JOHN SNOW Y LA IMPORTANCIA DE LA EPIDEMIOLOGÍA EN LA HISTORIA
Sobre este episodio
JOHN SNOW Y LA IMPORTANCIA DE LA EPIDEMIOLOGÍA EN LA HISTORIA Londres era el centro del mundo hacia el año 1850. Pero también un pozo de suciedad y enfermedades. Se encontraba superpoblada. Sin un sistema de alcantarillado completo. La gente arrojaba sus desechos a la calle o al río Támesis. Los continuos brotes de cólera asolaban a su población. Hasta que John Snow logró encontrar la conexión entre esos dos hechos. Para que le hicieran caso, tuvo que jugarse su prestigio como médico durante la Inglaterra victoriana. Gracias a su éxito, nació la epidemiología moderna. Esta fue su historia. John Snow nació el 15 de marzo de 1813. En uno de los barrios más pobres de la ciudad de Nueva York. Fue el primero de nueve hermanos. Desde niño, destacó por sus habilidades matemáticas. A los 14 años se convirtió en aprendiz de un cirujano y boticario de Newcastle. Compaginó ese puesto con sus estudios en una escuela médica recién creada. John Snow tuvo su primer contacto con el cólera durante la segunda pandemia de esa enfermedad. Que llegó a Europa procedente se Asia. Snow comenzó a estudiar esos brotes. En 1836 se trasladó a Londres para estudiar medicina en la universidad. Realizó sus prácticas en el hospital de Westminster. Donde destacó por su agudo sentido de la observación. Durante sus guardias nocturnas, Snow diseño unos experimentos. Los estudiantes que realizaban autopsias en el hospital sufrían bastantes enfermedades. John Snow quiso averiguar su causa. Y la encontró. Los estudiantes se intoxicaban con los vapores de arsénico que usaban para conservar los cadáveres. Los resultados de John Snow sirvieron para cambiar la práctica de los estudios de anatomía y puso fin al uso de arsénico en la fabricación de velas. En 1844 completó sus estudios y obtuvo el título de doctor. Abrió una consulta en el barrio londinense del Soho. Esta vez, Snow ganó prestigio aplicando experimentos científicos relacionados con la anestesia. Esta nueva técnica que servía para evitar el dolor en operaciones y partos, era todavía muy insegura. Snow fue de los primeros en saber calcular las dosis adecuadas de cloroformo y éter. Incluso diseñó dispositivos y máscaras para aplicarlos a los pacientes con seguridad. Y también escribió una guía médica para su uso. Logro tal fama que Snow fue elegido en persona para administrar cloroformo a la reina Victoria durante los partos de su último hijo. Fue todo un éxito. El niño nació en 1853 y se llamó Leopoldo. Este acontecimiento contribuyó a la aceptación pública de la anestesia. Sin embargo, John Snow es hoy recordado por otro logro. Aunque tuvo que poner en riesgo su reputación como médico mientras estaba en la cima de su carrera. De estudiante, John Snow aprendió la teoría de las miasmas. Le explicaron que unos malos aires eran los que causaban las enfermedades infecciosas. Como el cólera o la peste bubónica. Ese era el consenso de los sabios de la época. Pero a Snow había algo que no le encajaba. Si esta teoría fuera cierta, los pacientes con malos aires tendrían síntomas respiratorios. Cosa que no sucedía. John Snow se interesó por estos casos. Descubrió que moría más gente en el sur de Londres. Donde las aguas del Támesis estaban más contaminadas que las del resto de la ciudad. Snow llegó a la conclusión de que la causa era una ‘materia mórbida’. Algo invisible para el ojo humano. Su hipótesis supuso un desafío al saber establecido. En aquel tiempo todavía no se había extendido la teoría de que los microbios causan las infecciones. John Snow no pudo demostrar sus afirmaciones. En 1854 surgió otra grave epidemia de cólera en el Reino Unido. John Snow aprovechó la ocasión para seguir investigando. Habló con los enfermos y sus familias. Investigó sobre los lugares en los que los pacientes habían bebido agua infectada. Snow identificó una bomba de agua en la calle Broad. Que era el origen del brote en el barrio del Soho. Convenció a las autoridades de que había que clausurar esa fuente pública. Y el número de casos comenzó a bajar. Pero entonces no fue suficiente. Los vecinos reclamaron. Y la bomba de agua volvió a ponerse en funcionamiento. John Snow luchó contra estas medidas. Hasta que muró de un infarto en 1858 a los 45 años. Los hechos le dieron la razón en las décadas siguientes a su fallecimiento. Al fin, las autoridades sanitarias comprobaron que sus ideas eran válidas. El agua de esa bomba venía mezclada con restos fecales. Louis Pasteur demostró que los microbios eran la causa de las infecciones. Y ya en 1884 Robert Koch identificó a la bacteria fecal como el agente causante del cólera. Lo curioso es que los trabajadores de una fábrica de cerveza permanecieron inmunes al brote de la bomba de agua de Broad Street. Temerosos de esa agua, solo bebían cerveza. Que se producía con agua hervida. Hoy en día, permanecen la misma bomba de agua en esa calle londinense. Junto a una placa en recuerdo a la gran hazaña científica de John Snow.