La Palabra Oculta del Nuevo Testamento – Parte 5 (Final): Pan y vino
Sobre este episodio
La Palabra Oculta del Nuevo Testamento – Parte 5 (Final) Por Fiedrich Weinreb Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/14/estudios-de-tora-9/ Pan y vino. Después del lavado de manos que significa la inmersión de la actuación en el tiempo, viene la bendición sobre el pan y el vino. Y comiendo ellos tomó Jesús el pan, y lo partió, y dio a sus discípulos y dijo: tomad, comed, esto es mi cuerpo. (Mateo 26,26). En Lucas está escrito: Este es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria mía. Y tomando el vaso, y hechas gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos; porque esto es mi sangre del pacto, la cual es derramada por muchos, para remisión de los pecados. Queremos preguntar qué dicen las palabras de pan y de vino. El pan en su manifestación terrenal viene en principio del trigo y contiene levadura, algo de sal y puede hornearse en diferentes formas. En hebreo es lejem, 30-8-40. Pero echemos un vistazo a su lado oculto. Es la historia del grano de trigo sembrado en la tierra que germina, crece, es cosechado, trillado, molido, mezclado con agua, hecho masa y al final, por el fuego, tenemos el pan. Y se piensa en Raquel, la “madre de la oveja” y su sepultura en el camino a Belén, Bet lejem, Casa del Pan; en Ruth y Boaz, y en David y su casa real. También en Jesús que nace en Belén. El trigo es el primero de los siete frutos de la tierra (Deut. 8,8). Bendecir el pan es alabar a Dios, al Señor, al rey del universo. Bendito seas Tú, nuestro Dios, Rey del Universo, que extraes el pan de la tierra. (Haggadá de Pesaj). No el trigo, no, de inmediato el pan terminado. Yo lo comparo con la venida de Jesús. No viene como producto de 42 generaciones, eso podría ser José, más bien viene regalado por el Espíritu Santo a la virgen María. Al bendecir el pan, no se piensa en las muchas tareas realizadas. El pan sale de la tierra terminado, como primer nacido y aparece así en el mundo. La tierra no conoce ningún crecimiento anterior al trigo, es decir, es aún virginal. El pan terminado está con anterioridad. Y si pensamos en las palabras de Dios en Deut. 8,3: Y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido; para hacerte saber que el hombre no vivirá solo de pan, mas de todo lo que sale de la boca del Señor vivirá el hombre. Significa que el primer alimento del ser humano es la palabra de Dios, palabra que sale de la boca de Dios. Y puede ser de tal forma nueva, que el ser humano que la escucha puede estremecerse como una virgen que de pronto siente un niño en su interior. El pan tiene pues el lado manifiesto aquí y, de otro lado, lo que la palabra cuenta de su vida oculta. Y el pan − llamado también palabra de Dios − en su lado oculto es modesto, humilde, inadvertido, igual que Jesús. Del pan dice: este es mi cuerpo, que por vosotros es dado. Significa que si conocéis el lado oculto del pan, sabéis qué secretos viven en este pequeño trocito de pan aquí. Pero si el pan es para vosotros solo un alimento físico, aun comiéndolo con expresión piadosa, podría ser mentira o hipocresía ante Dios. Seríais igual a los fariseos y vuestros escribas serían personas ignorantes y presumidas. El pan se parte seguidamente y se entrega un trozo a toda persona que está sentada en la mesa. También compartimos, comunicamos las palabras de Dios, que salen de Su boca. Van a cada uno personalmente, según su manera, según su gusto. Porque el gusto de cada uno es algo que le pertenece únicamente a él. Así comienza la cena. “Yáyin” 10-10-50, vino. Esta palabra hebrea tiene la estructura viva de las dos yod-10, que designan en principio, al Señor “arriba” y “abajo”. Recordarán que el tetragrama consta de un 10 arriba y de otro 10 abajo, éste dividido en 5 5. La palabra “y” es en hebreo la letra vav-6, gancho, gancho de unión. El “nombre” se escribe por tanto como 10 arriba y 5-6-5 abajo. En su unidad es 10-5-6-5. La última letra de “yáyin” es la letra nun-50 que significa, como hemos visto ya, “pez”. A Yeh’shúa de la Biblia hebrea se le llama “Hijo de Nun”. La letra nun como última letra, tiene un brazo más alargado que cualquier otra letra, y baja desde arriba hasta las profundidades más hondas. La alabanza a Dios no concierne solamente al vino sino también al viñedo: “guefen” 3-80-50. En