En la vida y en la muerte somos del Señor
Sobre este episodio
Dios, Padre, nos ha comprado con la sangre redentora de su Hijo Jesucristo, y ahora le pertenecemos a Él, por tanto, nuestra vida y nuestra muerte deben ser una alabanza al Dios de la misericordia, qué me amó y se entregó hasta el extremo por mí; de igual manera debo entregarme totalmente a Él y a los hermanos.