en su nombre esa sabiduría de poder imponerse. Se manifiesta también en su enfermedad, porque está mortalmente enfermo, pero no muere. Reza esa oración y de pronto hay un cambio total y recobra todas sus fuerzas. En la vida de Jiskiahu, el 1 de Nisán, es de nuevo consagrada la casa de Dios llamada Templo, el lugar donde habita Dios en la tierra. ¿No es lo mismo que la creación del ser humano? Esa consagración no es ninguna ceremonia que pudiera grabarse en video. Es de nuevo la creación del ser humano, que en la noción de Jiskiahu aparece de nuevo con aquel que es el salvador, y no lo es, porque no sabe cantar. El ser humano no puede cantar, porque cantar significa seguir un orden firme, un camino firme y permanente, como lo muestra una canción y también un poema. “Poema” en hebreo es casi la misma palabra que “canción”. No voy a considerar los poemas modernos aquí, porque vienen de otro mundo. Pero una canción puede cantarse solo mediante reglas fijas. Desviarse de lo establecido significa desafinar. Del ser humano que viene a este mundo podría decirse que puede seguir una ruta firme. Está claramente delante de él. Pero desafina, no puede cantar, canta una vez así y luego diferente. Hace cosas del todo absurdas, por decirlo así, y ésa es la conversación de Dios con el ser humano. Pero, por fortuna, su vida no es solo canción y poema, porque de ser así, el mundo no sería mundo. Con Jiskiahu comienza la consagración, la purificación del Templo que estaba “lleno de inmundicia”; no era lugar para que Dios viviera. Más bien caos y confusión, en ese 1 de Nisán (2 Crónicas, 29,5).Si vivimos el 1 de Nisán, que cae en general en el mes de marzo o abril, algo muy determinado está presente y ese punto en el tiempo coincide con el punto en la eternidad. De allí viene hasta aquí. No puede decirse que entonces, hace miles de años, Jiskiahu hizo eso o aquello en el Templo. No. Lo hace ahora. Que tú no puedas ver el Templo es triste, pero tampoco el 1 de Tishri el ser humano es capaz de ver a Elisha. Eso también es triste. Si pudieras verle, sabrías, tendrías consciencia de que sucede siempre de nuevo. Y así, cada día suceden cosas. No hay ningún día y ninguna hora que no sean importantes. Luego, un cuarto aspecto que también conocerán de la Biblia. Es un relato aparentemente cruel, está en el libro de Esdras. Los seres humanos que regresan de Babel y que ahora se llaman judíos, tienen todos “mujeres extranjeras”. Y no puede ser, esas mujeres extranjeras deben desaparecer. Y si vives este primer día del mes de Nisán, el comienzo del conteo de los meses, te preguntarás qué pueden significar realmente esas mujeres extranjeras. ¿Son mujeres como las nuestras o se trata de otra cosa diferente del todo? Estamos ante la creación del ser humano. La fase del animal ha pasado. El cuerpo que es un cuerpo de animal, es renovado. Sabrán que el ser humano es el octavo acto de la creación y los animales el séptimo. Significa que el ser humano es creado en lo corporal a partir de aquello, aún está unido con el animal, en el sentido de que sigue subsistiendo una especie de vínculo. Muchas veces se utiliza la Biblia –equivocadamente– como libro de recetas o de citas, del que pueden sacarse ciertas reglas para luego vivir feliz en el más allá. Aquí no se trata de un repudio de mujeres. Entenderlo así sería hacer un uso deshonesto de la Biblia. La Biblia no es ningún libro de prescripciones. La Biblia es una revelación, un milagro que es dado al mundo. Si la Biblia dice que las mujeres extranjeras deben desaparecer de inmediato significa que el aspecto físico, que es representado siempre como “femenino”, debe desaparecer. De otra forma, el mundo no puede subsistir. La creación del ser humano corre paralelamente a una lucha gigantesca. Lo válido para el final de la noche y el comienzo del día, es válido también para el mes y el año. Cada día tiene cuatro ciclos y cuando apunta el día es aún de noche y hay oscuridad profunda; todo lo anterior, todo lo demoníaco, debe eliminarse. El ser humano debe liberarse de lo demoníaco. Vierte agua sobre sí y queda liberado. Es lo mismo que las mujeres extranjeras que deben irse. Son arrastradas a otro mundo, a otro tiempo, y el ser humano queda liberado. Es un nacimiento. Suelta lo anterior; de no hacerlo moriría, no podría nacer. Debe soltarse para nacer aquí. También eso es el 1 de Nisán. Aquí hay una gran concentración de eventos. Más tarde nos encontraremos con días que tienen un solo acontecimiento. Lamentablemente no podremos hablar