Malaquías 2 "Reprensión de la infidelidad de Israel"
Sobre este episodio
La santidad de Dios es la perfección absoluta de su ser, por la cual Él es totalmente puro, apartado de todo pecado y moralmente perfecto; no hay en Él sombra de maldad ni cambio alguno. Esta santidad exige fidelidad sincera y obediencia de corazón, no una religiosidad externa o hipócrita. Por eso, Dios demanda que quienes le pertenecen vivan en integridad, honrando su nombre en cada área de sus vidas. Dios llama a su pueblo a ser santo porque Él es santo, y a permanecer fiel porque Él mismo es perfectamente fiel a sus promesas.