LOS BIOCOMBUSTIBLES
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LOS BIOCOMBUSTIBLES Muchos aseguran que el petróleo y el carbón darán paso a los biocombustibles. Se pueden obtener de distintos desechos. Como microalgas, comida caducada o del maíz. La industria comienza a apostar por las sustancias de origen orgánico como combustible. En 2019 el consumo de biocarburantes creció casi el siete por ciento en la Unión Europea. Las previsiones apuntan al crecimiento de estas fuentes de energía renovables. Sin duda, estarán impulsados por el Pacto Verde Europeo de 2050. Esto es, que las emisiones de dióxido de carbono equivalgan a la cantidad absorbida por sumideros. Todavía no es posible que muchos transportes marítimos o aéreos de gran tonelaje sean del todo eléctricos. Por ello, este pacto pasa por favorecer el uso de estos biocombustibles. Son la alternativa para reducir el co2 en el sector de los transportes a gran escala. Su origen se remonta a finales del siglo 19. El empresario Henry Ford ya se planteó utilizar el etanol como carburante para su modelo T. Que fue el primer vehículo construido en una cadena de producción. Incluso, los primeros motores diesel funcionaron con aceite de cacahuete. Todo cambió con el descubrimiento de inmensos depósitos de petróleo. Al caer el precio de la gasolina, los biocombustibles dejaron de ser rentables. Hoy en día, vuelven a ser una opción. Los biocombustibles se pueden obtener a partir de plantas ricas en carbohidratos. Por ejemplo, el maíz, la soja y el girasol y de otras especies forestales como el pino y el eucalipto. También se extraen de los lodos de depuradoras, purines de cerdos, excrementos, aceite usado o de la biomasa forestal. Uno de los biocombutibles más extendidos es el bioetanol. Se produce mediante la fermentación de productos vegetales como la caña de azúcar o la remolacha. En tanto que el biodiesel surge de los aceites vegetales como la colza, la palma y el girasol. Además de las grases de animales o microalgas. Estados Unidos y Brasil lideran la producción mundial de bioetanol. Mientras que Alemania encabeza la del biodiesel, el biocarburante estrella en Europa. La Unión Europea aspira a sustituir los biocombustibles de primera generación, que son los extraídos de plantas que consumen los seres humanos, por los de segunda generación. Que serían los que se producen a partir de residuos de biomasa. Por ejemplo: los biocarburantes en España, redujeron las emisiones de gases de efecto invernadero, un 65 por ciento en 2019. Lo que supone un ahorro de casi cuatro millones de toneladas de co2. Por último, también gana protagonismo un nuevo carburante limpio, el biogás. Que se elabora de la fermentación de restos agrícolas. Es una apuesta por una economía sostenible.