La esperanza que se nos ha ofrecido es para nosotros como un ancla segura y fuerte.
Sobre este episodio
Dios ha jurado por sí mismo y nos ha entregado a su Hijo sumo y eterno sacerdote, que ha entrado en el cielo con nuestra humanidad y esto nos garantiza también con firme esperanza que, nosotros podemos entrar con Él, trabajemos con fe y perseverancia por entrar en su descanso