Ezequiel 35 "Profecía contra el monte de Seir"
Sobre este episodio
La justicia de Dios es su fidelidad absoluta a lo que es recto, santo y verdadero; Él no puede pasar por alto el pecado ni dejarlo impune. Sin embargo, en Cristo se revela una gracia que no anula la justicia, sino que la satisface plenamente: Jesús cargó con la culpa de los pecadores, recibiendo en la cruz el justo castigo que merecíamos. Así, Dios permanece justo al castigar el pecado, y al mismo tiempo es el que justifica al que cree en Jesús. Dios nos libró del juicio merecido y nos capacita para vivir en santidad.