Ocean Ramsey la bióloga que nada con tiburones para salvar el planeta
Sobre este episodio
Ocean Ramsey la bióloga que nada con tiburones para salvar el planeta Ella es Ocean Ramsey. Se licenció en biología marina por la Universidad de Hawai. Ha fundado organizaciones como One Ocean Research. Dedicada al estudio de los tiburones. Entre sus actividades, planifica inmersiones de buceo. Para educar a los turistas que quieran ver escualos con sus propios ojos. Sin duda, domina las redes sociales. Ramsey ha participado como doble en varias películas internacionales. Como Into the Blue 2, La Isla Calavera… Y ha prestado su imagen a varias campañas de publicidad. Nos sumergimos en algunas curiosidades de su arriesgada misión. Ramsey no pretende ganar fama rápidamente. Su popularidad comenzó cuando participó en una campaña para preservar los océanos. Estaba patrocinada por la firma de cámaras Go Pro. Lleva más de 20 años buceando de manera profesional. Se dice de ella que es la profesional que más contacto ha tenido con tiburones. Ella asume que realiza su trabajo al límite. En el océano no existen los tiburones domesticados. Así que al entrar en un mundo que no es su hábitat, siempre está en juego su seguridad. Ramsey puede contener la respiración durante más de seis minutos. Y logra descender más de sesenta metros buceando. En su libro, Ramsey deja clara que su postura es dar visibilidad a su causa. La de intentar salvar a muchas especies en peligro de extinción. Steven Spielberg aterrorizó a gran parte de la población con el estreno de la película ‘Tiburón’ en 1975. Sin embargo, las estadísticas demuestran que los escualos no son el peligro número uno en los mares. De media, en los últimos diez años, se han registrado una media anual de unos ocho fallecimientos por ataques de tiburones. En cambio, las medusas provocan unos 150 millones de picaduras en todo el mundo. Solo en Filipinas producen la muerte de unas cuarenta personas al año. En realidad, según la Oms, el animal más letal para los humanos es el mosquito. Con unas 800.000 muertes anuales como consecuencia de sus picaduras. Ramsey denuncia que acabamos con unos 100 millones de tiburones al año. La mayoría de las veces se les corta la aleta dorsal. La que sirve para hacer sopa. Y luego se les arroja al mar, mutilados. Sin aletas, los escualos no son capaces de nadar. Y no consiguen que el agua cargada de oxígeno pase por sus branquias. En ese estado, les espera un duro final. El de fallecer por asfixia, desangrados o devorados por otros animales. Ramsey aclara que durante su experiencia se ha visto perseguida por algunos tiburones. Alguna vez ha tenido que empujarles para escapar de una difícil situación. Según declara, los tiburones no se dedican a perseguir a los seres humanos. Las personas no formamos parte de sus presas favoritas. Como sería el caso de un león marino, un calamar o una tortuga. Los ataques a personas son muy raros. Normalmente se trata de tiburones hambrientos o ciegos. O de situaciones en las que compiten entre ellos por el espacio. Son depredadores, pero no monstruos. Los escualos tienen ojos complejos y bien adaptados. Pero la vista no es su fuerte. Por otro lado, tienen un oído portentoso. Además, pueden oler. Y no, no les gusta la sangre humana. Ramsey vuelve a desmontar otros mitos que aparecen en las películas de tiburones. Un escualo puede morder a una persona, pero es infrecuente que vuelva a por su presa una y otra vez. Suelen dar un mordisco de tanteo, para comprobar su sabor. Pero Ramsey especifica que no entramos en su menú de degustación. La regla principal es que nunca hay que bajar la guardia cuando se bucea entre escualos. Su organización enseña a conocerlos y a respetar su hábitat natural. Cada especie de tiburón muestra un tipo de personalidad distinta. Ramsey da pautas para distinguir de qué variedad se trata, a interpretar su lenguaje corporal y su manera de luchar. Entender su lenguaje es una herramienta fundamental de supervivencia. Bucear es sumergirse en su estilo de vida, en su mundo. Los marrajos suelen ser más dominantes. Los tiburones que aún son jóvenes y adolescentes son los más peligrosos. Ya que están explorando sus límites. Por último, Ramsey aconseja seguir estos pasos para lograr una inmersión lo más segura posible. Si nos encontramos con un ejemplar frente a frente, no des palmadas ni chapotees en el agua. Hay que nadar y bucear siempre en posición vertical. Acompañados de algún compañero que nos guarde las espaldas. Ante un grupo de escualos, hay que identificar a los más dominantes. Cuando aparece un tiburón, muy cerca puede haber más. Y tampoco hay que bucear en lugares donde se descarga carne, residuos o se practica la pesca submarina. Y lo más importante. Una retirada a tiempo es una victoria. Y, en este caso, puede… Salvarnos la vida.