de todos los 365 días del año, necesitaríamos algunos años para hacerlo, y considerando las condiciones difíciles en nuestro estado de bienestar, en el que nadie tiene ya tiempo, es imposible. Aunque por supuesto me gustaría hacerlo, únicamente trataremos algunos aspectos. He anotado todos aquí, porque había un tiempo en que no se hablaba aún de un estado de bienestar. Entonces tenía tiempo de escribir. Haré, pues, una selección; y en todo caso, tendrán una buena idea del año. Resumiendo: el 1 de Nisán es el comienzo de las renovaciones. No hay ninguna justificación para decir: “es así y no puede cambiarse”. Siempre puede cambiarse; cada día, cada momento la creación comienza de nuevo. No hay nada fijo para siempre. Aunque sí, el 1 de Nisán está fijo y el 1 de Tishri también. También hay que considerar ese otro aspecto. El ser humano de Tishri, en cierto aspecto, debe esperar al séptimo día, al ser humano de Nisán, para que acontezca la irrupción de la renovación. El 1 de Nisán es también el momento en que los sacerdotes en el Templo toman la madera, para encender el fuego en el altar. Sabrán que este fuego es algo muy especial. El ser humano aporta la madera. Ez 70-90 en hebreo, madera, árbol; et 70-400, tiempo. Las dos palabras son prácticamente iguales en la pronunciación. Esh 1-300, fuego. El ser humano propiamente dicho, lleva su tiempo a un lugar donde su cuerpo se quema. Y si aporta su tiempo a ese lugar, el fuego viene del cielo y la madera comienza a arder. Es difícil de comprender. ¡Supongamos que realmente viniese fuego del cielo, como se cuenta! No he estado y no lo he visto. Pero no es necesario estar para saberlo. Y si alguien preguntase “¿lo has visto?”, respondería: ‘’mucho más que solo verlo’’. Porque no es necesario ver de esta manera. Es decir, el 1 de Nisán el “sacerdote” que hay dentro del ser humano, lleva esta madera y le dice al cielo: Deja que el tiempo comience, deja que el korbán, el sacrificio, arda, ese acercamiento a Dios. Sin cantar y sin hacer versos; no pasa nada si se equivoca. Caer y levantarse de nuevo, o también fracasar, hasta el final y siempre de nuevo. Es posible que alguna vez llegue a cantar, pero siempre de nuevo, se equivocará. Y, a pesar de todo, quisiera tanto, quisiera vivir el milagro. Se dice que el 1 de Nisán nacen tanto Abraham como Isaac. Y comprenderán ahora, espero, que no debe entenderse como un acontecimiento histórico. No está escrito así en la Biblia, pero se sabe –el lugar en la Biblia es conocido, y toda la estructura de las palabras y letras involucradas– y la sorpresa una vez más, como todo, coincide. Porque entonces se sabe que, de verdad, los dos aparecen el 1 de Nisán. Y el mismo 1 de Nisán, desaparecen de este mundo. El ciclo está completado. Significa que esos ciclos realmente se encadenan el 1 de Nisán. Siempre están, a través de todo el año. No hay día en que no estén. También ahora están. Cuando de personajes bíblicos se dice que nacen y mueren el mismo día, significa, que siempre están. El 1 de Nisán también habla Dios con Moisés en la zarza ardiente –sné 60-50-5 en hebreo- Significa que ese acontecimiento tiene también que ver con la creación del ser humano. Y por ello, podemos ver esta creación bajo una luz del todo diferente. El ser humano es creado, cuando ve que la zarza está ardiendo. Ve la oposición: ese sné, ese arbusto arde, pero no se consume. Representa al ser humano en el mundo. ¿Es Nisán o es Tishri? ¿Es Hilel o es Shamái? ¿Cómo es? La zarza que arde, la renovación del Templo por Jiskiahu, es siempre el mismo acontecimiento, pero desde diferentes perspectivas. Se trata de acontecimientos determinantes en la revelación. Y esa revelación no es nada imprecisa. Tú solo notas imprecisión en tu propia vida. Y es bueno que sea así, debe ser así. Te acompaña en el camino. Hay mucha niebla, la visión es bastante mala, muchas cosas están ocultas. Pero la revelación –y toda la creación–, se da de tal forma que todo, hasta el detalle más pequeño, sea exacto y preciso. Puedes confiar en ello. Si ves una rosa muy hermosa, puedes analizarla minuciosamente, hasta la fórmula química de su color, y encontrarás solo perfección hasta en los detalles más insignificantes. Pero no necesitas comprobarlo, porque sabes que es así. Y en eso consiste la niebla en tu vida: que de antemano asumes que tal como están las cosas, están bien. Imagínate que tuvieras que analizar si cada cosa es o no precisa. Es lo que “Frederic van Eden” quiso explicar con su “Doctor Cifra”. No es necesario