Pepe Díaz (Campamento DeFi): «los principales perjudicados de las finanzas descentralizadas no son los bancos, son los estados»
Sobre este episodio
Pepe Díaz vuelve al estudio —no es su primera visita— y lo hace como lo que es en el mundo hispano: un referente de las finanzas descentralizadas. Entró en cripto poco antes de 2019 y en DeFi «prácticamente cuando empezaban los primeros protocolos»; antes de eso llevaba años enseñando a usar el dinero con cabeza en las finanzas tradicionales. Es el creador de la comunidad Campamento DeFi y autor del libro «Finanzas descentralizadas: la nueva y definitiva libertad económica» (Deusto, 2023). Aviso de transparencia, porque conviene saberlo antes de escuchar: Carlos Puig le presenta expresamente como «mi maestro» y es miembro de su comunidad desde el principio, y Pepe vende formaciones y membresías de pago —que, por coherencia con lo que predica, solo cobra en cripto—. DE QUÉ SE HABLÓ Qué significa «inconfiscable», que es la palabra que él ha puesto en circulación. Y empieza por una comprobación que él mismo hace en antena: la palabra no está en el diccionario de la RAE. No lo está, en efecto. Lo que describe tiene dos mitades, y casi todo el mundo se queda en la primera. La primera es la custodia: el dinero del banco no es tuyo, está en el balance del banco y lo que tú tienes es un derecho a que te lo devuelva; y la vivienda, aunque esté libre de cargas, puede serte expropiada si el Estado considera que conviene al bien común. Su conclusión: todos los activos que ha habido en la historia de la humanidad —dinero, acciones, inmuebles, joyas, oro— han sido por naturaleza confiscables, y Bitcoin es el primero que no lo es. La segunda mitad es la que casi nadie cuenta: no basta con autocustodiar. «No es solamente el autocustodiar correctamente, sino también permitir que solo se sepa lo que tú controlas si realmente quieres que se sepa.» Si compraste en un exchange centralizado y retiraste a tu propia dirección, esa dirección quedó asociada a tu nombre, y aunque nadie pueda mover tus fondos sin tu frase semilla, sí se sabe que son tuyos y en la práctica se te podría impedir moverlos. La trampa del seudoanonimato, explicada con la analogía que lo hace entender a cualquiera. La blockchain es seudónima, no anónima: no hace falta nombre y apellidos para crear una cartera, pero vincular una dirección con una identidad es fácil. Y entonces llega la imagen: es como si por dar tu IBAN a cualquiera que te vaya a pagar, esa persona pudiera consultar online todos tus movimientos desde el principio y tu saldo actual. Lo aterriza en dos casos que no son hipotéticos: el proveedor al que pagas desde tu dirección, y el empleador que te paga la nómina en moneda estable —algo normal en países con menos bancarización—, que pasaría a ver todo lo que tienes. De ahí el error más común entre quien empieza: usar siempre la misma dirección para todo. Y un matiz que casi nunca se oye en este terreno: conviene dejar «las miguitas de pan adecuadas», es decir, conservar el rastro de la compra inicial, por si algún día hay que volver al sistema financiero tradicional y justificar el origen. Lo que ha cambiado en la regulación, con fechas. Explica la travel rule, que obliga a las entidades centralizadas a comunicar a la autoridad fiscal quién ha retirado qué y hacia qué dirección, y que es la razón de que en el borrador de la renta aparezca que has operado con criptomonedas. Y encima de eso, la DAC8, en vigor desde el 1 de enero: una directiva europea por la que cualquier entidad centralizada dedicada a la compraventa de activos digitales, esté registrada donde esté, queda obligada a informar a la autoridad fiscal de su país, que a su vez comparte esa información con la del país donde el usuario sea residente fiscal. Su lectura no es dramática: «hemos de aprender a convivir con ello», mientras no se prohíba comprar bitcoin o monedas estables, cosa que hoy no está prohibida. Los estados como empresas, y los ciudadanos como clientes. Es la tesis que da título a esta ficha y la parte más polémica