LA SEMANA DE YURI PÉREZ | Un pelo de
Sobre este episodio
Maru Campos, Claudia Sheinbaum y el príncipe que México no encuentra El pleito entre la gobernadora de Chihuahua y la presidenta de la República no es solo un chisme sabroso de alta política: es una cortina que se descorrió por accidente y nos dejó ver cómo se negocia el poder en México. Lo que se ve detrás no demuestra que estemos condenados a ser gobernados por rufianes, como sugieren algunos en el círculo rojo. Demuestra que necesitamos gobernantes capaces de hacer el mal cuando es necesario, pero no inclinados a él, e instituciones que los contengan cuando se les olvide la diferencia. La escena Ciudad Juárez, un saloncito junto al aeropuerto. La presidenta acaba de aterrizar y la gobernadora la está esperando; fue ella quien pidió el encuentro, por escrito. Se quedan solas, y lo que sigue, según lo cuentan las dos, son unos diez minutos de reclamos a gritos. Que metiste a la CIA por la puerta de atrás. Que me acusaste de traición a la patria desde la mañanera. Que la dirigente de tu partido está metida con el narco. Que la que está metida eres tú. Al final, según le contó Maru Campos a Carlos Loret de Mola, la presidenta se despidió con una frase: «No tienes un pelo de…». La gobernadora no se atrevió a terminarla; fue Loret quien la completó: pendeja. Y ahí está la clave de toda esta historia. En el lenguaje del poder mexicano, «no tienes un pelo de pendeja» no es un insulto. Es un reconocimiento. Es lo que una jugadora le dice a otra cuando se da cuenta de que la otra entendió perfectamente cómo está el tablero y qué se puede negociar. No es la despedida de dos enemigas, sino la de dos mujeres que, después de gritarse, acaban de entenderse. Por eso ese mismo día las dos salieron a decir que la reunión había sido positiva y necesaria. Un mes después nos enteramos de los gritos. Ninguna telenovela de las nueve se habría atrevido a tanto. Crónica de una traición anunciada La historia, en corto. En abril de 2026, dos agentes de la CIA mueren en la sierra de Chihuahua al regresar de un operativo contra un narcolaboratorio en el que, según el gobierno federal, nunca debieron estar. Morena acusa a la gobernadora de traición a la patria, le organiza una marcha y le promueve un juicio político que se cae solo. En septiembre, las dos se reúnen y se gritan. Lo que pasa en octubre parece coreografiado. A mediados de mes, la gobernadora declara que su fiscal actuó por la libre. Tres días después, la fiscalía del estado lo detiene, y a la salida de la audiencia ya lo está esperando la FGR para volver a detenerlo, nada menos que por traición a la patria, una acusación ridícula, porque con los hechos que se conocen el tipo penal ni siquiera se configura. A la mañana siguiente, la presidenta anuncia que no hay pruebas contra la gobernadora. Cada paso llega justo a tiempo para el siguiente. Y cuando las coincidencias se acomodan tan bien, es porque alguien las acomodó. Frenemies Yo no creo en la sororidad, menos en la política. Creo en las alianzas convenientes. Lo que vimos entre estas dos mujeres es la relación clásica de las frenemies, que se necesitan, se desprecian y se usan, todo al mismo tiempo. Lo vi desde abril, cuando la presidenta le llamó al teléfono rojo y la gobernadora no contestó, y luego explicó que la presidenta tiene su celular. Como si fueran cuatas. Es una forma muy femenina, muy fina, de ningunear. Las mujeres reconocemos ese tono porque lo hemos usado y porque lo han usado contra nosotras. Y ahora, el pacto de silencio roto: Campos lo rompió con Loret, y la presidenta, que dijo que ella no quería platicar todo esto, acto seguido lo platicó todo. Cada una se presenta como la que guardó la compostura. Ninguna la guardó. ¿Hubo pacto? Las dos lo niegan. Pero si la frase del aeropuerto fue un reconocimiento, lo que vino después se parece mucho a un cumplimiento. La presidenta se deshizo de Andrea Chávez, que les estorbaba a las dos por igual, y Morena terminó eligiendo como su hombre en Chihuahua a Cruz Pérez Cuéllar, que militó en el PAN de 1988 a 2015 y llegó a