Vivir sin un plan establecido, un desperdicio
Sobre este episodio
Ese día, Miguel cumplía 42 años y, como era su costumbre, tenía armada una fiesta con sus amigos. Como buen fanático de la salsa, el baile y la música eran componentes importantes de la celebración, así como esas amigas que, como solía decir, “no saben decir no” . Sin embargo, una noticia inesperada y trágica le cambió los planes y, de paso, cambió la vida para siempre. En la tarde, mientras dormía la siesta después del almuerzo, Ramón, su padre, de 83 años, sufrió un infarto y murió. No se dio cuenta, nadie se dio cuenta. Fue Teresa, su hermana mayor, que cuidaba a su anciano padre, la que lo descubrió durmiendo plácidamente en la cama . Cuando lo llamó y no reaccionó, entró en pánico y llamó una ambulancia, pero ya nada se podía hacer. Los paramédicos, 20 minutos más tarde, confirmaron el deceso y la causa: un infarto fulminante. Cuando le sonó el teléfono, ya Miguel estaba en modo fiesta , con música a alto volumen y tomando una cerveza “para calentar” . La alegría se le fue al piso cuando escuchó a su hermana ahogada en llanto, con dificultad para articular las palabras: “se fue, Miguel, el viejo se murió” , le dijo .