Los algoritmos que se asemejan a una inteligencia natural
Sobre este episodio
LOS ALGORITMOS QUE SE ASEMEJAN A UNA INTELIGENCIA NATURAL Viven con nosotros, aunque no los veamos. Están ahí, sin que reparemos sobre ello. Los algoritmos monitorizan los pasos de los internautas. Están detrás de los servicios digitales que consultamos a diario. Y se extienden cada vez más a todos los negocios. Hay algoritmos para predecir el tiempo, los atascos y hasta el amor. Los hay que componen música y pintan cuadros como si fueran Van Gogh. Otros, en cambio, están detrás de la creación de noticias falsas. Y ayudan a predecir quién ganará las próximas elecciones. ¿Són útiles? ¿Deberían poder auditarse? En ocasiones se piensa en ellos como una fórmula secreta y opaca. En realidad, son instrucciones que sirven a las máquinas su poder de decisión. Se alimentan de los datos regalados por los usuarios. Luego, ajustan y personalizan las experiencias de uso. Un empresario del futuro tendrá una máquina a su disposición que le ofrecerá los resultados más óptimos ante un problema. Algunos expertos denuncian que hay una tiranía de los algoritmos en las actuales sociedades. Existen organismos reguladores y autoridades que quieren ponerles coto. Es decir, reducir brechas en lugar de abrirlas. Un algoritmo es un sistema de información. Y la información genera conocimiento. Otra cosa es cómo lo utiliza. La tecnología no es buena o mala por sí misma. Depende de su uso. Los algoritmos son el libro de instrucciones de los grandes servicios digitales de nuestro día a día. Saben en cada momento, los programas que mejor se adaptan a un determinado consumidor. Veamos cómo operan en la red social Facebook. Allí recibe el nombre de Edgerank. Y decide los contenidos que aparecen en tu perfil. Últimamente los medios de comunicación han perdido bastante presencia. Ya que esta red social prefirió darle más visibilidad a las publicaciones de los amigos. Los avances en el campo de la inteligencia artificial pueden ser muy útiles. En Zambia, ayuda a los agricultores africanos a obtener información instantánea sobre las plantas y los patrones climáticos. Antes, sólo se podía saber, consultando a los expertos agricultores y a los meteorólogos. Otros sistemas, nos indican cual es la ruta más rápida hacia un destino. Gracias a estos recursos, se han podido descubrir nuevos exoplanetas. Hay una generación de sistemas de información que son capaces de aprender sobre sí mismos. Los expertos consideran que las máquinas deben ser vistas más como compañeros que como sustitutas naturales. Estas nos puedan dar mucha información. Pero les faltará la intuición o la creatividad de la condición humana. La inteligencia artificial va a permealizar todos los aspectos de la vida cotidiana. Lo transformará todo. Las relaciones, el amor o el trabajo. Tendríamos que pedirle más transparencia a las corporaciones que las diseñan. Ya sabemos que sus filtros no son neutros. Sino que tienen un fin. Los algoritmos buscan lo que han programado sus creadores. Ahora las máquinas pueden reconocer voces, caras o imágenes. Incluso, entender los patrones del significado de las palabras. Es decir, se van acercando a la inteligencia humana. En los últimos años, se piensa más en regular el poder de los algoritmos sobre nuestras decisiones. Pero no hay que regularlos como si fueran algoritmos. Sino como si se tratase de una inteligencia natural. No basta con controlar la tecnología, sino lo que se hace con ella.