de la hora. Dice que es español «porque dio la casualidad» de que sus padres vivían aquí cuando nació —se mudaron a Bélgica poco después—, y que un Estado funciona como una empresa que debería mimar a sus clientes para que no se vayan. De ahí que los principales perjudicados por las finanzas descentralizadas no sean, a su juicio, los bancos, sino los estados, y de ahí también su explicación de por qué no se enseña educación financiera: «cuanto más ignorante sea, más fácil va a ser controlar al rebaño». Sobre el arbitraje entre jurisdicciones es menos utópico de lo que suele oírse: recuerda que Andorra y Portugal fueron atractivos y dejaron de serlo, que los Emiratos atraen capital ahora pero harán sus cuentas cuando se les acabe el petróleo, y que lo mismo puede pasar con El Salvador; «¿dentro de 10 años seguirán estando ahí? Lo dudo». Su descripción de España es de dos caras: «es un país maravilloso para vivir» y «el peor país para hacer negocios». Importa citar textualmente dónde pone él el límite, porque se malinterpreta con facilidad: sobre pagar impuestos o no, «yo ahí no entro, cada cual tiene que decidirlo», y sobre su propio propósito, «no es que esté intentando ocultar ni evadir ni mucho menos, simplemente estoy tratando de proteger mi privacidad y mi patrimonio». Lo que reivindica es opcionalidad y privacidad, no incumplimiento. El miedo como estrategia de control, con un precedente que desarma. Compara el discurso actual sobre cripto con el de los primeros años del comercio electrónico: «no pagues con tu tarjeta en una página web porque te van a robar». Funcionó a corto plazo, retrasó la adopción de mucha gente, y hoy casi toda la población compra online con la misma tarjeta de hace veinticinco años. Su regla: «una tecnología que mejora a la humanidad es una tecnología que antes o después se tiene que terminar implementando», y el miedo se combate con conocimiento. Con una frase que resume por qué le parece urgente formarse: «no sabes lo que no sabes». Y la pregunta de las tribus: no es maximalista de Bitcoin. Lo razona bien: si lo fuera, no tendría sentido que se dedicara a unas finanzas descentralizadas que funcionan sobre otras redes y otros activos. Considera Bitcoin «el activo rey» y el único realmente descentralizado e inconfiscable, y es el que más pesa en su cartera, pero usa otras cadenas para generar rendimiento y, con él, aumentar su exposición a ese activo rey. Sobre el estigma: de los diecisiete años de historia de Bitcoin, quince los pasó marcado como cosa de delincuentes, y el punto de inflexión fue la aprobación de los ETF al contado en enero de 2024. Su previsión: «de aquí al 2030 podrás comprar bitcoin en cualquier banco de toda la vida», porque el negocio del banco dejará de ser meter miedo. Y el cierre, que es puro Pepe Díaz: cuando ya no dependes de terceros, no te preocupa si habrá pensión y sabes generar rendimiento por tu cuenta, «te has pasado el juego». EL CRIPTOENIGMA, QUE SE QUEDÓ SIN RESOLVER Se planteó al principio —cuántos bitcoins se consideran perdidos para siempre— y la conversación se comió el final del programa, así que ni el enigma ni el criptoconsejo llegaron a darse. Se resolvió el lunes siguiente, el 19 de enero: entre 2,3 y 3,7 millones de bitcoins, entre el 11 % y el 18 % de los 21 millones que llegarán a existir, incluidos el millón largo atribuido a Satoshi Nakamoto que no se ha movido en quince años. ENLACES DEL INVITADO Su web: https://soypepediaz.com X: https://x.com/soypepediaz Instagram: https://www.instagram.com/muchopepediaz/ YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCBEQAw5JETVFsB3MXce64bw Su libro, «Finanzas descentralizadas: la nueva y definitiva libertad económica» (Deusto, 2023, ISBN 9788423434046) Nota: la dirección que se da en antena para el Club Inconfiscable, inconfiscable.xyz, ya no funciona —el dominio no resuelve—, así que para esa membresía hay que ir a su web. Si quieres avanzar en tu soberanía patrimonial, entra en https://www.cryptofinanzaslibres.com porque nadie puede quitarte lo que no saben que tienes.