ANIMALES MOMIFICADOS EN EL ANTIGUO EGIPTO
Sobre este episodio
ANIMALES MOMIFICADOS EN EL ANTIGUO EGIPTO Los antiguos egipcios creyeron en una vida en el más allá. Conservar el cuerpo, una vez difunto, era la máxima aspiración en aquella sociedad. Los condenados a muerte por los peores delitos sufrían ejecuciones que suponían la desaparición de sus cuerpos. Incluso, eran arrojados al río Nilo para que fueran devorados por los cocodrilos. El culto a la muerte estaba muy generalizado. La casta sacerdotal rendía pleitesía a Anubis, dios egipcio de la muerte. El Libro de los Muertos ofrece una guía completa de instrucciones a seguir cuando uno alcanza la otra vida. Y contiene los poemas y cantos sagrados que debían recitar a los guardianes divinos del camino para superar las distintas pruebas. Lo curioso es que también existió la momificación animal. Podemos encontrar desde momificaciones de las mascotas más queridas por sus dueños hasta la de animales, considerados sagrados, que vivían en los templos religiosos. Además, era habitual encontrar momias de animales o trozos de ellos que se empleaban como ofrendas de comida para el resto de los muertos. Salazones, carnes desecadas, huevos o pescados se dejaban en los ataúdes para que la momia pudiera comer en el otro lado. Los antiguos egipcios practicaban la caza y acostumbraban a tener animales de compañía: gatos, perros, pájaros o monos, eran los más frecuentes. Cuando estos fallecían, eran enterrados en las mismas tumbas que sus dueños, envueltos en tiras de lino y guardados en sus propios sarcófagos. Los animales sagrados residían dentro de los templos, actuando como representantes vivos del dios titular del edificio. Solían ser elegidos por determinadas características físicas especiales, por ejemplo: una cicatriz o marca de nacimiento. Mientras estuvieran vivos, disfrutaban de una vida mejor que la mayoría de la población egipcia. Los sacerdotes de los templos se encargaron de su cuidado y alimentación. A su muerte, eran embalsamados con todos los honores y enterrados en forma de momia. Inmediatamente, se les sustituía por otro animal que ocupaba su lugar al frente del templo. En los templos en los que se adoraba a la diosa femenina Bastet, se cuidaba a los gatos. Porque ella era una diosa con esa forma. En los que se rezaba a Horus, un halcón. En los de Hathor, una vaca. En los de Apis, un toro y en los de Sobek, a un cocodrilo. Las más recientes investigaciones apuntan a que existían lugares donde se fabricaron momias de animales en gran número. Luego, las vendían a los peregrinos para que las ofreciesen a los dioses en los tempos. Finalmente, eran enterradas en catacumbas colectivas. Algunos de estos cementerios de momias es realmente impresionante. En el de Bubastis, dedicado a la diosa Bastet, se estima que hay unas 400.000 momias de gatos. La mayoría fueron vendidas en Europa como abono para hacer estiércol. Pero es que en la gran necrópolis de Saqqara, se hallaron un millón de momias de pájaros Ibis y babuinos, dedicadas al dios Thot. Aparte de los más comunes, también podían encontrarse peces, murciélagos, escorpiones o ratones. Todavía no se sabe exactamente qué función religiosa o de otro tipo, cumplían. Como curiosidad, en el año 2001 una expedición francesa encontró la primera momia de un león como parte de una tumba egipcia al sur de El Cairo. Tanto el león como el elefante eran considerados como animales sagrados. A muchos reyes se les representó con estas formas. En conclusión, parece que los nobles, reyes y altos cargos no fueron los únicos a los que se les concedía la gracia de la vida eterna en el antiguo Egipto.