Mateo 20 "Los obreros de la viña"
Sobre este episodio
La gracia soberana de Dios es su favor inmerecido concedido libremente a pecadores que no tienen ningún mérito para reclamarlo. Dios no salva porque el hombre sea más digno, más esforzado o haya hecho algo para ganar su aceptación, sino porque, conforme a su eterno propósito, decidió mostrar misericordia para la gloria de su nombre. La salvación es un regalo de la gracia divina y no una recompensa por las obras humanas. La gracia soberana exalta la justicia, la bondad y la libertad de Dios para hacer conforme a su perfecta voluntad y dirigir toda la gloria únicamente al Él.