LA LEYENDA DE HESA UN CUENTO DE JIMENA CEIP AITANA BENIDORM
Sobre este episodio
La leyenda de Hesa Había una vez, hace muchísimos años existió una especie de animales llamados los peluchines. Los peluchines eran enormes. De varios colores como el rosa, el azul, amarillo o el verde. Pero con el paso del tiempo llegó el hombre. Y los fue masacrando. Se llevó la preciosa piel de los peluchines y dejó por extinta la especie. Pero todavía quedaba un peluchín de color rosa. Se llamaba Hesa. Su nombre en alemán significaba: liebre. Tenía el aspecto de un conejo. Hesa le tenía miedo al ser humano. Por lo que le hacía a su especie. Y se escondía en el bosque de Montesco, en Italia. Era muy amigo de los animales, como los osos, los mapaches o las ardillas. Un día, su vida cambió para siempre. Hesa estaba comiéndose una manzana. Y vió a un mapache Apache contento. Le preguntó: ¿Por qué estás tan contento, Apache? Mientras, Hesa le dio un bocado a la manzana. Pues, un niño me dio una longaniza para comer- dijo el mapache mientras se relamía con satisfacción. ¿Y que es un ‘niño’? Preguntó Hesa. ¡¿No sabes lo que es un niño?! Pues no…¿Podrías decirme como son? Hesa miró al mapache con curiosidad. El apache carraspeó y comenzó así su explicación: Un niño es como el hombre y la mujer. Algunos tienen la piel como el suelo que pisas…marrón… Otros tienen los ojos como el cielo. Hesa miró hacia arriba, entusiasmado. Y otros son como un sol…terminó de contar el sabio mapache. Hesa se quedó boquiabierto. ¿Y dónde puedo encontrar esos niños Apache? Preguntó Hesa, emocionado. Pues, están en todas partes. Apache se despidió de Hesa y se metió en su madriguera. Hesa no pudo dormir aquella noche. Estaba tan contento de que por fin un humano la iba a tratar bien… Al día siguiente, cogió una manzana, cinco zanahorias y tres racimos de uvas. Se despidió de todos sus amigos animales y se fue en busca de un niño que la amara. Caminó tanto que, en un momento, sin que nadie le viera, se apoyó en una torre. La torre se inclinó y así se quedó. Hoy en día, la conocemos como: La torre Pisa. Hesa pasó meses, incluso un año entero en su búsqueda. Pero no encontró nada. Empezó a rendirse. Con la poca fuerza que le quedaba, se tumbó en un monte inhabitado y se quedó dormido. Al día siguiente oyó unos pasos…al parecer eran de un humano. Vió a una niña rubia, de ojos verdes con una sonrisa de oreja a oreja. La niña se acercó a Hesa corriendo y dijo: Hola conejito, me llamo Colett. ¿Y tú? Hesa la miró y estiró su oreja. Escribió la palabra ‘Hesa’ en el monte. A continuación, debajo de su nombre escribió ‘Colett’. La niña, con su pequeña mano, dibujó una flecha señalando al conejo. Como diciendo: Este es ‘Hesa’. Luego le acarició la nariz, diciendo: Eres adorable. Hesa se puso colorado. Colett llamó a otros niños. Y Hesa dijo: Llamemos a esta montaña, el monte Coletto. Los niños se miraron unos a otros murmurando lo que les parecía su idea. La aceptaron. Luego empezaron a jugar encima de Hesa. Él decidió quedarse allí para que los niños jugaran. Y de tanta alegría, casi se le sale el corazón. Por fin descubrió que alguien le quería. Ese era su destino. Y Hesa lloró de felicidad.