Silvia Fredes: "Martina está en la risa de los niños que vienen a esta plaza"
Sobre este episodio
Su hija tenía 16 años cuando el 14 de febrero de 2016, mientras circulaba correctamente como peatón, expiró atropellada por un asesino al volante en el barrio porteño de Villa Crespo. Ella y Oscar, el papá de la chica, integran la Asociación Civil Madres del Dolor. El conjunto mural que recuerda a la víctima acaba de ser restaurado por la autora, Victoria Ferreyra. «Con mi marido Oscar nos conocimos en Mendoza, los dos somos mendocinos; nos casamos y nos vinimos; yo siempre digo que he convivido más tiempo con el que con mi mamá y mi familia; me casé a los 19; vinimos y nos hicimos desde abajo, trabajando con la aspiración de armar nuestra familia; recuerdo que Oscar me decía antes de tener un hijo necesitamos una casa; es el sueño de muchos; algunos lo alcanzan, otros no; estudié, me recibí de maestra jardinera; trabajé; mi marido ha trabajado de mil cosas, si hay algo que tiene es que no puede quedarse quieto». Silvia Andrea Fredes evoca sonriente cómo nació su historia de amor con Oscar Horacio Miranda, alias Cacho. Está sentada en un banco de cemento del Patio John Malcolm, barrio porteño de Villa Crespo. Mientras habla la acarician los rayos del sol de la tarde de invierno, ambientada por voces infantiles, que provienen de los juegos aledaños, el trinar de los pájaros y el tránsito vehicular de la calle Gurruchaga. «Flores para Martina», puede leerse en letras cursivas negras sobre el tapial a sus espaldas, coloreado con margaritas blancas, rojas y verdes de núcleo amarillo. «Después de siete años de estar solos, decidimos que era momento de ser papás; yo decía que mi primer hijo iba a ser varón y el amaba tener una nena; yo hasta último momento dije es varón; cuando el medico le dijo que era una nena, el lo primero que llevó a casa fue un vestidito blanco; era lo que más soñaba; muchos hombres quieren que el primer hijo sea varón para llevarlo a la cancha, para compartir cosas de hombres; el no, quería una nena y la vida se la regaló; lástima que fue por tan poquito tiempo; así nos conocimos, así formamos la familia, así llegó Martina».