El engaño de la CNTE
Sobre este episodio
El engaño de la CNTE es doble.Primero, engaña cuando dice defender la educación pública. Segundo, engaña cuando se presenta como una fuerza opositora al gobierno. En realidad, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación no es ni una cosa ni la otra: no defiende la educación y tampoco combate al poder. Es una corporación política que vive de presionar al Estado, tomar como rehén a la ciudadanía y cobrar privilegios con cargo a los contribuyentes.La CNTE no representa al maestro que todos los días entra al salón de clases, trabaja en condiciones difíciles y busca que sus alumnos aprendan. La CNTE representa a una estructura de presión. Una maquinaria corporativa que durante décadas ha entendido que bloquear una calle, tomar una caseta, paralizar una carretera o amenazar un evento público puede ser más rentable que dar clases, cumplir reglas o competir por mérito.Ese es el primer engaño: presentarse como movimiento magisterial cuando en realidad opera como una estructura de chantaje político.Sus demandas no giran alrededor de mejorar el aprendizaje de los niños, elevar la calidad educativa o premiar a los buenos docentes. Sus demandas reales son otras: control de plazas, poder sindical, pensiones más generosas, eliminación de filtros, desaparición de evaluaciones incómodas y capacidad para seguir interviniendo en la vida pública mediante la presión callejera.Por eso la reforma educativa de Enrique Peña Nieto les resultó tan peligrosa.Con todos sus errores, aquella reforma introdujo una idea elemental: que el ingreso, la promoción y la permanencia en el servicio docente debían depender de reglas, concursos y evaluaciones; no de cuotas sindicales, herencias políticas o arreglos corporativos. La reforma intentó quitarle al sindicato y a sus grupos de presión una de sus herramientas más valiosas: el control de las plazas.No era una discusión meramente pedagógica. Era una disputa de poder.Si una plaza se gana por concurso, el líder sindical pierde margen. Si una promoción depende de reglas, el intermediario político pierde poder. Si el Estado recupera la rectoría sobre el sistema educativo, la corporación pierde territorio. Eso fue lo que entendió la CNTE desde el primer momento. Por eso no reaccionó como un sindicato preocupado por la calidad educativa, sino como una fuerza que sentía amenazado su negocio.Bloqueó, marchó, paralizó y convirtió cada carretera en mesa de negociación.El gobierno de Peña Nieto, con Aurelio Nuño al frente de la Secretaría de Educación Pública, intentó diezmar ese poder corporativo. No lo consiguió del todo, pero sí lo golpeó. La reforma educativa afectó directamente a una de las estructuras más resistentes del viejo México: el sindicalismo magisterial que había convertido la educación en botín.Y ahí apareció Andrés Manuel López Obrador.La CNTE encontró en López Obrador a su aliado natural. Él necesitaba fuerzas de movilización contra el viejo régimen; ellos necesitaban un político dispuesto a devolverles margen de maniobra. La alianza fue funcional. La CNTE combatió la reforma educativa de Peña Nieto y el obradorismo utilizó esa inconformidad para alimentar su narrativa: todo intento de ordenar el sistema era “neoliberal”, “represivo” o “contra los maestros”.Cuando López Obrador llegó al poder, pagó la factura.En 2019 se desmontó buena parte de la reforma educativa. Se abrogó la Ley General del Servicio Profesional Docente y se canceló el corazón político de aquel modelo: la evaluación como mecanismo de permanencia y control. El obradorismo presumió que había terminado con la “mal llamada reforma educativa”. Para la CNTE, fue una victoria. Para los ciudadanos, fue el regreso de una vieja lección mexicana: cuando un grupo organizado bloquea lo suficiente, el Estado cede.Pero el problema de alimentar a una corporación de este tipo es que nunca se sacia. La CNTE no se conformó con recuperar poder. Quiso más. Y ahora volvió a tomar al país como rehén, esta vez durante el Mundial, justo cuando México está frente a los ojos del mundo. No fue casualidad. Fue cálculo. Para la Coordinadora, la inauguración mundialista no fue un evento deportivo: fue una oportunidad de presión. Si el gobierno quería vender estabilidad, fiesta y control, la CNTE entendió que ese era el momento exacto para encarecer su silencio.Ese es el segundo engaño: hacerle creer a la población que la CNTE está contra el gobierno.No lo está. No en el sentido real.La CNTE no es una oposición democrática al poder. Es una fuerza de presión que ha sido funcional al poder morenista. Fue útil para debilitar al gobierno de Peña Nieto, útil para construir la narrativa obradorista contra la reforma educativa y útil para demostrar que Morena podía pactar con los viejos grupos corporativos mientras hablaba de transformación.La CNTE no fue derrotada por la Cuarta Transformación. Fue rehabilitada por ella.Por eso la escena actual es tan hipócrita. La Coordinadora bloquea, amenaza