Sin escucha no hay diálogo
Sobre este episodio
Se nos va de ojo el hábito generalizado de no dejar hablar al otro interrumpiendo su discurso antes de que finalice su argumento. De este modo el diálogo se convierte en una pugna de egos, que impide la exposición e intercambio de ideas. Interrumpir el discurso del otro, es propio de las personas con baja autoestima y poca seguridad en sí mismas que necesitan sentirse reconocidas en el mismo nivel de saber y experiencia del que está en el uso de la palabra. Así el diálogo se convierte en un guirigay que impide y mata el intercambio de conocimiento. Un mal que nos aqueja como sociedad por la necesidad que sienten algunas personas de hacer buena la máxima de que mejor estar callar y parecer tonto, que abrir la boca y confirmarlo. Escuchar al otro e intercambiar sus ideas, aunque no sean la nuestras, siempre nos enriquece. ¡Que no se te vaya de ojo!