Somos lo que contamos las burbujas narrativas
Sobre este episodio
Somos lo que contamos las burbujas narrativas Las noticias falsas no son algo nuevo. En el libro ‘somos lo que contamos’ se abordan las razones de nuestra credibilidad. Contar historias nos ha permitido sobrevivir y reproducirnos como especie. Es una facultad que nos facilita viajar al pasado o al futuro. Imaginar situaciones inexistentes o inventar personajes. Narrar es la manera que tenemos los humanos de estar en el mundo. Aunque tenga su reverso oscuro. Los autores de ficción conocen bien el terreno. Toda narración supone un pacto entre el autor y el receptor. Una especie de contrato. Se llama ‘suspensión de la incredulidad’. El lector sabe que lo que se le cuenta es una fantasía. Pero la acepta, si el relato es coherente. El pacto dura mientras se mantenga el hechizo de la narración. Nadie engaña a nadie. Ni tampoco se engaña a sí mismo. Son las reglas del juego. En cambio, esta facultad narrativa entraña sus riesgos. Como el de hacerse pasar por el real si encuentra el camino libre. Depende de la circunstancia, el momento y el lugar. Hay gente que da por válida una historia irreal. O colectivos que le otorgan una presunción de veracidad a una milonga. Las fake news son un conjunto de relatos con una estructura narrativa mínima. Están puestos al servicio de la manipulación y el engaño. Alimentan las emociones más peligrosas. El miedo y la ira. Tienden a polarizar a su público. Y suponen un riesgo para la convivencia democrática. ¿Por qué funcionan las fake news? Los algoritmos opacos de las redes sociales se dedican a extraer datos de sus usuarios. Y crean patrones de comportamiento con ellos para vendernos cosas. Y entre esas cosas, están las ideas. Es un caldo de cultivo ideal. Analicemos el perfil de ciertas personas que prefieren vivir en la desinformación. Lo suelen hacer por vagancia o supervivencia. Prefieren no saber demasiado o reforzar sus propias creencias antes que asomarse a un mundo diverso. Antes que admitir que están equivocados. Existen ciertos mecanismos de nuestro cerebro que favorecen las fake news. Según su autor, serían tres. Una situación desconcertante que causa angustia. Cierta predisposición a aceptar teorías conspirativas. Y la inmersión en un estado mental conocido como ‘burbuja narrativa’. Cualquiera de los tres por separado es peligroso. Y la combinación del pack es desestabilizadora. Veamos por qué. Hace unos años se descubrió que hay pacientes con un fallo deficiente en la amígdala. Una estructura cerebral antigua. La que nos advierte de un peligro. Funciona como nuestro sistema de alarma rápido. La amígdala es muy imprecisa. Nos da bastantes falsas alarmas. El delirio es una manera de dar sentido a una experiencia. Es una respuesta narrativa a una angustia inexplicable. La creencia en las conspiraciones es un hecho que viene de muy antiguo. Está arraigado en la psique del ser humano. Hay rasgos de la personalidad que la potencian. Como la percepción de falta de control sobre la propia vida. Y nos puede llevar al estrés, los trastornos de ansiedad y a la depresión. También está la tendencia al pensamiento mágico. El de aceptar causas sobrenaturales en las explicaciones. El último es el pensamiento épico. Que abusa del melodrama, exageración y la construcción de un mundo imaginario. En una especie de lucha del bien y el mal. Una tierra de héroes y villanos. Cualquier relato potente y atractivo puede terminar por convertirse en una burbuja narrativa. Y siempre puede calar en cierto público. Las burbujas se generan alrededor de un relato, un hecho. El fin de la civilización está cerca. La humanidad está en peligro. Los psicólogos han comprobado que los humanos podemos ser muy crédulos con algunas narraciones. Normalmente, las personas que sueltan la burbuja narrativa creen honestamente en lo que dicen. Y tratan de imponer esa verdad. Aunque sea inverosímil. La segunda razón del éxito de una burbuja narrativa es su sentido de oportunidad. Se aprovecha de un acontecimiento que es tendencia. Hay una burbuja narrativa por la que hemos pasado casi todos. Aunque pocos lo admitirán. Es la pompa del enamoramiento. Una cascada de fenómenos psíquicos y biológicos que cambian nuestra manera de percibir la realidad. Lo vemos todo de color de rosa. Y el relato cala con intensidad ante del deseo afectivo. A veces sin apenas conocer a una persona, nos convencemos de que es la pareja ideal. Y cualquier coincidencia nos sirve para aislarnos en nuestra burbuja narrativa.