Dejar de pedir perdón por ser “intensa”
Sobre este episodio
Te cuento algo que me da un poco de vergüenza admitir: yo era de las que juzgaba a la gente intensa. Me molestaba ver a alguien hacer mucho ruido o emocionarse de más, hasta que entendí que en realidad me moría de envidia porque yo no me lo permitía. En este episodio te hablo de esa parálisis absurda de querer gritar de alegría o llorar en el cine y tragártelo todo por no incomodar a nadie. De cómo nos acostumbramos a vivir con el freno de mano puesto y de por qué, honestamente, ya da igual lo que piensen. Si sientes mucho, siéntelo y ya.