UNA HISTORIA DE LA HIGIENE
Sobre este episodio
UNA HISTORIA DE LA HIGIENE La higiene es muy importante para la salud. Hábitos tan cotidianos como lavarse las manos, los dientes o bañarse… Son esenciales para prevenir enfermedades. El objetivo de estar limpios es conseguir una buena calidad de vida. La higiene es un espejo a través del cual nos percibe la sociedad. Muchos hábitos de higiene son relativamente modernos. En este vídeo comprobaremos cómo han ido cambiando las costumbres cotidianas y nuestra percepción de la higiene. En la prehistoria, la sociedad fue nómada. Desde que se volvió sedentario, tuvo que lidiar con sus problemas en el aseo diario. Era más importante sobrevivir que tener una buena imagen. Los estudios confirman que algunos se afeitaban con rudimentarias piedras. Y comenzaban a utilizar un tipo de maquillaje para los rituales o como un signo de belleza. Al vivir en espacios cerrados, era habitual que hubiesen piojos, chinches y pulgas. Las enfermedades eran frecuentes. Por eso la media de vida en este tiempo no era muy alta. Avanzamos hasta el antiguo Egipto. La higiene cobró más importancia en esta época. De hecho, el aseo y la medicina ya empezaron a estar relacionados. Los egipcios se bañaban para combatir las altas temperaturas y la humedad reinante. Los trabajadores solían bañarse en los canales del río Nilo. Mientras que para reyes y nobles, el baño significaba algo más que un mero acto de higiene. Los poderosos emplearon incienso, aceites, fragancias, esencias y otros perfumes. Solían usar alohe vera, canela, azafrán y mirra. La mezcla de ciertas plantas se utilizó para ahuyentar a los insectos. Los egipcios ya usaron hierbas y hojas para asearse. Se han conservado un trozo de madera envuelto en lino de aquel tiempo. Las pelucas con joyas adornaron las cabezas de muchos nobles y faraones. Los más humildes lucían su cabello natural. Incluso, hasta se llegaban a depilar para evitar los piojos. Las barbas eran poco habituales. Muchos faraones emplearon una postiza para identificarse con Osiris. Como un símbolo de divinidad. Mujeres y hombres se aplicaron el Kohl. Era una mezcla de ollín. Esta cosmética servía para oscurecer los párpados. La belleza, la salud y la moda, fueron relevantes en el antiguo egipcio. Llegamos a la época de los romanos. Las termas romanas estaban decoradas con vistosos mosaicos. Además de estatuas y frescos. En estos recintos podían llegar a bañarse hasta 2.000 personas. Eran espacios tanto para el aseo, como para las conversaciones. Existían salas con agua a diferente temperatura. Salas al aire libre, de calor seco… o masaje. Los gobernantes romanos pusieron interés en la higiene de la población. Y construyeron canales y acueductos para hacer llegar el agua a las ciudades. Se instalaron letrinas por las urbes. Estas eran colectivas, de manera que no había intimidad. Mientras uno realizaba sus necesidades, podía estar conversando con otro ciudadano. Muchos excrementos terminaban siendo arrojados a las calles. Con la entrada de la Edad Media, los hábitos en la higiene cambiaron. En Europa, desapareció el agua corriente en los hogares. Y la concepción del aseo personal se transformó. Los baños ya no fueron tan habituales. Siguieron existiendo baños públicos aunque con las restricciones de la iglesia. El agua caliente era muy cara, así que lo tradicional fue bañarse en los meses de verano. Una familia podía compartir una misma zona para bañarse. El orden de prioridad fue primero el padre, luego la madre, después las hijas según su edad y por último los niños más pequeños. Ya os podeis imaginar que el agua terminaría bastante sucia. Las bodas solían celebrarse en verano. Se cree que las novias llevaban un ramo de flores para disimilar el mal olor que había. Las familias adineradas contaban con su vajilla para celebrar los grandes banquetes. Los más humildes comían y bebían en recipientes de madera. Con el tiempo, estos se estropeaban y terminaban envenenando a sus usuarios. Los dientes se extraían sin anestesia. Las letrinas se instalaron en lo alto de los castillos y murallas. Los deshechos terminaban en ríos, huertos, y campos. En las poblaciones, la gente solía arrojar la orina y los excrementos por las ventanas. Al llover, corrieron riachuelos de agua sucia. En ocasiones se vendía el excremento como estiércol o abono. Y la orina le servía a los tintoreros para blanquear las pieles y telas. La ropa era hecha a mano. Fue costumbre portar la misma ropa durante meses sin cambiarse. Debido a esta falta de higiene, se desencadenaron epidemias de peste y enfermedades. Un tercio de la población Europea falleció por estas causas. Ahora nos situamos en el siglo 18. El aseo personal seguía sin ser tan importante. La aristocracia procuraba mostrarse limpia en apariencia. Aunque, bajo su ropa, estuviesen sucios. Las clases humildes combatían la suciedad y el mal olor camuflándolo con aceites y perfumes. El hacinamiento hizo que muchos viviesen en pequeñas casas. La humedad y la falta de limpieza siguió originando muchas enfermedades. Los desechos se siguieron tirando a las calles y a los ríos. Hasta que se construyeron las primeras letrinas conectadas a las letrinas. Las enfermedades venéreas estuvieron a la orden del día. Las mujeres de clase alta lucieron grandes atuendos. Los abanicos servían para dimiluar el mal olor que salía debajo del ropaje. Las pelucas servían para protegerles de los piojos. El canon de belleza de esa época establecia que la piel debía ser blanca, limpia y sin imperfecciones. Era un indicador de pertenecer a una clase alta. Este afán por cierta cosmética llevo a muchos a emplear materiales tóxicos. Los blanqueadores llevaban mercurio líquido en su composición. Otros cosméticos tenían plomo. Para depilarse se usaron preparados con arsénico, lima y potasio. El resultado, es que terminaron sufriendo úlceras y llagas. Para colmo, era normal echarse amoniaco en un vaso de agua para disimular el mal aliento. Estos modelos de belleza perjudicaron a la salud de la aristocracia. Como podeis ver, la concepción de la higiene y del aseo personal ha variado a lo largo de las épocas. Hoy en día, gracias a los últimos descubrimientos, sabemos que la higiene es fundamental para llevar una vida sana. No sólo por nuestra salud, sino por respeto al resto de ciudadanos.