Un mismo Espíritu, una misma misión
Sobre este episodio
Pentecostés no es un cierre decorativo de la Pascua, sino la manifestación del Espíritu que da vida, crea comunión, distribuye dones, perdona los pecados y envía a la misión; el Espíritu renueva la faz de la tierra; un solo Espíritu reparte dones para el bien común; y en Juan, Cristo entra en una comunidad con las puertas cerradas, da la paz, sopla su Espíritu y la envía a perdonar.