La curiosidad, fuente inagotable de aprendizaje
Sobre este episodio
Un día cualquiera, no resististe la tentación y, a pesar de las advertencias de tu madre, acercaste la mano al fogón caliente en la estufa. ¿Resultado? Un drama familiar que terminó en la sala de urgencias de la clínica, con quemaduras de primer grado que te dejaron una cicatriz y, también, una lección . Ah, por supuesto, también una reprimenda terrible y un castigo que jamás olvidaste. Nahuel, un sobrino, solo tenía 8 años y mucha curiosidad. Era un chiquillo inquieto, con los sentidos despiertos y siempre en busca de nuevas experiencias, de aventuras. Por eso mismo, con frecuencia se metía en líos , asumía riesgos que su nivel de consciencia no le permitían identificar. Como esa vez que se quemó en el fogón, porque no resistió la tentación y pagó un caro precio. Ese episodio ocurrió hace algunos años, pero Nahuel no lo olvida. Ahora, a punto de convertirse en un adulto, mantiene fresco el recuerdo. Claro, la cicatriz que quedó en su mano, y que es motivo de burlas y matoneo de sus compañeros en el colegio, le impide olvidar . “Tendrás que cargar con eso toda la vida, por no hacer caso” , es la sentencia que escucha de sus padres.