Ezequiel 25 "Profecía contra Amon, Moab, Edom y los filisteos"
Sobre este episodio
La soberanía de Dios se refleja en que Él gobierna con autoridad suprema sobre toda la historia humana, sin excepción. Ningún imperio, cultura o frontera escapa a su dominio eterno. Dios juzga al mundo no solo por sus actos, sino por su actitud hacia Él. Dios no reacciona a los eventos, sino que los ordena según su propósito eterno. Las naciones pueden planear, conquistar o burlarse, pero es Jehová quien establece sus límites, determina sus destinos y usa incluso su maldad para cumplir sus designios justos. Así, la soberanía divina es un consuelo para el hijo de Dios, porque toda autoridad humana está subordinada al Rey eterno.