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LA SEMANA DE YURI PÉREZ | El coliseo algorítmico

· 15 min

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Sobre este episodio

Es domingo, flojo y cálido. Sentada a la sombra, en el patio, escucho a lo lejos el televisor de la sala. Luisito Comunica aparece en pantalla. “Los saludo esta mañana un tanto aterrado, que esa es la palabra.” Explica que publicó un video sobre el espectáculo de medio tiempo de la final del Mundial. Mostró a una parte del público que, según él, no lucía muy entusiasmada con BTS. Le llovieron miles de mensajes, varios de ellos amenazantes. Volvió a grabar: “Tengo miedo, no es broma, de verdad tengo miedo.” Pidió disculpas. Rogó que dejaran de atacarlo. Sus palabras me detuvieron. Luisito Comunica es de las figuras más influyentes de internet en español: ronda 46 millones de suscriptores en YouTube, 33 millones en Instagram y 18 millones en TikTok. Sus videos acumulan más de 11,800 millones de reproducciones. Ni con esa fuerza digital se sintió a salvo de una avalancha en redes. El episodio expone lo que llamaré un ciclo de escalamiento autoalimentado: una frase provoca una reacción, la reacción forma bandos, los bandos convierten la discusión en batalla, la causa original se disuelve y el sistema premia a quien concentre más atención, seguidores u hostilidad. El coliseo sin árbitro Imaginen un coliseo sin árbitro. Alguien entra a la arena y pronuncia una frase. Al principio la multitud discute lo que dijo. Después se divide en tribus y salta al ruedo. Pronto nadie recuerda la frase original: unos combaten para destruir a los otros. En las gradas hay un marcador, pero no mide quién tiene razón, sino quién provoca más gritos. Cada insulto atrae público y cada ataque suma seguidores nuevos; el sistema no distingue entre pelea y contenido. No gana el argumento más sólido, sino el gladiador con el megáfono más grande. Y en cuanto termina una pelea, el marcador ya busca la siguiente. Este mecanismo no sólo intimida a una personalidad con audiencia gigantesca. También sirve para introducir una idea, multiplicarla y colocarla al centro de la conversación pública. Así entiendo la viralización repentina de Natalia Torres —abogada y comentarista que saltó a la fama tras una frase en un podcast— y de una pregunta que hasta hace poco vivía fuera del debate político mexicano: si todos los ciudadanos adultos deben conservar el derecho a votar. El coliseo no elige por sí solo el motivo de la pelea. Necesita que alguien arroje una idea a la arena. Aquí llegó en forma de pregunta: “¿Todos deberían votar?”La eficacia de esa formulación no está en responderla, sino en volver imaginable su premisa. Desde que se pregunta si todos deben votar, se abre la posibilidad de que algunos no deban hacerlo. La discusión posterior puede rechazar esa posibilidad, pero ya no puede impedir que circule: cada respuesta, incluso la indignada, la amplifica. El debate deja de ser sobre lo que dijo Natalia Torres. Pasa a ser sobre si el sufragio universal sigue siendo un principio democrático o vuelve a ser una cuestión negociable.La idea es vieja. Vuelve a estar de moda. Una idea marginal que busca audiencia Lo nuevo no es la idea, sino su reaparición en ciertos sectores de la extrema derecha occidental y su capacidad para viajar, con ropa renovada, por pódcast, videos y redes. En Estados Unidos, figuras como el pastor nacionalista Joel Webbon, Nick Fuentes o el inversor Peter Thiel han cuestionado abiertamente el sufragio universal. La impugnación de la democracia igualitaria no es política oficial de toda la derecha, pero existe, circula y encuentra audiencias jóvenes en el ecosistema digital. En México, la polémica nació en el pódcast Leo y Nacho. Un conductor dijo que Natalia decidiría que no todos deberían votar, y que él estaba de acuerdo con ella. Torres contestó: “Yo creo que no”. Después defendió exigir conocimientos mínimos sobre el funcionamiento del Estado y, tras la reacción, aclaró que su propuesta era una sesión informativa del INE antes de expedir la credencial. Defender la educación cívica es una cosa. Condicionar un derecho político a una acreditación estatal es