LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS EN CONTRASTE CON LOS CANÓNICOS
Sobre este episodio
LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS EN CONTRASTE CON LOS CANÓNICOS La historia del cristianismo y el relato bíblico han sido motivo de discusión durante cientos de años. La Iglesia defiende a la actual Biblia como el libro esencial del catolicismo. Pero existen otros documentos, como el famoso Evangelio de Judas, que contradicen esta versión oficial de los hechos. Pablo de Tarso no perteneció al círculo inicial de los doce apóstoles de Jesús de Nazaret, pero sus escritos constituyen la base de la mayor parte de la fe cristiana. Para él, lo verdaderamente importante en la vida de Jesús fue su muerte y resurrección. Sin embargo, algunos seguidores de Pablo, como los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, le enmendaron la plana. Y consideraron que la vida de Cristo también tenía importancia, por ello compusieron sus evangelios. Con el paso del tiempo, estas vidas de Jesús se quedaron cortas en detalles para todos aquellos que desean saber más sobre el Mesías. Los autores de los evangelios apócrifos intentaron llenar con sus historias los huecos que dejaron los cuatro evangelios, aceptados por la Iglesia. Por ello, abundan los datos sobre la vida oculta de Jesús y otros sucesos. Por ejemplo, es en los apócrifos donde se dice que los Magos de Oriente eran reyes y se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar. Algo parecido sucede con la Verónica. La mujer que enjugó con un lienzo el rostro de Cristo mientras caminaba hacia la cruz. Su historia y su nombre sólo aparecen en el evangelio de Lucas. En el episodio de la crucifixión de Jesús, los apócrifos también rellenan algunas lagunas de los evangelios canónicos. Según estos últimos, a la izquierda y a la derecha de Jesús fueron crucificados dos bandoleros, que es como los romanos llamaban a los sediciosos que se oponían a su poder. El Evangelio de Nicodemo nos da los nombres de estos bandidos: Dimas y Gestas. Uno de los episodios que más llaman la atención en la pasión de Jesús, sólo aparece en el Evangelio de Juan. La lanzada de un soldado romano al costado de Jesús, para asegurar su muerte. En este texto, el soldado es un personaje anónimo, pero nuevamente, tanto en el Evangelio de Nicodemo como en una presunta Carta de Pilato a Herodes Antipas, nos revelan su nombre, Longino, y su cargo, centurión. Entre la muerte y resurrección de Jesús hay un oscuro episodio que no aparece en los evangelios oficiales. Solo se alude en el escrito canónico de la Primera epístola de Pedro: el descenso de Jesús a los infiernos. Este hecho se desarrolla en el apócrifo del Evangelio de Nicodemo. Unos cuantos sacerdotes y un doctor de la ley fueron testigos de la ascensión de Jesús hasta Jerusalén. Y les salió al encuentro una gran muchedumbre de hombres vestidos de blanco. Que resultaron ser los resucitados con Jesús. Entre ellos, reconocieron a dos que se llamaban Leucio y Carino. Ambos les contaron los maravillosos acontecimientos tras la muerte del Maestro, como el de su visita a los infiernos. Ellos contaron que estaban en el infierno en compañía de todos los que habían muerto desde el principio. De aquella medianoche, todos fueron iluminados por una especie de luz del sol y pudieron verse los unos a los otros. El profeta Isaías dijo que esa luz procedía del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Los antiguos patriarcas comprendieron que su liberación estaba próxima mientras que Satán preparó a sus huestes para recibir a Jesús. Lucifer mandó reforzar las puertas del infierno. Hasta que el conjuro de una voz celestial hizo añicos las puertas de bronce y redujo todos los cerrojos de hierro. Todos los difuntos condenados se vieron libres de sus ataduras y los antros oscuros del infierno fueron iluminados. Jesús tomó de la coronilla a Satanás y se lo entregó al mismo infierno para que lo mantuviera a buen recaudo. Y luego condujo a todos los patriarcas hacia su liberación, comenzando por Adán y siguiendo por Elías, Moisés, Jonás o Juan Bautista. En síntesis, parece que los evangelios apócrifos satisfacían el interés de los primeros cristianos por la vida del Maestro. Alimentando su curiosidad con todo tipo de anécdotas que los escuetos evangelios canónicos no proporcionaban. Es decir, cuando habían transcurrido unos setenta años de la muerte de Jesús en la cruz, ya circulaban múltiples tradiciones sobre su vida. Los apócrifos también sirven para contrastar los datos o dichos aceptados por la Iglesia. Por ejemplo: Hay dudas sobre quién fue la primera persona a la que Jesús se apareció tras su muerte. Segú Pablo de Tarso, fue el apóstol Pedro. Según Juan y Marcos, el primero que lo vio fue María Magdalena. Lucas sostiene que fueron dos de los discípulos de Cristo, de camino al pueblo de Emaús. Y el Evangelio de los hebreos, apócrifo, asegura que fue Santiago, el hermano de Jesús. Otros estudiosos creen que estos textos permiten conocer cómo fue la iglesia primitiva antes de que se impusiera la versión oficial. A modo de ejemplo, el Evangelio de María, fue redactado a mediados del siglo segundo. Y convierte a María Magdalena en la primera apóstol, enfrentada a Pablo. Al parecer, Jesús le encomendó difundir sus enseñanzas secretas. Incluso, el Evangelio de Felipe, del siglo tercero, defiende que las mujeres tenían una gran importancia dentro de la comunidad de seguidores de Jesús. Aunque, con el tiempo, fueron perdiendo terreno por la evolución de la Iglesia oficial. En conclusión, los apócrifos nos ofrecen nuevas aproximaciones a las dos fuentes de la fe católica: las Escrituras y la tradición.