Necesidad de esperanza
Sobre este episodio
Este sábado se celebra en Urda un funeral por las víctimas del accidente de la Alta Velocidad, presidido por el arzobispo de Toledo, Francisco Cerro Chaves. Desde el pasado miércoles muchas personas, que no son sacerdotes ni religiosos, han contado que rezan por los muertos, por los heridos, por sus víctimas. El dolor que ha provocado esta nueva tragedia reabre la pregunta por el significado de la existencia. Hemos escuchado cómo muchos han expresado la conmoción generada porque en unos pocos minutos, vidas que parecían estables, se les hayan arrebatado a sus seres más queridos. Todo lo que parecía sólido de pronto se desmorona, todos nos hemos sentido concernidos: cualquiera de nosotros podríamos haber estado en esos trenes. Ha ocurrido lo que ya sucedió en la Dana, o en el accidente de Adamuz, nos hemos sentido desconcertados, sobrecogidos y, en ocasiones, sin saber qué hacer con el sufrimiento. Muchas de las fórmulas que en otro tiempo nos daban consuelo y certeza son ahora puestas en cuestión o simplemente han desaparecido. Se ha puesto de manifiesto que necesitamos esa sabiduría indispensable que permite hacer frente a circunstancias tan difíciles como las de los últimos días. Es necesario exigir todas las responsabilidades políticas y jurídicas a los responsables de lo que ha sucedido. Viajar en tren no puede ser una actividad de alto riesgo. Pero no habrá nunca un sistema perfecto que nos ponga a salvo de todas las eventualidades. La debilidad y finitud son elementos constitutivos de nuestra condición. Estos días se ha hecho evidente nuestra necesidad de esperanza, la necesidad de que pase lo que pase, las cosas tendrán sentido, la necesidad de estar acompañado para que la vida triunfe sobre la muerte.