y presiona como si estuviera enfrentando al gobierno, pero en realidad está cobrando una deuda política a sus propios aliados. No es una rebelión contra el régimen. Es una disputa interna dentro del mismo ecosistema de poder.La CNTE juega a ser oposición en la calle mientras conserva el lenguaje, las alianzas y los beneficios de haber sido parte del movimiento que llevó a Morena al poder. Se disfraza de resistencia, pero funciona como instrumento de presión. Se vende como víctima del Estado, pero actúa como una extensión del Estado fallido: impone condiciones, bloquea libertades, toma espacios públicos y obliga a los ciudadanos a pagar el costo de su chantaje.El gobierno, por su parte, simula firmeza. Dice que no cederá, que dialogará, que escuchará a los maestros, que pondrá orden. Pero la realidad es que la CNTE existe con esta fuerza porque el propio gobierno la alimentó. Morena creyó que podía usarla contra sus adversarios y después administrarla desde el poder. Como tantas veces ocurre, el monstruo que se cría para atacar a otros termina mordiendo la mano de quien lo alimentó.Y entonces llegó el Mundial.Ese fue el momento perfecto para exhibir el engaño. Durante días, la CNTE elevó el tono, amagó con movilizaciones, amenazó con afectar accesos, casetas, avenidas y puntos estratégicos. No escogió cualquier fecha. Escogió el momento en que el gobierno más necesitaba estabilidad. Escogió el escaparate internacional. Escogió la postal que la Cuarta Transformación quería venderle al mundo: un México ordenado, festivo, controlado y feliz.La CNTE entendió dónde dolía.No protestó por convicción. Presionó por cálculo.Ese es el método de la extorsión política: escoger el momento de mayor vulnerabilidad del gobierno, elevar el costo del conflicto y obligar al poder a pagar por una paz temporal. La CNTE no buscaba justicia; buscaba encarecer su silencio. No quería resolver un problema educativo; quería convertir el Mundial en moneda de cambio.Y eso fue lo que ocurrió.La amenaza se infló antes de la inauguración. La presión creció cuando el gobierno más necesitaba orden. Las calles, los accesos, las casetas y el Estadio Azteca se convirtieron en instrumentos de negociación. Pero una vez que la Coordinadora consiguió sentar al gobierno, arrancar ofrecimientos y recordarle a Palacio Nacional que aún conserva capacidad de daño, la épica se desinfló. El supuesto movimiento social se reveló como lo que siempre fue: una mesa de cobro.Ahí está la prueba.Si la CNTE estuviera defendiendo una causa histórica, no mediría su intensidad según la rentabilidad política del momento. Si estuviera luchando por la educación, no usaría a los niños sin clases como carne de negociación. Si estuviera enfrentando al gobierno, no actuaría como acreedor político de ese mismo gobierno. Lo que vimos no fue una rebelión magisterial: fue un cobro de factura. Primero amagaron con mancharle el Mundial a la 4T. Después negociaron. Luego bajaron el costo del conflicto. Y al final, como siempre, la factura no la pagó el gobierno: la pagaron los ciudadanos.Porque cuando decimos que la CNTE le sacó dinero al gobierno, hay que decirlo completo: ese dinero no sale de Claudia Sheinbaum, ni de Morena, ni de los funcionarios que negocian en oficinas con aire acondicionado. Sale de los contribuyentes. Sale del trabajador formal. Sale del comerciante. Sale del ciudadano que no puede bloquear una carretera para exigir privilegios. Sale de quienes sí producen, sí pagan impuestos y sí cumplen reglas.Ese es el verdadero engaño.La CNTE simula pelear contra el gobierno, pero en realidad presiona al gobierno para que el gobierno extorsione a los contribuyentes en su nombre. Hace ruido contra el poder, pero cobra a través del poder. Se presenta como víctima del Estado, pero utiliza al Estado como ventanilla de pago.No es oposición. Es un brazo de choque de presión política que el propio régimen alimentó.Por eso el Mundial no mostró la fuerza moral de la CNTE. Mostró su naturaleza mercenaria. Protestaron cuando la protesta servía para subir el precio. Se replegaron cuando el precio empezó a pagarse. Y dejaron claro que su conflicto no era con el abuso del poder, sino con el tamaño de la tajada que el poder estaba dispuesto a entregarles.La exigencia actual de la CNTE revela hasta dónde llega su ambición. Ya no se trata solamente de salarios, plazas o control sindical. Ahora exige abrogar la Ley del ISSSTE de 2007, es decir, revertir el sistema de pensiones para regresar a un modelo más costoso, financiado inevitablemente por los contribuyentes.Traducido al español claro: no solo quieren que se les pague mientras abandonan aulas, movilizan contingentes y bloquean ciudades; también quieren que se les pague más por no trabajar después de cumplir ciertos años de supuesta labor. Y quieren que esa cuenta la paguen millones de mexicanos que no tienen esas condiciones, que no pueden paralizar avenidas, que no tienen una corporación detrás y que sí deben cumplir