INFORME SOBRE EL ESTADO DE LA ALIMENTACIÓN MUNDIAL
Sobre este episodio
EL INFORME SOBRE EL ESTADO DE LA ALIMENTACIÓN MUNDIAL Una familia de Bangladés. Las inundaciones les ha dejado apenas algo de arroz que llevarse a la boca. Una adolescente de la República Centroafricana. Solo encuentra gachas de sorgo en el campo. Mientras se refugira de la guerra. Unos compañeros de piso universitario en Argentina. Sus becas de estudios no les da más que para comer pasta y tomate frito casi todos los días. Un matrimonio en situación de paro en España. Dependen de lo que reciben del Banco de Alimentos de su barrio. Todos estos casos tienen orígenes distintos. Pero les une algo. No pueden pagarse una dieta mínimamente saludable. Son tres mil millones de personas, casi la mitad de la población mundial. Según las estimaciones más conservadores del informe del estado de la seguridad alimentaria. Lo publica una agrupación de agencias de la Onu. En África y Asia del sur, el 57 por ciento de la población no puede acceder a esta dieta. Una dieta saludable es la que contiene como mínimo 2.300 calorías. 69 gramos de proteínas por persona y día. Además de los micronutrientes necesarios. Algo inasequible para los que siguen la línea internacional de pobreza extrema. Establecida en 1,9 dólares por persona y día. Comer sano sale de media cinco veces más caro que seguir una dieta que simplemente satisfaga nuestras necesidades energéticas. Como sería el caso del arroz de la familia bangladesí. O el de los kilos de pasta de los estudiantes argentinos. El año pasado se informó de que había 821 millones de personas en esta situación en el mundo. Este año hay 690. Pero son más que el anterior. ¿Cómo es posible? Porque la cifra tiene trampa. Para el conteo de 2020 se han actualizado los datos de 13 países. Por lo tanto, han tenido que valorar los resultados de los últimos 15 años. Entre los nuevos países se incluye China. Que cuenta con un quinto de la población mundial. La información de este país estaba desfasada. Con las cifras actuales, los número de 2018 no eran 821 millones de hambrientos, sino 678. Este año hemos empeorado 10 millones más. Lo que importa es que la situación sigue empeorando. La última vez que el mundo vio una reducción del hambre fue en el 2014. Ahora, aquellas ambiciosas metas de los objetivos de desarrollo sostenible han quedado atrás. El número de afectados por inseguridad alimentaria severa es de 750 millones. Uno de cada diez no saben si podrán comer al día siguiente. Asi cuenta con unos 381 millones de habitantes en esa situación. Le sigue África con 250 millones. La solución pasa por cambiar el modelo de consumo. No se puede imponer la misma dieta para toda la humanidad. Hay que garantizar una diversidad de alimentos que permitan obtener los micronutrientes necesarios. Por ejemplo, en Uganda haría falta consumir más proteínas para alcanzar un nivel mínimo. Mientras que Estados Unidos necesita todo lo contrario. Consumir menos proteínas, en general. Aunque depende de lo que requiera cada persona. Se tendría que abaratar el coste de los alimentos nutritivos. Favorecer el acceso a una mayor variedad de alimentos. O enseñar a consumir dietas saludables en los programas sociales. Desde Unicef aseguran que dos de cada tres niños menores de cinco años en países de renta baja, no comen lo suficiente para satisfacer sus necesidades nutricionales. Puede que comen sus necesidades energéticas. Es decir, que comen lo bastante para no poner a los menores en riesgo de muerte. Que se alimentan con lo necesario para crecer más o menos bien. En cambio, pueden tener deficiencias en vitaminas, hierro o zinc. Las dietas inadecuadas conducen al sobrepeso en la población infantil. Ya afecta a 40 millones de menores en el mundo. Esto se da más entre los países de renta media y alta. Una dieta desequilibrada les aporta más energía de la que necesitan para crecer. Pero no les brinda los nutrientes básicos para su crecimiento. En España, el 35% de los menores entre ocho y 16 años tiene exceso de peso. La fuerte pandemia de covid 19 empeora el escenario mundial. La recesión económica añadirá a mas millones de hambrientos. Más ciudadanos con problemas de acceso a la comida. La caída del Pib genera desempleo. Las famílias no pueden comprar casi alimentos. Unicef estima que la pandemia hará que el número de niños desnutridos suba unos 7 millones más. La única posibilidad de revertir las cifras es realizar una completa transformación del sistema alimentario. La clave no está en cuánto comemos, sino en qué comemos. La malnutrición incluye el sobre peso, la obesidad, la desnutrición o la carencia de los elementos básicos para el correcto desarrollo. Hay que promover las dietas saludables. El informe advierte de los costes ocultos de no llevar una dieta equilibrada. Un gasto estimado de 1,1 billones de euros en tratar enfermedades como la diabetes y otras complicaciones cardiovasculares. Con una buena dieta, nos podríamos ahorrar el 97% de esta tremenda cantidad. Otro coste oculto son los 1,2 billones de euros en gastos por las emisiones de efecto invernadero. Con una adecuada política alimentaria nos ahorraríamos hasta un 74% de este dispendio. Una política que sirva para abrir más los ojos y cerrar más la boca.