esta palabra vemos la estructura 5-8-3 que conocemos de las palabras “serpiente”, “caer” y “nefesh”, pero ahora en sentido inverso 3-8-5. Porque con el vino, producto del viñedo, existe la posibilidad de caer, de caer al mundo de la serpiente, de la “Nefesh”, de la ley. Ese vino lleva a la embriaguez. Pero también puede ser santificado, disfrutar de él − igual que el pan ácimo − de forma prudente. Entonces alegra el corazón del hombre y se es capaz de reconocer el lado oculto de la palabra, lo que de por sí es santificar el vino. El lado oculto nos muestra la libertad del ser humano, su elección. Según la ley, debiera de vivir en la embriaguez permanente. Se refiere a toda clase de embriaguez: el estudio, la ciencia, el dinero, el erotismo, la nicotina, el deporte y mucho más. Está escrito que el ser humano no puede pisar la habitación de Dios si está embriagado (Levítico 10,9). Nada de embriaguez pues. Ni la excitación del fanatismo ni la embriaguez del poderío, de la lucha contra el enemigo. Por ello se toman grandes precauciones en el judaísmo cuando se trata del vino. Existe una advertencia decisiva en cuanto al vino “nisak” 50-60-20, derramado. ¿Por qué es tan importante no derramar el vino? Porque no se refiere al vino, rojo o blanco, sino a la sangre derramada. Ese derrame es en realidad derramar a la tierra. Significa que se conoce la palabra solo en su sentido exterior. Pero estoy pensando también en ese asunto feo de “Onán” (Génesis 38,9) cuando vertía la simiente en tierra. Solo busca el placer; que toda semilla contenga vida potencial, le da perfectamente igual. Lo único que importa es el propio disfrute. Derramar el vino a la tierra significa vivir en la embriaguez permanente. La imagen de un ídolo (de metal) en hebreo es “maseká” 40-60-20-5, cuya raíz es la palabra “nasak” o “masak”, verter, derramar. Porque es de metal fundido al que se impide seguir fluyendo, convirtiéndolo en algo rígido. No vertamos pues el vino en este sentido. Evitemos su profanación. Si fuésemos capaces de llegar a conocer estas costumbres mencionadas en el Talmud, también en su lado oculto, obtendríamos gran comprensión del mundo y de la vida como experiencia dichosa. La lástima sería si no tuviéramos necesidad de entrar en la habitación de Dios ni de escuchar nada de ningún lado oculto. Sería estar en contra, de forma agresiva y muchas veces depresiva. Buscando únicamente los conocimientos de este mundo para su propia autoridad. Convirtiéndose en enemigo de Jesús de forma casi natural. El pan, la manera de su manifestación, en lo oculto la manifestación de Jesús, es el cuerpo eterno, dado al mundo. Reconoce el lado oculto de la palabra “pan”. Partir el pan significa que todo el mundo recibe su parte. Los doce en nuestra historia son todo el mundo, todas las personas − el 3, el 4 y el 5 − es decir, lo masculino, lo femenino y el fruto de su unidad, el niño. El vino es mi sangre del pacto, la cual es derramada por muchos, para remisión de los pecados. “Dam”, 4-40, sangre, en hebreo, tiene relación con la palabra “damá” 4-40-5, ser semejante, ser comparable. La sangre es pues la semejanza de Dios, en la que el ser humano ha sido creado. Verter sangre es también echar a perder al ser humano, a esa semejanza de Dios. Ser visto, por ejemplo, solo como un ser antropológico que desciende de células vegetales o animales. Avergonzar a una persona, en hebreo, es “verter su sangre”. No respetar su semejanza con Dios. La sangre de Jesús se derrama por el nuevo mundo. Él está y sabe que no se le comprenderá. Que se le negará, que se dirá que se sabe mejor, que será perseguido, burlado, ninguneado, avergonzado, puesto en ridículo y al final será crucificado y matado. Dejará que su sangre sea derramada porque sabe que solo así puede llegar el mundo nuevo. Vive y muestra que el amor es diferente del mundo de las leyes, donde se devolvería el golpe, donde su fundaría un partido para poder defenderse y donde, en última instancia, se huye para ocultarse. Él no hace nada semejante. El mundo del amor solo puede ser si se pone frente a todo lo viejo. Es una salida de la ley y esa actitud es nueva. Porque en el mundo nuevo se comprenderá el perdón. No porque se haya sido bueno o piadoso, más bien por la gracia, sin contrapartida. Dios conoce el lado oculto de toda vida, conoce la totalidad de toda vida. La alianza