De archivos privados del Vaticano a Apostólicos
Sobre este episodio
De archivos privados del Vaticano a Apostólicos 86 km de estanterías, más de 35.000 volúmenes y 12 siglos de historia en documentos. Al lado de la Biblioteca Apostólica, justo al norte de la Capilla Sixtina, residen algunos archivos secretos del Vaticano. Archivos secretos proviene de una mala traducción del latín, en realidad sería ‘privados’. El secretismo en torno a ellos ha dado luz a múltiples teorías de la conspiración. A cada cual más disparatada. La más extendida aseguraba que el Vaticano custodia seres de otros planetas. Y que tenían planos de naves extraterrestres. Pero no, en verdad se trata de documentos decisivos en determinados momentos históricos. Por ejemplo: La carta que la reina escocesa, María Estuardo, envió desesperada al Papa Sixto quinto. Le imploró clemencia, pero fue inútil. Ya que murió decapitada en 1587. Otro documento muy relevante es el que cambio el curso de esta religión. El que recoge la bula papal en la que el Papa León décimo excomulgó y expulsó de la fe católica a Martín Lutero. El teólogo alemán que inspiró la reforma protestante con sus famosas 95 tesis. Hasta 1881 nadie tenía acceso a estos documentos, ni siquiera los estudiosos del cristianismo. Hasta que el Papa León trece los sacó a la luz. Hoy en día, nada escapa a los avances en la tecnología. El programa digital ‘In Codice Ratio’ sirve para explorar esos archivos y que sus transcripciones queden disponibles. Para ello, funciona con un programa de inteligencia artificial y otro de reconocimiento óptico de caracteres. De momento funciona bien, aunque ponerlo en marcha requiere de un gran banco de memoria. Además, de acompañarlo del trabajo incansable de eruditos con amplios conocimientos en latín medieval. En estos archivos tampoco hay clavos ni reliquias primitivas. Para ir quitándole ese halo de misterio, el Papa Francisco cambió su nombre por el de archivos apostólicos en 2019. Hasta el mismísimo Napoleón Bonaparte se interesó en estos manuscritos. Los franceses confiscaron una parte de esos documentos, al menos unos 2.000. Y quemaron o vendieron muchos de ellos relacionados con los juicios de la Inquisición. Uno de los casos que más colea en el tiempo es el importante juicio contra Galileo. Un asunto que retomó el Papa Juan Pablo segundo formando una comisión especial para estudiarlo a fondo. En 1633 Galileo fue juzgado por ser sospechoso de herejía. Por haber sostenido una teoría contraria a las Sagradas Escrituras, el sistema heliocéntrico. La carta que envió Inglaterra al Papa Clement séptimo para que anulase la boda de Enrique octavo con Catalina de Aragón. Para que este pudiera casarse de nuevo con Ana Bolena, es otro documento capital. Sobre casos más recientes, los archiveros aseguran que no hay ni una sola línea sobre lo ocurrido con Emanuela Orlandi. La hija de un empleado del Vaticano que desapareció misteriosamente en 1983. Otros documentos abordan el silencio de Pío 12 durante la época de Hitler. Hay documentos que, de momento, no se han podido consultar. Aquellos que hablan de los cónclaves y de los resúmenes de los votos de elecciones anteriores de los Papas. Tampoco se puede acceder a los documentos privados del Papa o de los Cardenales. Otros tesoros históricos que contiene este archivo privado, serían: Un pergamino de 60 m de largo con los registros de los juicios contra los Caballeros Templarios, que empezaron en 1307. La bula papal de Alejandro sexto en 1493 que dividió el mundo entre españoles y portugueses. Una carta de Miguel Ángel al Papa Julio II. Misivas del Papa Clemente séptimo al Dalai Lama del momento, solicitando protección a los misioneros franciscanos del Tíbet. Incluso, cartas de Abraham Lincoln y Jefferson Davis de 1863. En las que pretendían que el Papa Pío noveno se pusiera del lado de la Unión o de la Confederación durante la Guerra Civil estadounidense. En 1612 el papa Paulo quinto fundó el Archivo Secreto del Vaticano. A pesar de su cambio de nombre y de la mala traducción, siguen habiendo más sombras que luces. Y, sobre todo, resta todavía mucho trabajo por analizar. Invoquemos a la ayuda de la santa inteligencia artificial.