Uxío Fraga (Material Bitcoin) · 1.ª parte: quería ser inventor y acabó grabando una clave privada en una placa de acero — «yo no le puedo dar eso a mi padre»
Sobre este episodio
Primera parte del programa del lunes 16 de diciembre de 2024, emitido en directo, hasta la pausa. Carlos Puig Sagi-Vela recibe a Uxío Fraga, emprendedor coruñés, ingeniero industrial de formación, después trader y formador de traders, y hoy al frente de Material Bitcoin, la empresa que fabrica monederos fríos de acero macizo, sin electrónica. Lo que cuenta sobre su propio producto son datos suyos, no comprobados por el programa, y nada de esto es una recomendación de inversión. DE QUÉ SE HABLÓ EN ESTA PRIMERA PARTE SU CRIPTOTEST: MAXIMALISTA, PERO CON MATICES, Y LOS MATICES SON LO INTERESANTE. Se define maximalista «no extremo» — «no soy un talibán»— y reconoce que hay criptomonedas tecnológicamente superiores a Bitcoin; cita Monero por mantener el espíritu original de descentralización, soberanía y privacidad. Pero en la práctica, en las que invertiría a ciegas a diez, veinte o treinta años son Bitcoin y Ethereum. Y su criterio no es técnico sino de adopción: si paras a cualquiera en la calle sabrá algo de Bitcoin aunque no sepa definirlo; de Ethereum —«un proyecto bestial»— y de los contratos inteligentes, no. EL DEBATE DEL TAMAÑO DE BLOQUE, RESUELTO SIN DOGMA. Admite que otros tamaños de bloque podían tener sentido técnico, pero no social ni político: no hay seguimiento masivo porque la gente no tiene el conocimiento para secundar la decisión, y «la mente confusa siempre dice no». Prefiere «meterle un plugin» a Bitcoin —una segunda capa— antes que crear una fisura en su núcleo y arriesgar lo más valioso que tiene: aceptación global, confianza y permanencia. Y su vara de medir los pagos es de sentido común: diez minutos y unos céntimos por transacción, aunque muevas veinte millones, le parece más que suficiente — y recuerda que las tarjetas, Bizum o PayPal también son añadidos recientes sobre un sistema bancario que nunca fue instantáneo. DE INGENIERO INDUSTRIAL A EMPRENDEDOR, Y LA FRUSTRACIÓN QUE LO EXPLICA TODO. Creció con el guion de «estudia, saca buenas notas y tendrás trabajo para toda la vida». Entró en ingeniería industrial porque quería ser inventor, y acabó en la industria «con un montón de responsabilidad, muy poco control y de inventor, nada», dedicando el ochenta por ciento de su tiempo útil a las ideas de otros. En 2009 empezó una web para compartir sus estudios de trading, y de responder preguntas salieron unos PDF, un libro, un curso y, sin planearlo, una escuela de traders en español. EL GOLPE QUE LE ENSEÑÓ LA LECCIÓN QUE MÁS REPITE. A finales de 2013 vio una entrada con Bitcoin en torno a los 200, compró, vendió a 300 en una semana y se creyó «el mejor trader del mundo mundial». Dos golpes de realidad seguidos: Bitcoin siguió subiendo hasta los 1.000, y la casa de cambio donde operaba —aquel Mt. Gox que había nacido como portal de intercambio de cartas de Magic— se quedó con todo su dinero. De ahí la frase que repite desde entonces: nunca dejes tus fondos en el exchange. POR QUÉ, SEGÚN ÉL, BITCOIN NO VA DE ESPECULAR. Su argumento es el ahorro: Bitcoin permite ahorrar, algo que «no se puede hacer desde que yo tengo memoria». Y pone un ejemplo cotidiano de pérdida de control que cualquiera reconoce: intentar sacar tres o cuatro mil euros de tu propio banco, con el DNI en la mano y habiendo avisado el día antes, y tener problemas. «Tu dinero ya no es tuyo.» Sobre los tópicos del fraude y la delincuencia es igual de directo: «ya verás qué rápido desaparecen cuando los bancos empiecen a ofrecer Bitcoin a sus clientes» — y recuerda que grandes bancos españoles llevan años ofreciéndolo fuera de España. Sí, admite, Bitcoin se usa para actividades criminales, «pero es que el euro, cientos, miles o millones de veces más». LA GÉNESIS DE MATERIAL BITCOIN, QUE EMPIEZA POR UN FRACASO DE EVANGELIZACIÓN. Desde 2013 intentó convencer a hermanos, padres, amigos y primos sin éxito — «es como predicar en el desierto»—, y año tras año veía a la gente quedarse fuera por dudas. Empezó ayudándoles él mismo a comprar y guardar, y ahí detectó el hueco: comprar y almacenar Bitcoin de forma segura no es fácil para quien no es un friki de la tecnología. Y LA FRASE QUE DECIDIÓ EL PRODUCTO: «YO NO LE PUEDO DAR ESO A MI PADRE». Probó los monederos electrónicos y los descartó por dos razones muy concretas de usuario desatendido: tras tres años en un cajón es fácil que no enciendan, y al conectarlos a un ordenador que no controlas, un programa malicioso esperando una semilla te vacía. Conclusión: una clave privada grabada en una piedra. El producto acabó siendo una placa de acero del tamaño de una tarjeta — por un lado la dirección, para consultar saldo y recibir; por el otro la clave privada, bajo un vinilo metálico opaco a los rayos X. Y LE PASÓ LO PEOR Y LO MEJOR A LA VEZ: YA ESTABA INVENTADO. Encontró una tarjeta metálica equivalente en el mercado y fue «frustrantísimo» — hasta que esa misma tarde lo leyó al revés: aquello validaba el mercado, y los foros de clientes se quejaban todos de lo mismo, que no resistía incendios ni inundaciones. Ahí estaba su diferencia: mejor acero, pruebas duras y un diseño pensado para aguantar doscientos años. EN LA SEGUNDA PARTE: la prueba de la inundación, que es una historia digna de contarse; cómo responde a la pregunta de por qué fiarse de ellos; quién compra estos monederos de verdad; y el lío con el registro en el Banco de España. Más el criptoenigma y el criptoconsejo. ENLACES DEL INVITADO Material Bitcoin: https://materialbitcoin.com Novatos Trading Club, su escuela de traders: https://www.novatostradingclub.com Si quieres avanzar en tu soberanía patrimonial, entra en https://www.cryptofinanzaslibres.com porque nadie puede quitarte lo que no saben que tienes.