nueva es con el ser humano completo. Todas esas subidas a los montes quieren advertir de la existencia del lado oculto. Para el nuevo mundo, Jesús rompe con su vida todas las legalidades inteligentes, estudiadas y dominadas y muestra el camino del amor, de la gracia. En la imagen es el vino derramado, el vino usado para la idolatría. Es derramado para que lo nuevo pueda venir. Jesús acepta todas las consecuencias de tal rotura. El ser humano en el que Jesús vive, dominará su vida de esta manera. Y porque lo vive en el fluir del tiempo, el reconocimiento del amor será para él una alegría inmensa y permanente. Porque en el fluir del tiempo siente la corriente de aquella fuente, en la que todo está cumplido ya. Con profunda certeza espera la venida del salvador, también en el tiempo. Sabe que el regreso del Cristo es la venida de un mundo nuevo también aquí en el tiempo, cuando la muerte, la enfermedad y la agresión han cesado y que todo está muy claro y luminoso. Y que Dios, a su manera amorosa, hará que la justicia prevalezca. Entonces el ser humano sabrá que el amor y la justicia son la misma cosa. Es así desde el principio del mundo. Getsemaní. Después de la cena salen todos fuera, al Monte de los Olivos. Se trata del sexto fruto, del fruto del sexto día, del viernes. Y es la tarde, el viernes ha comenzado ya. Según el relato de la creación: Y fue la tarde y la mañana el día quinto. Significa que estamos ya en el sexto día. En esta tarde y en la noche siguiente, Jesús comienza a hablar de su final, de un cambio decisivo. El mundo, el ser humano cambiará. La ley recibe el amor como vida nueva. Lo amargo de la oliva se anuncia. Recordemos que era la hoja del olivo la que le anunciaba a Noé el mundo nuevo después del diluvio. La paloma le aportaba la hoja. Y Jesús dice ahora las palabras de “Sakaryá”, del profeta, del portador de las palabras de Dios: Levántate, oh espada, sobre el pastor, y sobre el hombre compañero mío, dice el Señor de los ejércitos. Hiere al pastor, y se derramarán las ovejas; mas tornaré mi mano sobre los chiquitos. (Zacarías 13,7). Después de la limpieza que menciona Zacarías, el capítulo cierra con las palabras: diré: es mi pueblo; y ellos dirán: el Señor es mi Dios. Jesús anuncia a los doce discípulos: todos vosotros seréis escandalizados por mí esta noche. Seguidamente cita Zacarías 13,7 y añade: mas después de que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea (Mateo 26,31-32). Pedro dice seguidamente que nunca se escandalizará. Y Jesús contesta, señalándole la imposibilidad de tal fidelidad: de cierto te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces. Conocemos la historia y sabemos que Pedro no podría haber seguido en vida si no hubiera negado a Jesús. Es como Judas, “uno de los doce” en el ser humano. Y toda persona está muchas veces ante situaciones que le obligan a actuar así. En el fluir del tiempo nos vemos enfrontados con circunstancias que muestran que aquí no se pueden emitir juicios absolutos. Es necesario relativizar. Sin embargo, en el lado oculto Dios puede medir con absoluta certeza. Dios le ve al ser humano en su lado oculto, en su Ser, en su intención, su esperanza, su fe, su amor. Así comienza la noche en Getsemaní, “gat shemaním”, prensa de las aceitunas. Tan pronto llegan, comienza la presión, la transformación del fruto del sexto día. Del fruto del sexto día surge el octavo día, ese día imposible para la ley del mundo. Surge el aceite, el nombre del Ungido, el Mesías, el Cristo. Y el proceso que comienza en ese sexto día es penoso, causa tristeza. Cada persona, aun todo el mundo, conoce tales episodios dolorosos de decepciones, guerras, catástrofes, enfermedades. En breve comienza el sufrimiento y la presión. Son los dolores de parto de una nueva fase de vida. Jesús se dirige a Dios tres veces en esta noche con las palabras: Padre mío, si es posible, pase de mi este vaso. Es el sufrimiento de un cambio en el que algo precioso que se ha cuidado atentamente, parece perderse de pronto e incluye aquella certeza de que la vida termina en la muerte. Algo amado que causaba alegrías se va para siempre. Las circunstancias conocidas no volverán nunca más. Se conocen las bondades de Dios, por supuesto, pertenecen a su Ser. Y a pesar de todo, tener que ver cómo sucede, es una presión muy grande. Toda psicología se basa, en