LA ERA DE LAS SUPERCOMPUTADORAS
Sobre este episodio
LA ERA DE LAS SUPERCOMPUTADORAS El supercomputador de Barcelona trabaja en descifrar el código genético del coronavirus. Hoy en día muchos de los procesos diarios dependen de los ordenadores. Son capaces de resolver problemas complejos. Estos días también han sido una vía de escape para muchos. Para acceder a plataformas de series. O para mantenernos comunicados con nuestros allegados mediante video llamadas. Seguro que muchos estarían dispuestos a quedarse sin papel higiénico antes que sin ordenador. Echemos la vista atrás y veamos su desarrollo. En 1943 en plena Segunda Guerra Mundial, el laboratorio de balística del ejército americano financió un proyecto secreto. Consistió en construir uno de los primeros ordenadores electrónicos. Se llamó ENIAC por sus siglas en inglés. Uno de sus objetivos fue el de calcular la trayectoria de las balas del nuevo armamento. El resultado final fue un gigante de 27 toneladas. Encerrado en una habitación de más de 160 metros cuadrados. Costó unos 6 millones de euros actuales. Era capaz de hacer 5.000 sumas por segundo. Sustituyendo a 50.000 personas. Pero no pudieron terminarlo hasta que acabó la guerra. Así que durante la Guerra Fría, el Eniac calculó los datos relativos a una bomba de hidrógeno. 450 veces más potente que las lanzadas en Japón. En 1947 lo trasladaron a Maryland. El 5 de marzo de 1950 se citaron allí cinco meteorólogos. Trabajaron durante 33 días. Finalmente, consiguieron la primera predicción del tiempo por ordenador. El proceso tardó 24 horas para simular otras 24 horas. Pero demostraron que podía ser efectivo. En marzo de 2004 se construyó en Barcelona uno de los ordenadores más potentes de Europa. Gracias a un acuerdo entre el gobierno Español y la compañía IBM. El Mare Nostrum. La velocidad de estos equipos son medidos en Tera flops. Que equivalen a billones de operaciones por segundo. En el 2017, la última versión contaba con 13.7 Petaflops. Es decir, 13.700 billones de operaciones por segundo. Actualmente, este supercomputador trabaja para la predicción del clima. O la modelización molecular. La bioinformática investiga acerca de fármacos y terapias inmunitarias. Analiza los modos de transmisión. Los mecanismos que utiliza el virus para interactuar con nuestras defensas. La inteligencia artificial calcula el impacto del coronavirus. Las supercomputadoras como esta, realizan simulaciones que requieren grandes volúmenes de cálculo. Ahora se las conoce como ordenadores de alto desempeño. Están compuestos por cientos de procesadores. Que trabajan en paralelo y con arreglos combinados. Para ofrecer una velocidad y capacidad de cálculo y procesamiento de datos vertiginosa. Al contrario de lo que se pueda pensar. Las supercomputadoras integran los mismos componentes que los ordenadores convencionales. La diferencia es que sus componentes internos se encuentran relacionados entre sí. Permitiendo obtener un rendimiento extraordinario. Ahora juegan un importante papel en el campo de la investigación científica. Para operar con una enorme cantidad de datos en muy poco tiempo. Buscando patrones que ayuden a predecir los cambios climáticos. Para prevenir tragedias. Estudiando el universo. Una especialidad que requiere analizar muchas variables a la vez. Por último, Fugaku ha conseguido el primer puesto en la lista de supercomputadoras top 500. Aunque comenzará a operar en el 2021. Es capaz de ejecutar 158,976 CPU individuales. Incluso cuenta con una capacidad de 415,5 petaflops. Y alcanza un rendimiento máximo superior a los 1.000 petaflops. Alcanzando el rango de exaflop. Un gran avance. El Summit era la supercomputadora más potente hasta la llegada de Fugaku. Y llegaba hasta los 148,8 petaflops. Con todo, el reinado de Fugaku no durará mucho tiempo. El departamento de energía de los estados unidos ha unido fuerzas con Intel. Y ya preparan el lanzamiento de ‘Aurora’. La nueva supercomputadora llegará a 1 Exaflop de forma nativa. Para que un ordenador cuántifo funcione, se trabaja con chips del tamaño de pocos átomos. Es decir a escalas muy diminutas. A temperaturas que rondan los menos 273 grados. Requieren de potentísimos equipos de refrigeración. También de control y bombeo. La carrera por la supercomputación no deja de avanzar. Atrás quedan los superordenadores como el Deep Blue. Que pudieron derrotar a todo un campeón del ajedrez. Pero estos equipos estaban preparados para una cosa. Ahora se espera que sirvan para todo. Por ejemplo. Empresas como la canadiense Wave o Google, ya compiten por este gran reto. Simular el funcionamiento del cerebro humano en una máquina. Según la teoría de las redes neuronales. En la que se basa la inteligencia artificial.