EN BUSCA DE LOS PRIMEROS ANIMALES DE LA TIERRA
Sobre este episodio
EN BUSCA DE LOS PRIMEROS ANIMALES DE LA TIERRA Durante más de 3.000 millones de años, la mayor parte de nuestra historia, los microorganismos representaron la vida en la tierra. En este espacio de tiempo no había plantas ni animales de ningún tipo. Hasta que hace unos 700 millones de años, algo empezó a cambiar. Diferentes grupos de esos microorganismos tomaron su propio camino y evolucionaron de forma independiente hasta transformarse en otra cosa más compleja. En los primeros animales multicelulares, de los que surgiría la inmensa variedad de formas de vida que conocemos hoy. Los biólogos llevan más de un siglo tratando de averiguar qué aspecto tenían y cómo funcionaban cuando aparecieron los primeros océanos del planeta. Como no se puede obtener fósiles de sus restos, los científicos han rastreado los animales actuales de aspecto más antiguo hasta reducir las opciones a solo dos grupos: Las esponjas, pasan toda su vida adulta en el mismo lugar y filtran alimentos del agua de mar. Y las medusas-peine que son voraces depredadoras que surcan los océanos del mundo en busca de alimento. Un reciente estudio publicado en Nature por un equipo de investigadores, procedente de varias universidades como las de: California, Viena… Ha conseguido una respuesta que parece definitiva sobre cómo fueron los primeros. Las medusas-peine o ctenóforos fueron los pioneros en ramificarse del árbol de los animales. Las esponjas fueron las siguientes. Después vendría toda la diversidad de animales que conocemos, incluido el linaje que condujo a los humanos. Sin embargo, a pesar de que las medusas fueron las primeras, tanto estas como las esponjas, siguieron evolucionando a partir de un ancestro común. Los biólogos opinan que, en la actualidad, estos grupos aún comparten características con sus muy lejanos antepasados. El estudio de las primeras ramas de la vida es muy interesante. Ya que nos puede ayudar a entender cómo se pasó de eso a la tremenda variedad de especies que vemos hoy a nuestro alrededor. El ancestro común más reciente de todos los animales vivió hace 600 o 700 millones de años. Es difícil saber qué forma tenían, porque son animales de cuerpo blando y no dejaron un registro fósil directo. Por eso están usando comparaciones entre animales vivos, para llegar a la raíz de sus ancestros comunes. Y están comparando sus genomas. Al comprender las relaciones entre los linajes de animales y su evolución en el tiempo, podremos arrojar luz sobre cómo se llegó a un sistema nervioso, a los músculos o al tracto digestivo. Darrin Schultz es el autor principal del estudio y asegura que este hallazgo sentará las bases para que la comunidad científica comprenda mejor la evolución de los animales. En el momento de la Explosión Cámbrica, hace unos 500 millones de años, ya existían bastantes animales que nos son familiares. Desde gusanos, moscas, moluscos, estrellas de mar o vertebrados. Todos tienen una cabeza con un cerebro centralizado, un intestino que va desde la boca hasta el ano, músculos y otras características comunes. Juntos, todos ellos reciben el nombre de bilaterales. Pero hay otros animales como las anémonas de mar, las esponjas o las medusas que tienen diseños corporales más simples. De hecho, estas criaturas carecen de muchas de las características bilaterales. Es decir, no tienen un cerebro bien definido, ni un sistema nervioso o músculos. Aun así, comparten algunas características que son fundamentales en la vida animal. Como es el desarrollo de cuerpos multicelulares a partir de un óvulo fertilizado. Las modernas técnicas de secuenciación de ADN han servido a los biólogos para comparar secuencias de genes compartidos por todos. Para dar origen a un árbol genealógico que ilustre cómo su carga genética evolucionó con el tiempo, desde que aparecieron los primeros animales en el Período Precámbrico. Los investigadores descubrieron que los ctenóforos son el gran hermano del resto de animales porque sus genes se encuentran juntos en un solo cromosoma y en todos los animales, desde humanos hasta corales. Hace 700 millones de años, hubo una bifurcación genética. Un organismo unicelular solitario, el antepasado de todos los animales iba con sus dos descendientes y se topó con una ramificación. El primero de sus hijos tomó un desvió y se convirtió en las medusas peine. A medida que fue evolucionando, los genes de sus cromosomas permanecieron en el mismo orden, sin sufrir apenas cambios. El otro hijo tomó la otra dirección y se convertiría primero en esponja y luego en todos los animales que conocemos en el presente. Las huellas dactilares de este antiguo evento evolutivo todavía está presente en los genomas de los animales, cientos de millones de años después. En síntesis, el citado estudio nos da las claves para entender la genética de la vida animal y mucho más. Nos da contexto para comprender qué hace que los animales sean animales. Y nos ayuda a entender que todos compartimos ciertas funciones básicas.