realidad, en lo insufrible que es la vida con sus inseguridades, sin saberse a dónde va. Pero por ello el ser humano ha recibido la revelación de la palabra. Y esta palabra divina tiene un lado abierto y otro cerrado, y descubrirlo puede regalarle gran consuelo. Salvo que no sepa, o no quiera saber nada de aquella fuente eterna, en la que todo está cumplido ya, hasta la salvación definitiva, hasta el nuevo mundo eterno, el nuevo cielo, la nueva tierra, ese Jerusalén nuevo. Y esa fuente está cerca, para agarrarla. Ningún desarrollo es necesario, ningún ejercicio y ningún estudio. Está presente en el ser humano mismo, porque vive en el aliento de Dios. Tan pronto Jesús se ausenta por un breve tiempo, los discípulos que le acompañan y a quienes comunica su desconsuelo, Pedro y los dos hijos de Zebedeo − cuyo nombre significa “regalo de Dios” − se duerman. Significa que nos es imposible cargar con el sufrimiento del otro, el peso es demasiado grande. Es la reacción en el fluir del tiempo, uno se vuelve apático y se defiende, tomando nota solo superficialmente, desde fuera. En el ser humano Jesús, Yeh’shúa, que tiene en sí la ayuda de Dios, el tiempo se lo acerca todo. Siente cómo transcurre la noche, que se acerca el momento decisivo. La reacción clara se desvanece, entra la resignación. La indiferencia. La “Nefesh” quiere dormir, finalmente descansar. Todos esos son signos preliminares de un cambio, también cuando una fase de la vida termina y otra comienza. Aun cuando se cree, conscientemente, que vaya rápido, demasiado rápido. Pero en el lado oculto del ser humano, el tiempo terrenal tiene otros valores. Allí, la intensidad de una vivencia − que aquí dura quizás solo una ínfima parte de un segundo − puede tener otra, una larga y significativa duración. No puede medirse con las medidas exteriores que usamos. Y en el momento en que se prende a Jesús, todos los discípulos huyen y le dejan solo. El camino de todo ser humano se desarrolla según este diseño en la eternidad. Todos los pensamientos, ideales, planes, agresiones, obsesiones se ausentan. Nuevas ideas, nuevos encuentros tienen lugar. El asunto principal es ¿tiene ese ser humano una relación con Dios? No con un dios que solo domina una parte de la vida, eso sería un ídolo. Con el Dios universal, el Eterno, el Único, al que se puede acercar, sintiendo: si yo quisiera regalar cosas buenas, ¡en qué medida increíblemente mayor lo quiere Dios! En el lado oculto del ser humano que tiene esta relación con Dios, viven los personajes de la Biblia. Así, la vida en el tiempo se nutre de la corriente que fluye de la eternidad. Y puesto que en el núcleo todo está ya cumplido, el diseño en el fluir del tiempo lleva ese cumplimiento. Lleva la muerte, sí, pero con la promesa de la resurrección, de la salvación definitiva. Lo importante es saber si se conoce la diferencia entre la santidad, la eternidad, la fuente y el tiempo que fluye de aquella fuente. Quien no la conoce, tiene en su Ser ese gran pecado contra el Espíritu Santo. Para él, los sucesos aquí están unidos con los sucesos de la Biblia de forma lineal. Sentir así es pecado. No comprende su propia vida, por no hablar de la vida del mundo. Solo la “remisión de los pecados” puede ayudarle. Ante el Alto Consejo y Pilato Las conversaciones en el Alto Consejo pueden resumirse así: ¿Cómo contestar a alguien que solo conoce las medidas de aquí? Si Jesús dice puedo derribar el Templo de Dios y en tres días reedificarlo ¿está hablando de una demolición material hecha por obreros de la construcción? Dibujan mapas de Palestina y lo llaman Tierra Santa. Están pidiendo aún la revisión del proceso contra Jesús con jueces modernos. ¿Puede darse mayor locura? Lo único que queda es callar y preguntar cómo el ser humano ha podido llegar a tal extremo, cómo es posible que se llamen judíos e Israel en lo exterior, mientras que su Ser es poseído por Satanás. ¿O quizás su exterior se ha separado del interior de tal manera que se trata de dos mundos totalmente diferentes? Luego la pregunta decisiva del gran sacerdote: si es verdad que tú eres el Hijo de Dios. Jesús contesta con las palabras conocidas: Tú lo has dicho. El gran sacerdote y los escribas no saben nada de la santidad, del Ser, ni tampoco del lado profano, temporal. Para ellos es santo aquello que llaman así y lo profano lo definen según sus propias medidas. Ser Hijo de Dios es algo imposible para ellos, una difamación terrible. No pueden saber lo que dice el lado oculto de la palabra. No tienen acceso al árbol de la vida porque hablan, actúan y viven según el veneno de la serpiente que se introdujo en ellos, al tomar del fruto del árbol del conocimiento. En el caso de una revisión del proceso en Jerusalén ¡deberían volver a formular esa pregunta decisiva! Aunque hoy dirían que haya sido un rabí poderoso con facultades sobrenaturales, un profeta, un visionario etc.