que analices todo porque todo está bien. Toda revelación auténtica posee esa precisión. Todo es preciso porque se trata de la creación. Lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño están acabados en perfección. Dejan entrever que vienen de otro mundo. En un cuadro moderno, una rosa puede ser una mancha de color. Pero en la revelación hay exactitud hasta en sus más pequeños detalles. Siempre ha sido así, porque se trata de una revelación de otro mundo. Es decir, si encuentras inexactitudes en una revelación, significa que no es auténtica. Como ser humano, puedes ser impreciso. Es tonto aquel que dice que puede ser preciso. Por el contrario, todo lo que viene de otro mundo a este, es preciso y perfecto. Lo mismo vale para el lenguaje. Muestra una exactitud, una legalidad perfecta. Es un grandísimo milagro. El 1 de Nisán sucede también que Dios dice: “Me acordaré de ti” o “me acuerdo de ti”. En hebreo: pakod yifkod 80-100-4 10-80-100-4. Es una expresión firme que siempre vuelve. Por ejemplo, Joseph dice antes de morir: “Cuando te vayas de Egipto, llévame. Porque Dios ciertamente se acuerda”. (Gén. 50,25). Y cuando aparece Moisés y nadie sabe con certeza si él es o no el esperado, Dios también dice: pakod yifkod, me acordaré de ti. La señal es siempre que aquel que viene dice: “Dios se ha acordado de ti”. Es así también en tu vida. Si experimentas algo y dices que “lo he planeado así”, ¡puedes olvidarte! Pero si dices: “se me ha dado, ha venido a mí”, entonces todo está bien. Solo si viene de otra parte, puede ser renovador y liberador aquí. De no ser así, no es ni renovación ni liberación. También en el momento de la creación del mundo y del ser humano, Dios dice: “Me acordaré de ti”. Porque en ese momento aún no estás salvado. El asunto solo está empezando, por así decir. Pero Dios ya se acuerda, ya lo sabe. Desde el momento mismo acompaña. ¿Tiene el 1 de Nisán también que ver con la primavera? Ciertamente, es el comienzo de una vida nueva. Hasta la luna comienza su recorrido el 1 de Nisán. Es un cambio, una renovación. Y además se dice que el 1 de Nisán es el momento de la salvación definitiva. También nacerá en esta fecha. Cada año podría decirse y por ello, cada día nace. Significa que no hay que esperar hasta que llegue la salvación, por ejemplo, en el año 2100. No. Está en cada 1 de Nisán y por ello, en todo el año. Siempre existe una coincidencia de todos estos aspectos. El signo astrológico del mes de Nisán es el talé 9-30-5 (cordero, carnero, Aries). Aquello que de verdad es sacrificado. Es la señal en el cielo que se muestra también aquí. Y comprenderán que con “señal en el cielo” no decimos que es la unión de ciertas estrellas para dibujar el contorno de un cordero. Sería un juego de niños. No. Con o sin estrellas, en este lugar, allí en el cielo, se expresa aquello que significa el concepto “cordero”. Y eso se expresa también en la tierra, en el ser humano o en su entorno, en aquello que representa el cordero: suavidad, obediencia. Tiene que ver con lo otro; más aún, es lo mismo. Se expresa en el cielo de esta forma, en el tiempo de aquella, en el reino animal así y en el mundo de las plantas de otra manera. Para este primer mes de Nisán, está el primer hijo de las doce tribus de Israel, Rubén. Y ahora nos acercamos a algo curioso en los meses. Les he dicho ya que hay algunos días en nuestro calendario que no pueden nunca caer en cierto día de la semana. La Biblia dice que el ser humano es creado el 1 de Tishri, y ese día bíblico es un viernes. Después nunca más sucede así. El 1 de Tishri nunca más puede caer en viernes. En cuanto al 1 de Tishri terrenal, puede caer solo en ciertos días que son: domingo, martes, jueves o sábado; es decir, el primero, tercero, quinto y séptimo día de la semana. Son días fijos que transitan por todo el año. Sabrán que los meses no llenan un año solar; así, el mes de Adar es ocasionalmente doble. No obstante, el conjunto transita de tal forma que el 1 de Nisán solo cae en los días mencionados. Es una de las estructuras del universo. Firme y perfecto. El 1 de Nisán es llamado también “año nuevo”, aunque no se trate de un “año nuevo” propiamente dicho. Es el año nuevo de los “Reyes”. La palabra hebrea es mélekh 40-30-20. Rey es el ser humano que ha sabido reunir la multitud en sí, y convertirla en unidad. En verdad es rey, quien ha reunificado todo en sí. Conocerán el reproche de Samuel, cuando el pueblo quiere tener un rey (I Samuel 8) ¿No lo teníamos bien hasta ahora? Ahora el rey toma el