LOS SECRETOS DE LA MEMORIA DE HÉCTOR RUIZ MARTÍN
Sobre este episodio
LOS SECRETOS DE LA MEMORIA DE HÉCTOR RUIZ MARTÍN El científico y divulgador Héctor Ruiz Martín ha investigado en la universidad de Washington y en la Nasa. Conoce los entresijos de la memoria y ahora los expone en su libro: Los secretos de la memoria. Es un enigma para muchas personas. Nos asusta que se borren nuestros recuerdos, como sucede en las fases avanzadas de la enfermedad de Alzheimer. Nos atraen las tramas de películas y series donde alguno sufre amnesia. Y no recuerda quién es ni cómo ha llegado a esa situación. Por el contrario, algunos envidian a quienes poseen una memoria prodigiosa. A los que retienen hasta el más mínimo detalle. Aunque, nuestro experto asegura que esto es una ventaja dudosa con un gran coste biológico. Olvidar es un proceso necesario de nuestra memoria. Hector es uno de los mayores expertos en nuestro país en psicología cognitiva de la memoria y el aprendizaje. La memoria está rodeada de mitos. A menudo la comparan con un almacén de recuerdos o con una grabadora. Incluso, dicen que se puede entrenar como un músculo y fortalecerla. Sin embargo estos supuestos entrenamientos han demostrado efectos leves o nulos. El ejercicio físico, eso sí, ayuda a conservar el cerebro sano. Otro error común es pensar que solo tenemos un tipo de memoria. En realidad existen varios, que dependen de diferentes regiones del cerebro: Distinguimos entre memoria de trabajo, a largo plazo, episódica, etc. Por lo tanto la memoria no es un almacén de datos, sino nuestra capacidad de aprender cualquier cosa. Sin duda, el funcionamiento de esta capacidad tiene repercusiones en todos los ámbitos de nuestra vida. Lo mejor no es aprenderse las cosas de memoria, nos recuerda el autor. Hay que procurar que el aprendizaje vaya acompañado de comprensión. La memoria sería como una red de significados. Recordamos cosas a partir de los significados, no de los hechos concretos. Es decir, cuando necesitamos recordar algo no construimos una versión exacta de lo que sucedió, sino una aproximación. Nuestra memoria se hace robusta a medida que vamos aprendiendo. Aprendemos conectando la nueva información que adquirimos con los conocimientos previos que teníamos. Así que cuantos más conocimiento tenemos, más nos podemos basar en ellos para recordar las cosas. El especialista afirma que los niños pueden recordar las cosas con más precisión, pero menos información que los adultos. El aprendizaje con comprensión ha de ser transferible a nuevas situaciones. La memoria semántica es independiente del idioma que utilices. En realidad, saber varios idiomas para expresarte es beneficioso para la memoria porque tenemos más conexiones. Al memorizar algo no fortalecemos nuestra capacidad. La memoria funciona como una red de ideas y datos que se van conectando a la información con la que se pueden relacionar semánticamente. Cuanto más sabemos sobre algo, más fácil lo tenemos para aprender cosas relacionadas con ese tema. La memoria funcionaría como una cadena de varios músculos. Cuando aprendemos algo en concreto, ejercitas un tipo de músculo. En el libro, Hector entrevista a algunos atletas de la memoria, de esos que pueden recordar largas cadenas de números en poco tiempo. Sin embargo, son buenos haciendo esa tarea específica y no recordando poemas o versos, por ejemplo. La memoria parte de unas condiciones genéticas con las que nacemos, a partir de ahí, nuestra memoria se va desarrollando a lo largo de la vida. Más que memoria, sería saber. La memoria no es nuestra capacidad de almacenar datos, es todo, es la facultad de aprender cualquier cosa. Lo que hacemos a lo largo del día: abrir una puerta, llamar a un timbre, etc. Todo ha sido moldeado por la memoria. Es importante acordarse de las cosas, pero también lo es olvidar. Hay distintas opiniones entre los neurobiólogos y los psicólogos en torno al olvido. Para los primeros, el olvido se produce cuando se deterioran unas estructuras cerebrales. En cambio, los segundos creen que los recuerdos que aprendimos siguen ahí, solo que no sabemos encontrarlos. Para estos, sería un problema de interferencia. Por ejemplo: Si cambiamos la contraseña de una cuenta, es muy probable que a los pocos días, te venga a la mente la antigua. El recuerdo de la anterior contraseña estaría interfiriendo en la nueva. Aunque la realidad es que la nueva es la que sirve. Solemos querer olvidar las cosas que han tenido una carga emocional grande para evitar las emociones negativas que recordamos en ese momento. A veces, sirve cambiar el significado de ese recuerdo, para rebajar su carga emocional. Estamos todo el tiempo olvidando cosas de nuestro día a día. Incluso, solo recordamos flashes o momentos de aquellos instantes que fueron relevantes. Por lo tanto, olvidamos más que recordamos, ese sería el balance. Permanecen las cosas que han sido significativas. En resumen si queremos tener una memoria mejor, hay que usar las estrategias adecuadas. Es mejor explicarnos las cosas que volver a leerlas. Poner en práctica lo que aprendemos en vez de imaginarlo. En definitiva, la memoria sigue siendo un campo del estudio en continuo avance.