- Un chiste macabro. Estas escenas en el flujo del tiempo, viniendo de la fuente, muestran la trama, el entramado. Y muchos tienen, sin saberlo, gran afinidad con esos escribas, ancianos y grandes sacerdotes. Naturalmente no solo de la parte judía. Creo que los escribas se suelen encontrar en la vida, sin más. La sentencia está dictada de antemano. Se quiere matar a Jesús, crucificarle. El gran sacerdote rasga su vestidura, en señal de duelo. Entregado a Poncio Pilato, este se da cuenta de las emociones hostiles y de la envidia engendrada y propone liberar a Jesús, puesto que en la fiesta es costumbre soltar a un prisionero. Pero el pueblo clama por la liberación de otro, de Barrabás. Ese nombre arameo significa “hijo del padre”. Solo que el arameo es la lengua profana y el hebreo la lengua santa, de la otra orilla. La gente entiende a un rebelde normal e incluso pueden encontrarle simpático. Pero a Jesús no le entienden. No quieren ser molestados con visiones de la eternidad, con una abolición de la ley. Quieren una receta para cada paso que dan, seguir en sus trabajos, comer bien y evitar todo lo desagradable. Los escribas tienen también recetas para el ocio, es decir, para matar el tiempo, pasar el tiempo sin más. ¿No conocemos todas estas imágenes de la vida diaria? ¿No se formulan en la vida algunas veces preguntas que solo pueden contestarse con el silencio porque sentimos que no se nos entiende? Pueden referirse a la política, a la literatura o incluso a la Biblia. Se calla, se asiente con la cabeza en el sentido de “si tú lo dices” … Con el sentimiento de que, en realidad, se está solo. En los momentos decisivos, se está solo. Escuchamos a ese Pedro fiel agitarse, retorcerse, para hacer creer, en contra de todas las afirmaciones precedentes, que no le conoce, que nunca jamás ha tenido nada que ver con él. El camino que comienza ahora está descrito en la Biblia solo muy brevemente. Jesús es azotado, repudiado, burlado, le escupen, le ponen en sus manos una copa de hiel. Está la esponja empapada en vinagre y el hecho de la crucifixión en sí y los dos ladrones, uno a la derecha, otro a la izquierda. Pensemos que en la historia del mundo se suceden los asesinatos, los robos, las torturas, las burlas sin interrupción. Y había y hay muchas maneras refinadas de tortura. En los campos de concentración, en los diferentes grupos revolucionarios y en la más inmediata cercanía. Algunas veces visibles, otras oíbles, con personas de todas las edades, con niños, con ancianos. Si proyectamos nuestras emociones, impulsos, perversidades y por supuesto también la compasión profunda sobre el sufrimiento de Jesús, puede que sea por motivos totalmente diferentes. Como si no supiéramos quién es Jesús; desde su punto de vista quizás es todo muy diferente. Porque dice varias veces que se levantará en tres días. Se olvida expresamente la victoria en la resurrección, el mundo nuevo, que todo termina más que bien. Si nos abrimos al camino de la pasión de Jesús, puede que comprendamos que está padeciendo este sufrimiento − en el núcleo, en el lado oculto − realmente por nosotros. Pero entonces no deberíamos ser tan poco delicados y tratar de encajar los sufrimientos de Jesús en la serie de nuestras penas terrenales, antiguas o nuevas. Sería la mentalidad de los fariseos y escribas, que quieren discutir con Jesús a nivel de lo terrenal exclusivamente. La Biblia habla del camino de pasión en el núcleo. Significa que todo ser humano vive cosas terribles en el tiempo, de muy diferentes maneras. ¿Pero qué significa que Jesús lleva las enfermedades, los pecados, la muerte por nosotros? ¿Cómo lo notamos, cómo puede ayudarnos? Hay que formular estas preguntas porque el sufrimiento del mundo es inimaginablemente grande. Jesús lo sufre allí, en la palabra de Dios. La palabra une el suceso exterior con aquel de la Biblia. Significa de verdad que algo así ha sucedido aquí en la tierra, visible para el ojo. Pero si es posible percibirlo físicamente como la Biblia lo cuenta, depende enteramente de la vida verdadera, de la vida oculta de cada uno. Y esa vida, justamente porque está oculta, no podemos conocerla y por tanto es imposible contarla o describirla según la verdad. Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros y nuestros hijos por siempre, para que cumplamos todas las palabras de la Torá. Pero debemos de leer la Biblia entera, dejar que Dios acabe de hablar y no interrumpirle constantemente. Porque la Biblia muestra que Jesús resucita de verdad y luego está junto a los discípulos. Cuarenta días bíblicos, es decir, todo el tiempo, mientras que haya tiempo. Y que después sube al cielo en la nube. Cincuenta días después de la resurrección en Pascua es Pentecostés. Y en ese día está de nuevo, de tal forma que aprendemos por Él el lado oculto de la palabra, con tal perfección que cada uno pueda entender al prójimo sin importar en qué idioma esté hablando. Jesús sufre estas amarguras por nosotros, para mostrar con total claridad que al final está la resurrección. En la palabra de Dios está y podemos creer en ella. Porque quisiera vivir en el Ser de cada persona. Y porque el suceso bíblico entra en el rio del tiempo, también la resurrección está, podemos creerlo, podemos confiar en que así sea, podemos ser fieles. La infidelidad es un final amargo, un final como la muerte. Pero la resurrección no solo puede hacernos creer y confiar, sino también hacer que seamos fieles. El gran regalo es pues que todos nosotros, aunque soportemos muchos sufrimientos − algunas veces un gran sufrimiento − podamos saber de la resurrección, de la eternidad, del mundo nuevo y del gran juicio, donde todo se rectifica, se corrige, donde lo torcido se endereza. Ese es el regalo. Jesús acepta el camino en Jerusalén, para que también allí se pueda hablar del amor de Dios y de la resurrección en la palabra. Y este regalo es para todo ser humano, no importa en qué país viva o de qué cultura sea. Las historias de la Biblia no conocen nuestra manera de vivir en el tiempo. Por ello, en el judaísmo casto, silencioso se dice: No hay antes ni después en la Torá. Aunque se cuenta de la resurrección al final, es válida para Adán y para Noé. Para todo el género humano. Así, tampoco el espacio está muy distante, aunque a veces lo parezca. Es decisivamente importante ver lo santo frente a lo profano. Entonces es imposible utilizar a la Biblia como objeto para un estudio sobre quién tiene la razón. Porque en el judaísmo, todo lo que está alejado del sentido y de la finalidad se llama impudicia, deshonestidad. Practicar la deshonestidad con una mujer significa en primer lugar que la mujer no está para eso, ni tampoco tú como hombre. Y se puede ejercer la deshonestidad en muchas áreas, por ejemplo, ¿están los animales para todo aquello que los utilizamos? Así también la Biblia sufre muchas veces esos despropósitos. Gólgota y el sepulcro vacío. He contado ya diferentes cosas de la cruz y de la crucifixión. Lo vivimos si nuestra vida es clavada al cuádruplo del tiempo. Por ejemplo, si decimos que vivió desde 1496 hasta su muerte en el año 1587. ¿Qué puede significar? ¿No ha estado ya antes, como hijo de Dios, desde siempre en Dios? ¿Y el año 1587 es el final definitivo? ¿No vive siempre, eternamente, en todo lugar? Pero ese es el resultado si se crucifica todo, si se echa todo al cuádruplo, a la noción lineal de tiempo. Es correcto decir que se le crucificó en el año 33 y ahora vivimos en el 1988 d.C. Mejor sería decir que nació en el año bíblico 3760 después de la creación. Puede que el mundo exista, según nuestra manea de percibir las cosas, desde unos veinte mil millones de años desde la Gran Explosión. Por ello, por favor, no hay que clavarlo al tiempo. ¿No dice él mismo que Dios no es Dios de un Abraham muerto? ¿Que la expresión Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es la prueba de que todos están vivos? La cruz, tal como se utiliza, me entristece. La crucifixión tiene lugar en el Gólgota, que se suele traducir como monte Calvario o lugar de la calavera. Pero la palabra hebrea de Gólgota dice otra cosa. Recordemos: gal, la forma que fluye, de ahí viene Galilea. Y “gat”, prensa, que figura en la palabra Getsemaní. Mientras que allí se prensan las aceitunas, aquí se aprieta la forma. La transformación sucede allí. Quien cree que ha muerto está inmerso en un considerable malentendido. Parece que solo estáis observando lo exterior, llamáis “vida” a lo que veis, a lo que tocáis. Pero yo digo que sigue viviendo entre vosotros. Y vosotros, dentro de vuestras estrecheces, de vuestro corto entendimiento, no lo habéis ni notado. Y seguramente vive de forma inimaginable en el mundo, en vosotros, en los demás. En todo caso, vive. La Biblia habla de gal 3-30, de la forma. Y conocéis el “galut” 3-30-6-400, el destierro, el exilio en la forma, y la “gueulá” 3-1-30-5, la salvación de la forma. La palabra gal es también una onda en el agua, en el tiempo. Así, el nombre Galilea contiene ya la noción de esta transformación en el tiempo. Y entendemos de pronto por qué Jesús dice que volverá a ver a los discípulos en Galilea (Mateo 26,32). También la palabra Gólgota contiene ese gal. Milagros de la palabra, si comenzamos a percibir su santidad. Viene luego José de Arimatea. El lugar de su procedencia se llama “Ramatayim”, en hebreo, “lo doblemente elevado”. “Ram” 200-40, elevado. Del trono de Dios se dice que es “ram”, elevado. Y el profeta que unge a los dos reyes Saúl y David, por su padre “Elkaná”, es de “Ramatayim Tsofim” (I Samuel 1,1). Es la dualidad de aquel que es elevado: Dios en el cielo, Dios en la tierra. El nombre “tsofim” significa “de los observadores”. El monte Scopus en Jerusalén se llama en hebreo “har ha-tsofim”, “el monte de los observadores”. “Elkaná” significa Dios ha comprado. La Biblia nos entrega en sus palabras una invitación a entrar en el palacio. El hombre que va a Poncio Pilato para pedir el cuerpo de Jesús se llama José, “el Señor dé más, añada”. Como en el Salmo 81,6: “Ho-saf”. El Señor añade. Da su sepulcro nuevo para ello. Los nombres José y “Ramatayim” contienen ya el hecho de la resurrección. Lo doble, lo que se añade. La vida aquí y la vida allá. En cuanto a las controversias sobre si los discípulos de Jesús no podían robar el cuerpo de Jesús para luego decir que había resucitado, entendemos ahora que solo pueden surgir en la mente de un fariseo o de un escriba o de aquellos que escudriñan la Biblia científicamente. Porque el sepulcro está vacío. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lucas 24,5). La vida no termina en el sepulcro. Aunque ciertamente, según la ley natural debe de haber fosas y cementerios. ¿Pero buscar allí a los que viven? ¡Que los muertos entierren a los muertos! Aquel que hace el camino sabe a dónde va: al país prometido, al paraíso, a la eternidad. Jesús va delante a Galilea. Los discípulos y también otros no reconocen a Jesús en primer lugar. Y los discípulos de Emaús solo le reconocen cuando “partió el pan” con ellos. Partir el pan y repartirlo, lo sabemos ya, es la comunicación de la palabra de Dios, viniendo de Su boca. El pan no solo como alimento, sino conociendo su lado oculto y aquello que comunica de la palabra divina. La pesca después de la resurrección. En Juan 21 se habla de la pesca después de la resurrección. Los discípulos no le reconocen. Cuando Jesús les pide algo de comer, dicen que no tienen nada. Les aconseja echar la red a la mano derecha del barco. No habían cogido nada en la noche anterior. Pero ahora la red está tan llena, que no podían en ninguna manera sacarla, por la multitud de los peces. Y esta vez se cuentan los peces y son exactamente 153 grandes peces. No debemos pasar sin más por encima de este número mencionado después de la resurrección. Porque puede decirnos mucho de lo que significa la resurrección para nosotros, que estamos en el fluir del tiempo. Se puede entender este número mejor desde el lado hebreo. La palabra “bien, bueno” es tov 9-6-2. Aparece varias veces en el relato de la creación, en Génesis 1. Cada día en que Dios observa su obra está escrito: Y vio Dios que era bueno, y al final del sexto día está escrito: he aquí que era bueno en gran manera. Es decir, muy bueno. Y cuando se habla del árbol del bien y del mal, también “bien” es siempre “tov”. La palabra habla, en su lado oculto, de la noción 17, como se deduce del valor de las letras 9-6-2. Solo se puede considerar un número como perfectamente cumplido si todas las fases del camino para llegar