1435 - Evangelios. Hacer discípulos a todas las naciones. Mt 28:19
Sobre este episodio
1435 – Mt 28:19 – Hacer discípulos a todas las naciones. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; Mateo concluye su evangelio con la misión central de la iglesia que es el hacer discípulos a todas las naciones. Misión que muchos cristianos a veces no entienden y no asumen el compromiso para cumplir el mandamiento del Señor para la iglesia. La voluntad de Dios es que ninguno de los seres humanos “perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2Pe 3:9). Él “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1Ti 2:4). El corazón de Dios siempre ha anhelado atraer hacia sí a seres humanos pecadores y rebeldes con el fin de darles vida nueva, justa y eterna por medio de su Hijo Jesucristo. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Solo hay una razón para que el Señor permita que su Iglesia permanezca en la tierra: buscar y salvar a los perdidos, así como la única razón de Cristo para venir al mundo fue buscar y salvar a los perdidos, pues declaró: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn 20:21). Por tanto, un creyente que no está comprometido en ganar a los perdidos para Jesucristo debería examinar su relación con el Señor y sin duda su motivo divino de existir. Mateo registra en su conclusión cinco elementos necesarios para poder cumplir el mandato de la gran comisión. Disponibilidad (Mt 28:16). Los once discípulos se dispusieron para estar con el Señor después de su resurrección: “Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.” El primer elemento para cumplir la gran comisión tiene que ver con la actitud del cristiano. Es la disponibilidad del cristiano para primero ser discípulo de Jesús y luego formar a nuevos discípulos. El discípulo fiel siempre está disponible para Dios, dejando a un lado todo anhelo personal, toda reserva y todo prejuicio. Pablo hacia a un lado su anhelo personal para seguir haciendo discípulos: “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” (Fil 1:23-24). Los cristianos debemos limpiarnos de todo lo que obstaculiza servir a Dios. “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” (2Ti 2:21). Adoración (Mt 28:17). Los once discípulos “cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.” La auténtica actitud de adoración al Señor es necesaria como segundo elemento para cumplir la gran comisión. Cuando a Dios no se le adora en forma verdadera, no se le puede servir en forma verdadera, por talentosos, dotados o buenas intenciones que puedan tener sus siervos. Mateo registra que algunos de los presentes todavía dudaban. Pero cualquiera que fuera la duda cuando el Señor se les acercó toda la adoración se centró en Él. Adoramos al Señor porque solo “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.” (Ap 5:12). Sumisión (Mt 28:18). “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” La actitud implícita de la sumisión de los discípulos es el tercer elemento necesario para cumplir la gran comisión de la iglesia. Es reconocer que la potestad soberana dada a Jesús por su Padre celestial es absoluta y universal. (Mt 11:27; Jn 3:35). El Padre “todo el juicio dio al Hijo” (Jn 5:22), y que “le ha hecho Señor y Cristo” (Hch. 2:36) y lo “exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil 2:9-11). El verdadero discípulo se somete y cumple la ley de Cristo (Jn 13:34-35; Gá 6:2).