Cristo se entregó a sí mismo para consagrarnos y colocarnos ante sí gloriosos, sin mancha ni arruga
Sobre este episodio
Las relaciones humanas están determinadas por la forma en la que Dios se relaciona con nosotros, pues hemos de ser reflejo de su Gloria, y para ello se nos exhorta a entregarnos en amor y respeto, haciendo santas estas relaciones, y purificándolas de toda mancha