Marcos 15 "Jesús ante Pilato"
Sobre este episodio
Jesucristo, siendo santo, justo y sin pecado, se sometió voluntariamente a la humillación y a una condena injusta para cumplir el propósito eterno de redención. Debido a nuestra naturaleza caída, todos somos culpables delante de Dios e incapaces de satisfacer su justicia por nuestras propias obras. Solamente Cristo, mediante su obediencia perfecta y su sacrificio sustitutorio, podía llevar sobre sí la condenación que merecíamos. La salvación es una obra de la gracia soberana de Dios, quien entregó a su Hijo para reconciliar consigo a pecadores que no podían salvarse a sí mismos. Nuestra esperanza no descansa en nuestra justicia, sino en la justicia perfecta de Jesucristo.