LINGÜISTA FORENSE POR LA BOCA MUERE EL PEZ
Sobre este episodio
LINGÜISTA FORENSE POR LA BOCA MUERE EL PEZ En 2002 el fiscal echó por tierra la coartada de Stuart Campbell en el asesinato de su sobrina en Essex, Inglaterra. Los peritos demostraron que él fue el asesino y no la víctima, como había hecho creer. La clave estuvo en unos mensajes que envió desde el teléfono móvil. Los análisis del texto revelaron que era el estilo propio del sospechoso. El autor del crimen nunca imaginó que un centenar de caracteres sirvieran para meterle entre rejas. La estructura y el contenido de las frases que usamos de forma cotidiana en las conversaciones son casi únicos. Incluso, la puntuación o la gramática de un mensaje anónimo pueden dar pistas sobre: la edad, el sexo o la ubicación geográfica de su autor. Los lingüistas forenses trabajan con estas diferencias en el uso de las palabras. Por lo tanto existe un modo distintivo en el que cada uno codifica el lenguaje y se expresa con sus propias marcas lingüísticas. No hay dos personas que utilicen el lenguaje exactamente igual. James Fitzgerald es un experto investigador del FBI en este campo. Y se ha dedicado a identificar documentos anónimos. El lingüista Don Foster asegura que: los seres humanos son prisioneros de su propio lenguaje. El análisis científico de un texto puede revelar datos tan claros como las huellas dactilares. Ellos dos fueron los que lograron resolver el caso de Unabomber. El famoso criminal que envió cartas bomba a diferentes puntos de Estados Unidos durante 18 años. Unabomber escribió un manuscrito de más de 100 páginas amenazando con volar un avión, si su mensaje no aparecía en la prensa. Analizaron el texto en profundidad mediante estas técnicas forenses. En 1996 apresaron a Ted Kaczynski. Su hermano colaboró al reconocer ciertos rasgos de Ted en el manuscrito. El FBI registró su casa y comparó todo tipo de textos y cartas con sus mensajes. Al final, se confirmó que eran obra de la misma persona. Además, en su escritura se identificaron frases a lo Joseph Conrad. Incluso, Unabomber se identificaba a sí mismo con un objeto, la madera. En conclusión, los lingüistas forenses comparan los escritos con sus bases de datos en busca de hábitos lingüísticos similares. Pistas que sacan del vocabulario, el argot, las jergas, los regionalismos o la puntuación. Sin menospreciar el formato del documento o su soporte físico. Si es una comunicación oral, analizan el ritmo, la entonación, la fonética o las pausas. La veracidad de un relato suele ser mayor cuando incorpora bastantes detalles sensoriales. Es importante fijarse en los mensajes subliminales o Thought prints. Es decir, las huellas del pensamiento. Hoy en día hay estudios centrados hasta en los SMS. Teniendo en cuenta que siguen una estructura informal. Otro de los cometidos de estos especialistas es el de estudiar el entramado del lenguaje empleado en interrogatorios o confesiones policiales. Y cuentan con sofisticadas técnicas a la hora de detectar firmas falsas, textos con fines criminales o cartas de suicidio. Pueden juzgar si un texto es o no un plagio y aportar sus conclusiones ante un tribunal. Por ejemplo: la investigadora María Teresa Turell trabaja en el Laboratorio de Lingüística Forense, ForensicLab en la Universidad Pompeu Fabra en Barcelona. Ella participó en el supuesto plagio de Camilo José Cela a Carmen Formoso. Su laboratorio estableció que no fue un plagio del texto, en todo caso de ideas. Además, intervino en el escándalo de la presentadora de televisión Ana Rosa Quintana. Quien, al parecer, en su libro: Sabor a hiel, se apropió de párrafos completos de otras autoras. Esta ciencia daría por cierto el dicho: Por la boca muere el pez.