a ese número se toman en consideración. Porque, ¿qué pasa si se ha llegado a la meta y se ha olvidado toda la historia del camino, o si solo queda un recuerdo melancólico o, quizás, alegre? Si solo quedan pensamientos nostálgicos de un hermoso pasado que entristecen. La noción 17 aparece muchas veces en la Biblia, siempre al final de una fase. Como por ejemplo al final de un día de creación. O cuando el diluvio pone fin a todo un mundo, estamos en el año bíblico 1656, es decir, el siglo xvii. Puede calcularse fácilmente por la edad de aquellas diez generaciones primeras. Y cuando los hermanos venden a José y una nueva fase comienza para todos, José tiene 17 años (Génesis 37,2). Es decir, es bueno, aunque en el momento pensaríamos todo lo contrario, como lo pensamos también del diluvio. Y el pecado con aquel becerro dorado (Éxodo 32) sucede en un día 17 del cuarto mes. Tanto la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia − igual que mucho más tarde por el romano Titus − sucede en un día 17 del cuarto mes. Además, la tradición cuenta que Moisés, cuando tenía 17 años tuvo que huir de Faraón, es decir, su vida principesca en el palacio llegaba a su fin. Si la vida ha transcurrido y es bueno, es decir 17, puede preguntarse a justo término: ¿Y por qué he fallado el examen en aquel día? Porque había mucha preocupación por el asunto. O quizás se piensa en el día del fallecimiento de una persona querida. O en días pasados, hermosos pero pasados. Solo puede ser realmente bueno si todo lo desaparecido y todo lo torcido estuviese de nuevo rectificado, enderezado, corregido. Significaría que en el 17 estuviese también la fase 16, que quizás es la fase de ayer, y por supuesto también las fases 15 y 14, hasta incluso el primer comienzo, las fases 2 y 1. Ahora, si toda la vida debe estar presente junto con el 17 del final, del último paso, resulta justamente el número 153, como puede calcularse fácilmente por sí mismo. Que la pesca pues tenga exactamente 153 peces quiere decir que Jesús, después de su resurrección, vuelve a recoger a cada una de sus fases vividas. Se recogen del agua, se sacan del tiempo. Y llega la comida. Todo está ya preparado, el carbón, el pan y los peces. Toda su vida está presente, concretamente. Nada se ha olvidado, nada se ha pasado por alto. Porque es realmente bueno, si no solo el final es bueno, sino si nos damos cuenta, llenos de asombro, de que todo desde siempre ha estado bien. Y que solo nosotros, teniendo nuestra mente fija en las cosas exteriores, juzgamos con ligereza, criticamos, dramatizamos y malentendemos. Pero ahora vemos que todo está bien. Todo está nuevo, rectificado, explicado. El diluvio, la venta de José, la huida de Moisés, el becerro dorado, Nabucodonosor, Titus etc. Jesús habla allí, con los peces sacados del agua, del verdadero significado de Judas, de Caifás, de la samaritana. En la resurrección, están todas las fases de la vida. Quién le busca en el sepulcro, está pensando que la vida sigue en algún lugar de alguna forma. En el sentido de los libros de los Muertos de aquellas comunidades que no conocen el regalo de la Biblia. Estoy incluyendo a los espiritistas. Pero podemos estar en Galilea, descubrir la palabra en la forma y liberarla de la funda, de la envoltura. La funda es buena para su protección, igual que la piel de una fruta, o la cáscara alrededor del grano de trigo. De no ser así, no tendríamos nunca pan, ni tampoco la Casa del Pan. Es igualmente bueno en el caso de las instituciones. Protegen lo interior, lo santo. Y por esta protección puede el grano precioso crecer y convertirse en pan. Bajo esta protección puede vivir mucha gente, conocer la dicha y, en su silencio, convertirse en grandes y santas figuras. Sin esta envoltura, lo delicado, lo interior hubiera muerto quizás hace tiempo. Para ello, Dios le da al ser humano la piel, su envoltura. Pero al final ya no la necesita. No reconocen a Jesús en su vestidura nueva. Tampoco aquellos que le han visto y han hablado con él hace solo tres días. El parecido está, naturalmente, pero también está la expresión de cada momento vivido, también de lo interior, de lo que anteriormente estaba oculto. Ver texto completo en siguiente link: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2021/12/14/estudios-de-tora-9/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com