Fuendetodos, Zaragoza en La España Barbaciada
Sobre este episodio
Arrancamos el Seat 131 Supermirafiori, dejamos atrás las murallas medievales y los ecos de las Guerras Carlistas de Mirambel, y le decimos a Gonzalo que ponga el aire acondicionado, que aunque estemos en Teruel, el sol de justicia ya empieza a picar. Como tenemos estrictamente prohibido pisar Andalucía (Gonzalo sabrá a quién le debe dinero en Despeñaperros), nos dirigimos hacia el norte. Nos vamos a chupar unos 140 kilómetros por la A-226 y la N-211, cruzando paisajes que parecen sacados de un western de Sergio Leone, hasta adentrarnos en la provincia de Zaragoza. Nuestro destino: Fuendetodos. Fuendetodos tiene una población de unos 144 habitantes, lo que nos confirma que seguimos en la élite de la España Barbaciada. Su gentilicio es fuendetodino o fuendetodina. El nombre del pueblo no esconde ningún misterio etimológico, ni viene de un caudillo árabe ni de una legión romana; viene de la "Fuente de todos", la fuente pública donde el pueblo entero iba a coger agua, a lavar y a criticar a los vecinos. Simple, directo y al pie. Si este pueblo es conocido en el mundo entero no es por su fuente, sino porque aquí, el 30 de marzo de 1746, nació un señor llamado Francisco de Goya y Lucientes. Sí, el Goya de las Majas, el de los fusilamientos del 3 de mayo, y el que pintaba a la familia real de Carlos IV con cara de pan de pueblo porque le caían fatal. Su padre era dorador y la familia se había mudado aquí temporalmente. Hoy en día, la Casa Natal de Goya es el gran reclamo turístico. Una casa de labradores humilde que fue identificada a principios del siglo XX por el pintor Ignacio Zuloaga, que llegó al pueblo preguntando dónde había nacido el genio y se encontró con que la casa la usaban poco menos que para guardar patatas. Al lado tienen el Museo del Grabado, donde se exponen las series originales de Goya: Los Caprichos, Los Desastres de la Guerra, La Tauromaquia y Los Disparates. Vamos, que te vas de Fuendetodos más cultivado que un campo de alfalfa. Pero Fuendetodos tiene otra historia fascinante que no tiene nada que ver con los pinceles: la industria del hielo. Antes de que Balay inventara los frigoríficos, aquí se dedicaban a hacer hielo. El pueblo está rodeado de los restos de los "Neveros" o "Neveras", unas construcciones de piedra excavadas en la tierra. Durante el invierno, los fuendetodinos recogían la nieve, la metían en estos agujeros, la apisonaban a pisotones hasta convertirla en hielo, y la cubrían con paja. Luego, en verano, cortaban bloques de hielo y se los llevaban de noche en carros hasta Zaragoza para venderlos. Eran el Amazon Prime de los cubitos de hielo en el siglo XVIII. Un curro de morirse de frío en invierno y de morirse de prisas en verano para que no se te derritiera la mercancía. Sus fiestas patronales se celebran en torno al 24 de agosto en honor a San Bartolomé. Las actividades incluyen desde la solemne procesión hasta la verbena en la plaza, donde siempre hay un fuendetodino que se arranca a bailar un pasodoble. En cuanto a la gastronomía, aquí no hay esferificaciones. Aquí se come el "rancho", un guiso contundente de carne de caza, patatas y lo que dé la huerta, y las tradicionales migas aragonesas, con su uva y su longaniza, para coger fuerzas antes de ir a visitar la casa del pintor.