*Vivir desde el ser: suelto el ego, me encuentro a mi*
Sobre este episodio
Probablemente cuando nos preguntan quiénes somos, las respuestas pasan por aquello que hacemos o algunos de los roles que cumplimos. Considerar que somos mucho más que aquello en que ocupamos nuestro tiempo o que nuestras relaciones afectivas es como si nos quitaran el suelo de un solo tirón: ¡vaya terremoto! Entonces si, vamos a evitar esa conversación incómoda tanto tiempo como podamos. Pero si algo ha quedado en evidencia recientemente es que el orden externo es inestable, que las estructuras ajenas no son confiables y que, nos guste o no, estamos arrojados a invertir esfuerzo y honestidad en construir, fortalecer e iluminar nuestra estructura interna. Allí entonces viene una palabrita aún más antipática: el ego... terrible, ha sido tan vapuleado, pero también hay que darle su crédito porque es quien nos permite funcionar socialmente. Solo que bien vale la pena cuestionarlo... ¿Mis creencias y afirmaciones irreductibles me hacen vivir más pleno, más alegre, más satisfecho? ¿Cómo encuentro las maneras de expresarme, de conectar con mi poder para ser más genuinamente yo? Creo que no existe una única respuesta y eso es lo más hermoso que tenemos: la libertad de cada uno elegir qué es aquello en lo que nos sentimos más brillantes. Mis espacios de expansión: la creatividad, la literatura, el erotismo, la cocina y la espiritualidad no tienen porqué ser los de todas las mujeres. Apoyarnos para encontrar nuestro lugar en el mundo, ésa sí es la misión. Conectar con nuestra luz también es aceptar la oscuridad: todos seremos el malvado en la historia de alguien, pero también la lamparita mágica que mostró un camino. Entonces decidamos ser luz valiente y libre, que nos necesitamos todos para seguir.