otra, completamente distinta, aunque se presente con la forma modesta de una charla de una hora. Lo que el civismo no enseña Mi hipótesis es que Natalia Torres convirtió —por cálculo o por habilidad para aprovechar la reacción posterior— una provocación eficaz en una oportunidad para ganar visibilidad. Independientemente de la intención inicial, el procedimiento y sus resultados están a la vista. Si la preocupación fuera mejorar el voto informado, una abogada constitucionalista habría empezado por un dato elemental: la educación cívica ya existe en México, aunque sus resultados sean insuficientes. El currículo oficial aborda desde primaria la organización del Estado, los límites de la autoridad y la separación de poderes. En secundaria se profundiza en el Estado de derecho y los contrapesos. El Plan de Estudio 2022 y las plataformas del INE complementan esos contenidos desde hace años. No cito estos programas para aplaudir la educación mexicana, que admite críticas severas. Los cito porque la formación cívica no es un descubrimiento reciente. El primer problema del argumento de Torres es que confunde el déficit. La clase de civismo enseña que hay tres poderes y elecciones periódicas. No enseña economía ni política pública, ni las preguntas que de verdad exigirían un voto sofisticado: ¿más mercado o más Estado?, ¿desregular o vigilar más de cerca?, ¿qué costo tiene cada promesa de campaña? Ese es el conocimiento que faltaría para votar “bien informado”, y ninguna sesión de una hora del INE lo va a resolver. El segundo problema es más incómodo. Aunque México resolviera ese déficit, seguiría sin resolverse la variable decisiva: la calidad de la oferta electoral. No importa cuánto sepa el votante si la boleta está llena de candidatos mediocres. Un electorado perfectamente informado sigue votando, en el mejor de los casos, por el menos malo. Votamos con lo que tenemos: conocimientos parciales, experiencia personal, percepción de la realidad, lealtades, agravios y emociones. Para muchos cuenta el beneficio inmediato, aunque el horizonte no pase de seis años. El electorado mexicano, además, sabe castigar a sus gobernantes. En 2018, Andrés Manuel López Obrador obtuvo 53.19 por ciento de los votos —más de 30 millones— en una elección que sus adversarios reconocieron. No fue el resultado que yo hubiera preferido, pero fue una victoria democrática indiscutible. Descalificar al votante porque eligió algo que a uno le parece un error dice más de quien pierde que de quien votó. El círculo rojo dentro del círculo rojo La polémica cambió de eje cuando la presidenta Claudia Sheinbaum la retomó en su conferencia matutina y calificó la propuesta de absurda, antidemocrática, regresiva y porfirista. A partir de ahí, buena parte de la conversación dejó de discutir la restricción del voto y empezó a presentar a Natalia como víctima del poder presidencial. Ahí entró el círculo rojo dentro del círculo rojo: académicos, comentaristas y figuras públicas con la formación necesaria para reconocer una pregunta cargada y entender la mecánica de las redes. No son ingenuos arrastrados por accidente. Tienen el conocimiento, el prestigio y la influencia para devolver el debate a su punto de partida. Varios prefirieron, en cambio, sumarse al encuadre que ya dominaba la arena: Natalia como víctima, su planteamiento como curiosidad intelectual. No puedo conocer la motivación de cada uno. Sería irresponsable atribuirles una estrategia concertada sin pruebas. Pero el efecto público sí se observa: al subirse a la corriente más visible, ganan atención y aprobación, y prestan su autoridad a una sustitución narrativa. La discusión sobre condicionar el voto queda enterrada bajo la discusión sobre el trato que recibió quien puso esa posibilidad sobre la mesa. Una heroína de utilería Vale la pena ser precisos sobre quién es Natalia Torres, porque el círculo rojo construyó, sobre la marcha, a alguien distinta. Ante una pregunta concreta en un pódcast, Torres dio una primera respuesta tajante… This is a public episode. If you'd like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit enlamira.substack.com/subscribe

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