Lamentaciones 4 "El castigo de Sion consumado"
Sobre este episodio
La santidad de Dios es la perfección absoluta de Su ser, que lo separa de todo pecado, impureza y corrupción. Él es completamente puro, justo y distinto de Su creación caída. Su santidad no es solo una cualidad entre otras, sino el fundamento de todas Sus acciones: todo lo que Dios hace es santo porque Él es santo. Esta santidad exige que el pecado sea juzgado, por fidelidad a Su carácter justo. El juicio no es arbitrario, sino una expresión de la santidad divina que no puede tolerar el pecado persistente, especialmente cuando es cometido por aquellos que debían representarlo. Reconocer la santidad de Dios nos lleva a reverenciarlo, a vivir en obediencia, y a depender de Su gracia.