EL ENCANTO DE LA MAGIA DE LA LECTURA EN VOZ ALTA
Sobre este episodio
EL ENCANTO DE LA MAGIA DE LA LECTURA EN VOZ ALTA La lectura en voz alta precede a la silenciosa. Esta última no se generalizó hasta bien entrado el siglo 15. Coincidiendo con la invención de la imprenta. Antes, la lectura era un acto colectivo. Los hombres de Alejandro Magno se quedaron pasmados al comprobar que este leía mentalmente una carta de su madre. Algo que se consideraba una extravagancia. Durante buena parte de la historia, lo habitual era que la lectura se hiciese en voz alta. Aunque el destinatario fuese uno mismo. El primer testimonio de lectura silenciosa lo da San Agustín en el siglo cuarto. Este se asombra al ver a san Ambrosio leyendo en silencio solo. San Ambrosio sólo leía en silencio en público. En privado prefería leer en voz baja. Desde el siglo 18, existen los lectores profesionales. Los encargados de formar corrillos o ir de casa en casa para leer las noticias del día. Así informaban a las personas analfabetas, a los ancianos y a los que no tenían acceso a la lectura. Todavía siguen estos profesionales. Hoy en día se les puede contratar para dar una opinión formada de una obra de inminente publicación. Pasaron los siglos, y esta actividad quedó relegada. Últimamente, la tecnología ha arrinconado cada vez más esos momentos. En los que uno lee y otros escuchan. La escritora Meghan Cox lo relata así en su obra: La magia de leer en voz alta. Es la actividad más económica y eficaz para el bien de nuestra familia. La ensayista estadounidense combina el rigor científico con su experiencia como madre de cinco hijos en su libro. El momento mágico de la lectura compartida es un antídoto contra el déficit de atención, la adicción a las pantallas y al atontamiento digital. Leer en voz alta es un acto transformador. Los cuentos leídos en la infancia en voz alta refuerzan las conexiones neuronales. Y fomentan las buenas relaciones familiares. Incluso, afirma que: La diferencia de oportunidades entre los niños a los que les leen cuentos y los que no es mayor que entre los que asisten a un colegio elitista y los que no. Meghan se ampara en varios estudios para sustentar esta idea. Los niños que no escuchan cuentos en la infancia tienden a ir hasta 14 meses por detrás en el aspecto lingüístico. La competencia lingüística a los 3 años permite pronosticar cómo será su dominio del idioma a los 10. Las palabras llaman a las palabras. La lectura en familia propicia el bienestar emocional. El lector y el oyente sincronizan su actividad cerebral. A este proceso se le denomina ‘acoplamiento neuronal’. Es fundamental para educar la atención. Y más en estos tiempos de interrupciones constantes. Cualquier momento de descanso es bueno para abrir un paréntesis de lectura. No hace falta que se haga antes de acostarse. Pero no solo es una costumbre beneficiosa para los más pequeños, también lo es para los adultos. La magia de leer en voz alta nos traslada a diversos escenarios sin necesidad de viajar. Tal y como hacía el afamado Dickens ante su audiencia. El público lloraba y reía durante su intervención. El escritor dedicaba semanas a practicar la lectura en voz alta de sus obras. La poesía, los refranes, las anécdotas, las rimas… Son formatos ideales para compartir en voz alta. Cada vez están más de moda los audiolibros. Algunos escritores se encargan de leer sus propias obras. En otros casos, los audiolibros están narrados por locutores profesionales. Muchos autores, como J.K Rowling, promocionan sus obras mediante lecturas colectivas ante su público. Sin embargo, para que obre la magia, es imprescindible apagar los dispositivos electrónicos. Silenciar los teléfonos… Y dejarse hechizar por una voz que comienza con el ‘érase una vez…’.