Ezequiel 24 "Parábola de la olla hirviendo"
Sobre este episodio
El juicio de Dios es la expresión de su santidad y justicia frente al pecado. No es impulsivo ni arbitrario, sino profundamente coherente con su carácter: Dios juzga porque es justo, y no puede ignorar la rebelión contra su voluntad. El juicio se manifiesta como una respuesta inevitable a la corrupción persistente, porque el pecado ha penetrado hasta lo más profundo del ser humano. El juicio, entonces, no es solo castigo, sino también una forma de purificación y advertencia: Dios castiga para restaurar la verdad, la reverencia y la comunión con Él. Así, el juicio divino es también una invitación al arrepentimiento.