Juan 5:19-29 | Jesús vino a darnos vida.
Sobre este episodio
Jesús no vino solamente a solucionar nuestras circunstancias o enfermedades; Jesús vino a solucionar el problema más profundo del ser humano: la muerte. Vino a darnos vida. El cristianismo no se trata de argumentos, ideas o religión. Se trata de una persona: Jesús. Lo que el ser humano necesita es conocer verdaderamente quién es Dios. Y si queremos conocer a Dios, necesitamos mirar a Jesús, porque Jesús es el perfecto reflejo de Dios en la tierra. Los fariseos querían matar a Jesús porque llamaba a Dios su Padre, haciéndose igual a Dios. Por eso, a partir de Juan 5:19, Jesús comienza a revelar con claridad quién es Él y cuál es su relación con el Padre. No puedes ver a Jesús sin estar viendo quién es Dios. El Padre ama al Hijo y existe una perfecta unidad entre ellos. Jesús hace las obras del Padre, da vida como el Padre da vida, recibe honra y también tiene autoridad para juzgar. Podemos maravillarnos por lo que Jesús hace y aun así no conocerlo verdaderamente. No basta con admirar sus milagros; necesitamos nacer de nuevo y creer en Él. Jesús tiene poder para dar vida. Y dar vida es algo que solamente Dios puede hacer. También el juicio pertenece a Dios, pero el Padre ha dado al Hijo autoridad para juzgar. Jesús cargó por amor nuestro juicio en la cruz, pero llegará el día en que Él mismo será el Juez. Por eso, no podemos decir que honramos a Dios si no honramos a Jesucristo. Jesús lleva todo esto de los argumentos a algo completamente personal: El que oye su Palabra y cree, tiene vida eterna. Creer en Jesús significa reconocer que Él fue enviado por el Padre, que revela perfectamente a Dios, que tiene vida en sí mismo, que merece toda la honra y que tiene autoridad sobre la vida y el juicio. Cuando creemos en Jesús sucede algo que nadie más puede hacer por nosotros: Pasamos de muerte a vida. Crees en Jesús → recibes vida → pasas de un reino a otro → tu vida comienza a cambiar. Ya no vivimos simplemente tomando decisiones según lo que queremos o sentimos. Ahora podemos preguntarnos: ¿Con esto honro a Dios? ¿Con esto estoy amando a mi prójimo? Porque cuando Jesús nos da vida, esa nueva vida también comienza a verse en la manera en la que vivimos. Jesús no vino solamente a mejorar nuestra vida; vino a darnos una vida que antes no teníamos.