dirigirlo en el estado. César Jáuregui, que quería ser candidato a la alcaldía de Chihuahua contra los planes de la gobernadora, terminó en el Altiplano. Y la investigación sobre la gobernadora se quedó con el fiscal y hoy duerme archivada. Se rumora que en aquel saloncito la presidenta le enseñó un expediente. No lo sé. Lo que sí sé es que, si no hubo pacto, hubo algo que se le parece mucho: una ofrenda. Como los gatos que le dejan a su dueño un pájaro muerto en la puerta sin que nadie se los haya pedido. Remirro de Orco en Chihuahua Maquiavelo cuenta en el capítulo VII de El Príncipe que César Borgia, para pacificar la Romaña, puso al frente a un ministro cruel y expedito, Remirro de Orco, y le dio plenos poderes. Cuando vio que esa dureza le estaba ganando el odio del pueblo, quiso dejar claro que la crueldad no había venido de él, sino de la naturaleza áspera de su ministro. Una mañana, Remirro apareció en la plaza de Cesena partido en dos, con un pedazo de madera y un cuchillo ensangrentado al lado. El pueblo, escribe Maquiavelo, quedó satisfecho y estupefacto. César Jáuregui fue durante casi quince años el colaborador más cercano de Maru Campos: le operó la campaña a la alcaldía, fue el estratega de su campaña a la gubernatura, fue su fiscal. Alguien tenía que pagar por la humillación de que agentes estadounidenses anduvieran en la sierra sin que el gobierno de la soberanía lo supiera. Pagó el fiscal. Pero los historiadores todavía discuten para quién fue realmente el espectáculo de Cesena. Maquiavelo dice que fue para calmar al pueblo, un gesto hacia abajo. Muchos historiadores creen que el destinatario verdadero estaba arriba: meses antes, los capitanes de Borgia se habían conjurado contra él, y el duque necesitaba convencerlos de que la reconciliación iba en serio. La misma pregunta vale para Chihuahua. ¿A quién le entregó Maru Campos a su fiscal? ¿A los chihuahuenses, para demostrarles que en su gobierno nadie está por encima de la ley, como repitió en sus videos? ¿O a la presidenta? Yo creo que la ofrenda fue hacia arriba, y que el discurso hacia abajo fue solo el envoltorio. Pero la historia de Borgia tiene un final que conviene recordar: cinco días después de exhibir a Remirro, el duque invitó a esos mismos capitanes a Senigallia, como amigos reconciliados, y ahí los mandó estrangular. Las ofrendas compran tiempo, no lealtad. Y quien entrega a los suyos para congraciarse con el poder no debería olvidar que el poder también sabe entregar. Maquiavelo también cuenta la historia de Agátocles, el tirano de Siracusa, y dice que traicionar a los amigos no puede llamarse virtud: con esos modos se gana imperio, pero no gloria. Maru Campos ganó imperio: sigue en el cargo, ya no la molestan, se libró de un rival. Pero perdió la gloria. Basta ver cómo se fueron desenvolviendo los hechos para concluir que traicionó a su colaborador, y el círculo rojo que hace unos meses la defendía como heroína hoy la llama traidora. La que en agosto decía que podría ser presidenta en 2030, a mi juicio, ahí terminó su carrera. «Con estos bueyes hay que arar» Aquí el chisme se vuelve pregunta seria. Algunos analistas del círculo rojo sostienen que los ciudadanos no somos moralmente superiores a los políticos, que la política es un oficio que requiere aptitudes específicas y que la antipolítica, el mito del outsider, suele producir demagogos peores que los políticos tradicionales. Conclusión: con estos bueyes hay que arar. O, como decía don Jesús Reyes Heroles, «en el ejercicio de la política hay que aprender a lavarse las manos con agua sucia». No soy de las que exigen santos. Pero algunos, para defender la idea, citan a Madison con aquello de que a un rufián hay que ponerle enfrente otro rufián. Madison dijo que la ambición debe contrarrestar a la ambición, y lo dijo dentro de un diseño institucional: poderes separados que se vigilan entre sí. Su solución no es la persona; son las instituciones. Y ese es justo el p… This is a public episode. If you'd like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit enlamira.substack.com/subscribe