la ley para sobrevivir.Ese es el punto moral de fondo.La CNTE dice hablar por el pueblo, pero siempre cobra contra el pueblo. Cuando bloquea una calle, no afecta al “neoliberalismo”: afecta al trabajador que va tarde, al comerciante que pierde ventas, al enfermo que no llega a consulta, al ciudadano que paga impuestos y además paga las consecuencias de la protesta. Cuando toma una caseta, no castiga al gobierno: castiga al usuario. Cuando paraliza una ciudad, no libera a nadie: secuestra la movilidad de todos.Y cuando exige privilegios pensionarios sin explicar quién los financia, la respuesta es evidente: los financian los contribuyentes.Ese es el mecanismo de la extorsión política. La CNTE aprieta al gobierno, el gobierno negocia para comprar paz temporal y la factura termina cayendo sobre la sociedad. No paga el presidente. No pagan los funcionarios. No pagan los líderes sindicales. Paga el ciudadano común: con impuestos, con tiempo perdido, con servicios públicos deteriorados, con clases suspendidas, con calles bloqueadas y con un Estado cada vez más débil frente a los grupos que saben presionarlo.Por eso sus protestas no deben confundirse con causas legítimas.Hay causas reales en México. Las madres buscadoras tienen una causa real: exigen encontrar a sus hijos ante un Estado que les ha fallado de manera brutal. Las víctimas de la violencia tienen una causa real: exigen justicia en un país tomado por el crimen. Los ciudadanos afectados económicamente por las malas decisiones del gobierno tienen una causa real: trabajan, pagan impuestos y aun así reciben inseguridad, inflación, servicios deficientes y desprecio institucional.La CNTE no pertenece a esa categoría. La CNTE no protesta porque el Estado haya abandonado a los indefensos. Protesta porque quiere más poder dentro del Estado. No busca liberar al ciudadano del abuso; busca conservar su capacidad de abusar. No pelea contra los privilegios; pelea por los suyos. No quiere terminar con el corporativismo; quiere administrarlo en su beneficio.Ese es el verdadero fraude: hacer pasar una agenda de privilegios por una lucha social.Por supuesto, hay maestros honestos. Hay docentes que trabajan en comunidades difíciles, que enfrentan carencias, que hacen más de lo que pueden con menos de lo que deberían tener. Precisamente por ellos hay que separar al maestro del aparato. Una cosa es el profesor que enseña; otra muy distinta es la estructura que usa al profesor como escudo político. Una cosa es pedir mejores condiciones laborales; otra es bloquear el país para imponer privilegios fiscales, laborales y sindicales.La educación pública merece defensa. La CNTE merece escrutinio.Y ese escrutinio debe empezar por desmontar su narrativa. No son mártires. No son una resistencia democrática. No son el último dique contra el poder. Son parte del viejo México corporativo que Morena prometió sepultar y terminó resucitando. Son la demostración de que la Cuarta Transformación no acabó con las prácticas del pasado: las adoptó, las maquilló y las puso a trabajar a su favor.La CNTE no contradice a la 4T. La revela.Revela su desprecio por el mérito. Revela su incapacidad para aplicar la ley. Revela su dependencia de grupos clientelares. Revela su debilidad frente a las corporaciones que bloquean, gritan y amenazan. Revela que, detrás del discurso de transformación, sigue viva la misma lógica de siempre: pactar con grupos de presión, repartir privilegios y trasladar la factura al ciudadano.Por eso no hay que depositar ninguna esperanza en la CNTE.No es una fuerza democratizadora. No es una reserva moral. No es la voz de la educación pública. Es una corporación que aprendió a vivir del chantaje y que se alimenta de gobiernos débiles. Hoy presiona al gobierno de Morena no porque sea su enemiga, sino porque sabe que ese gobierno le debe demasiado. Sabe que fue aliado. Sabe que fue útil. Sabe que tiene capacidad de daño. Y sabe, sobre todo, que en México demasiadas veces se premia al que bloquea y se castiga al que cumple.Ese es el engaño de la CNTE.Engaña cuando dice defender a los niños, pero abandona las aulas. Engaña cuando dice defender al maestro, pero protege estructuras de poder. Engaña cuando dice combatir al gobierno, pero ha sido uno de sus brazos de presión más útiles. Engaña cuando habla de justicia, pero exige privilegios. Engaña cuando se dice pueblo, pero le cobra al pueblo cada una de sus victorias.México no necesita rendirse ante la CNTE. Necesita recuperar el Estado de derecho.Porque donde manda el bloqueo, no manda la ley. Y donde no manda la ley, siempre terminan pagando los mismos: los ciudadanos que trabajan, producen, pagan impuestos y sostienen, una vez más, el costo de los privilegios ajenos. Arturo Herrera escribe sobre economía, política y cultura. Director de La Derecha Diario México y colaborador en ADN Noticias. This is a public episode. If you'd like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit enlamira.substack.com/subscribe