Zacarías 12 "Liberación futura de Jerusalén"
Sobre este episodio
La gracia de Dios es su favor inmerecido mediante el cual Él obra en nuestro corazón para traer arrepentimiento y restauración. No es algo que el hombre pueda producir por sí mismo, sino una obra soberana de Dios que abre los ojos espirituales y lleva a reconocer el pecado. La gracia no solo ofrece salvación, sino que transforma el corazón en uno sensible e inclinado a Dios. Así, la gracia divina no depende del mérito humano, sino del propósito eterno de Dios, quien llama, convence y restaura a su pueblo para vivir en comunión con Él.