Marcos 7 "La fe de la mujer sirofenicia"
Sobre este episodio
La gracia de Dios es absolutamente soberana y no está condicionada por el origen, la condición ni los méritos de ninguna persona. Nadie puede reclamar su misericordia como un derecho, porque todo lo que recibimos de Él proviene únicamente de su gracia. En nuestra total incapacidad espiritual, Cristo se revela como el único y suficiente Salvador, poderoso para perdonar, restaurar y transformarnos conforme a su perfecta voluntad. Por eso, la verdadera fe reconoce nuestra absoluta necesidad de Dios, renuncia a toda confianza en los propios méritos y descansa humildemente en la bondad, el poder y la misericordia de Cristo, de quien procede toda nuestra esperanza y salvación.