Los ejércitos secretos de la OTAN 22
Sobre este episodio
El escándalo subsiguiente tuvo efectos diferentes en los distintos países de la OTAN. Mientras en algunos de ellos las protestas de algunos partidos condujeron a la apertura de comisiones de investigación públicas que arrojaron alguna luz sobre los acontecimientos, en otros predominó el consenso de los partidos mayoritarios, bloqueándose cualquier iniciativa pública que pretendiera investigar los hechos. En estos casos, solamente la labor de los periodistas y académicos aportó algunos frutos, si bien el mantenimiento del carácter clasificado de muchos documentos sobre el tema hacía muy difícil el lograr avances significativos. El presente libro de Daniele Ganser constituye un ambicioso intento de aportar una visión de conjunto al fenómeno de la creación, evolución y disolución de las redes staybehind en los países de la OTAN. En primer lugar, cabe decir que se trata de una tarea colosal, por dos razones diferentes. Por un lado las redes stay-behind surgieron de acuerdo con un patrón común impulsado desde Washington y Londres, pero se vieron igualmente influidas por las circunstancias nacionales, de tal manera que resulta muy complejo el estudio de tales circunstancias específicas en cada uno de los países de la Alianza. Por otro lado, la voluntad de los gobiernos implicados de mantener el carácter clasificado de esa información ha provocado que los estudios realizados hasta ahora en los distintos países hayan dependido enormemente tanto de trabajos periodísticos como de conversaciones con los propios participantes en las redes o con miembros de los servicios secretos y la judicatura que han investigado las mismas. Evidentemente, este factor hace mucho más difícil la labor de recopilación de informaciones, algo habitual cuando se tratan temas concernientes a los servicios de inteligencia. El autor dedica los capítulos iniciales del libro a comentar las circunstancias del escándalo Gladio en Italia tras el final de la Guerra Fría, así como sus ramificaciones en el resto de los países de la OTAN. Posteriormente, pasa a centrarse en los orígenes de las redes stay-behind a partir de la política norteamericana y británica tendente a prepararse para una posible invasión soviética de Europa Occidental. Esto suponía utilizar los mecanismos que habían sido empleados ya en la resistencia frente a los alemanes con vistas a repetir su empleo contra los soviéticos, en una época como la segunda mitad de los años 40 y comienzos de los 50 en la que las tensiones derivadas del surgimiento de los bloques parecían anticipar esa posibilidad. Sin embargo, esta iniciativa no puede separarse de la voluntad de Estados Unidos y el Reino Unido de influir en la política nacional de sus aliados, de tal manera que la composición de los gobiernos de esos países pasó a ser también un asunto de interés. De ahí que trataran de utilizar los distintos medios de presión a su alcance (incluida su influencia en los servicios de inteligencia nacionales a través de las redes stay-behind) para lograr unos gobiernos acordes con sus intereses. Obviamente, su objetivo consistía en hacer imposible la participación de los partidos comunistas nacionales en los respectivos gobiernos, pero también se trataba de lograr que dentro de los mismos estuvieran presentes aquellos líderes y partidos más favorables a los respectivos intereses de Londres y Washington. De hecho, esta voluntad hegemónica se percibe en la propia rivalidad entre ambos países a la hora de organizar estas redes de resistencia, prestando la mayor atención a aquellos Estados considerados clave para sus propios intereses. Por último, el progresivo control nortea- Reseñas RUHM Vol. 6/12/ 2017, pp. 283 - 350© ISSN: 2254-6111 342 mericano de la operación no dejaba de mostrar su creciente papel como potencia hegemónica en el espacio de Europa Occidental y el Mediterráneo. Este impulso a la creación de redes clandestinas hab