lugar del ser humano, que desciende un peldaño más bajo. Por esa razón se dice que un rey no deba nunca hacer ciertas cosas, porque es algo muy especial. Cuando Salomón se casa con la princesa egipcia, se dice que en el mismo momento se pone la primera piedra, el fundamento del reino de Edóm. En ese momento se produce la escisión del reino y el Templo que Salomón construye queda destruido ya, potencialmente, en el principio. Toda la gente que vive allí, millones, tienen que ver con el hecho de que Salomón toma una mujer de Egipto. ¡Muy injusto! diríamos. Sí. Hoy en día sería injusto. Y si un rey del mundo hiciera algo así, diríamos: ¿Y yo, ¿qué? Pero la noción bíblica de “rey” es diferente. El 1 de Nisán es el año nuevo de los reyes, porque justamente del rey se dice que es portador de la renovación. Con el rey algo revolucionario entra en el mundo. Si el rey Jiskiahu quiere algo, eso sucede por doquier, en todo el mundo. Si el rey Saúl hace algo, también. El rey es determinante para la renovación. Por esa razón, el año nuevo de los Reyes no es el 1 de Tishri donde reina la continuidad. Porque del rey se espera que diga: hasta aquí y no más. Cuando David es rey, todo está en su mano, la vida y la muerte. Todo se somete. Si David decide contar al pueblo, hay muertos (II Samuel 24). Él no muere, pero el pueblo es castigado con una enorme epidemia, como está escrito. El Rey es determinante. La renovación sale de él. Obviamente, no se puede comparar a un rey de hoy con estos conceptos del rey bíblico. Ciertamente hay un parentesco, de la misma forma que la luna está emparentada con la luna auténtica. Y depende de cada uno determinar si está cerca o lejos de esa noción de rey bíblico. Estar cerca es una especie de suerte, una elección, para que pueda hacer y ser mucho. El 1 de Nisán es también el año nuevo de los regalim 200-3-30-10-40. Réguel en hebreo es “pie”, “pierna” y el plural, regalim, es la peregrinación al centro tres veces al año. Al lugar de Yerushalaim, donde está el Bet ha-mikdash, el Templo, la Casa Santa, el centro. Tres veces al año, ni más ni menos, sube el ser humano hasta allí. Hay tres momentos en el año y son fijos. Son Pésaj, Pentecostés y Sukot. No es que el ser humano determine que vaya de peregrinación, no, simplemente, es así. Es decir, va o no va. Puede estar allí o no. Desde el otro mundo se puede ver cómo una persona sube allí. Se va sin coche y sin avión a Yerushalaim. No se trata de un viaje turístico. Sucede dentro del ser humano –aunque en otro lugar– pero de forma que está unido con él. Si tiene esa unión, lo vive muy claramente. La subida es una renovación, porque puede que allí cambie completamente. Todo lo que tenga que ver con una renovación tiene allí su año nuevo. Es también el día en que el año ibur se establece. Es el año que tiene trece meses, en lugar de doce, un mes queda intercalado. Conocerán la diferencia entre el año lunar y el solar. En el calendario bíblico, ninguna corrección es necesaria, porque corre con perfección paralelamente con el sol. Si cada cierto número de años se intercala un mes decimotercero, es para que todo coincida, hasta la fracción más pequeña del segundo. Es también un milagro que tiene su origen en otro mundo. ¿Cómo es posible que se tengan doce meses –y de vez en cuando un decimotercero– y que todo coincida con total precisión? En el mundo bíblico no hubo nunca un calendario juliano o gregoriano, porque su precisión es tal que nunca necesita ninguna corrección. Pero ese mes intercalado muestra que esa posibilidad existe, porque es el ser humano el que intercala el mes. Y lo curioso es que debe hacerlo basándose en días fijos, determinados, que deben caer en esta o aquella fecha. Y entonces añade ese mes decimotercero, porque si no, todo el asunto se le escaparía de las manos. El intercalado corrige la situación. Se trata aquí de una renovación muy determinante. El año ibur con doble mes de Adar, deja entrever una posibilidad enteramente diferente. Muestra algo que conlleva la renovación. Existe otra costumbre curiosa el 1 de Nisán; curiosa, por lo menos al primer vistazo. Se toma un shékel 300-100-30, una moneda de plata. Su valor numérico es 430, igual que Néfesh 50-80-300. Ese shékel, esa moneda de plata, es aquí la expresión de aquello que aparece del lado lunar, del lado de la forma. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/20/estudios-de-tora-12/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com

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