Marruecos y España: dos vecinos incómodos
Sobre este episodio
La relación bilateral entre España y Marruecos está marcada por una profunda interdependencia económica y de seguridad que contrasta con constantes tensiones políticas y fronterizas. Aunque geográficamente aparentan estar separados solo por el estrecho de Gibraltar, ambos países comparten fronteras terrestres directas en Ceuta y Melilla, cuyo trazado es fruto de más de un siglo de intervencionismo colonial español y del posterior protectorado. Esta historia inacabada alimenta reclamos territoriales por parte de Marruecos, cuyo sistema de poder profundo y tradicional —el Makhzen (o Magzén), articulado en torno a la figura absoluta del rey— recurre en ocasiones a la diplomacia coercitiva instrumentalizando flujos migratorios para presionar políticamente a España. Pese a ello, la relación se sostiene sobre un motor económico de gran potencia: el comercio bilateral alcanzó un récord de 22.700 millones de euros en 2024 (donde España desplazó a Francia como primer socio comercial de Marruecos), consolidando una estrecha integración industrial en sectores como la automoción y el textil, un intercambio diario y vital de inteligencia en la lucha antiterrorista y el proyecto simbólico de coorganizar la Copa del Mundo de fútbol de 2030.