Si quieres que mi Palabra no vuelva vacía a mí; déjala fructificar como lluvia en tu desierto
Sobre este episodio
Ayer, santidad en el amor al prójimo; hoy, la Primera Lectura nos revela el poder transformador de la Palabra de Dios, que no regresa vacía sino que hace brotar vida eterna en nuestra aridez.